Editoriales

“Lo bueno, lo malo, lo peor” por Edel López Olán


Lo bueno

El INE y la voz la democracia

Las instituciones de nuestro país tienen sobre ellos un estigma llamado credibilidad. La poca congruencia entre dichos y hechos  en los diferentes niveles de gobierno, han creado en nuestro país un lamentable techo de oscuridad burocrática que apabulla a cualquiera. El INE, el órgano rector en cada proceso electoral, se había vestido de muñeca fea en más de una ocasión al ser catalogado como el artífice de un fraude a voces cada seis años. Hoy, la institución electoral se consolida en credibilidad y da,  para propios y extraños, una avanzada en la transformación burocrática de todo el país, provocada también por la enorme presión social en el proceso electoral 2018.

Sin embargo, más allá de actores políticos, el domingo existió un protagonista que se merece todo el reconocimiento de la población: La democracia.

México supera el fantasma de la indiferencia y la abstención con una participación histórica de más del 70% en la mayoría de los distritos electorales. México ganó más allá de colores partidistas. La nación se levantó de las cenizas de una terrible historia, y hoy, cómo parte de un gran momento histórico, ha culminado la jornada electoral con más puntos positivos que negativos.

Los grandes países se crean con la participación de la gente; la participación de la misma crea la democracia; y una democracia sana impulsa a cualquier ciudadano. Hoy México ganó, por qué nuestra voz es única, es fundamental y es importante para la transformación de nuestro país.

 

 

Lo malo.

El efecto AMLO: ¿Benéfico para todos?

Andrés Manuel López Obrador y MORENA arrasaron con todo a lo largo y ancho del país, sin embargo: ¿Su efecto es positivo?

La forma en como Andrés Manuel legítimo su victoria  es importante. Es un presidente que tiene la aprobación del más del 56% de la población, es el primer presidente electo de México que alcanza una participación ciudadana del 70% en casillas y es, sin lugar a dudas, el cambio tan sonado que era imposible que no llegará; pero, así como ha sido un revulsivo para la mayoría de las personas,   ese mismo efecto repercute en su credibilidad ante la aprobación de candidaturas en algunos estados.

Para sorpresa de muchos Cuauhtémoc Blanco arrasa en su candidatura en Morelos como gobernador, siendo, para los morelenses, una piedra en el zapato muy complicada,  ya que el ex americanista funge como una de las peores administraciones que ha tenido la ciudad de Cuernavaca. El ex futbolista e ídolo de muchos, retomó las riendas de su gestión y decidió unirse al puntero nacional e interesantemente controversial (como él) candidato de MORENA Andrés Manuel López Obrador para fungir como representante de su partido a la gubernatura de ese estado.

El problema no es el candidato (cualquier ciudadano con apoyo y que cumpla los requisitos puede serlo) el problema es la poca credibilidad que comienza a labrar un partido que  dice ser la “esperanza” de un país, y a su vez coloque este tipo de guiñapos en la gubernatura, donde hoy, las vidas de decenas de ciudadanos mexicanos estarán en las manos de una persona que seguramente aún no entiende cuál y cómo será el inicio de su gestión

El efecto AMLO arrasó con el país y sí, la transformación de México está alcanzando puntos verdaderamente extraños, y más aún cuando precisamente, la democracia, a pesar de ser tan loable en su participación, también puede ser ciega al momento de decidir.

Pero eso esos son los claroscuros de la democracia: una pluralidad ávida de cambio pero probablemente ciegue el entorno.

Lo peor

Miguel Ángel Yunes: Tiempo perdido.

Hace dos años comenzó la gestión de Miguel Ángel Yunes. Todo Veracruz se encontraba expectante ante la salida de un alicaído PRI que terminó de enterrar Javier Duarte de Ochoa y que parecía la punta de lanza de la debacle del mayor dinosaurio político del país. La gestión parecía para muchos la forma inmediata de hacer cambios fundamentales ante una política de favoritismos y amiguismos de terror que inauguró el mismo Fidel Herrera y apuntaló el mismo Duarte.

Pero en Veracruz nada avanzó.

La política del gobernador fue apuntalar la candidatura de su hijo que ya, desde hace mucho tiempo, se perfilaba como el candidato “nominal” de la bancada panista veracruzana. Aunque mucho les cueste aceptarlo, Miguel Ángel Yunes Márquez, transformó (a su manera) un Boca del Río que hoy por hoy, es uno de los centros turísticos más importantes del estado, sin embargo, el querer colocarlo por delante de las “preferencias partidistas” para gobernador solo tiene un nombre: Autoritarismo

Hoy, la soberbia de un candidato, la desafortunada idea de administración de un gobernador, y el inclemente peso de un voto, colocan a un novel e improvisado  Cuitláhuac García al frente de la gubernatura como el único contendiente “capaz” de sacar al estado de este lamentable debacle en la que se encuentra. Hoy el gobernador ve como el tiempo perdido pasa frente a él, entendiendo por fin que las gestiones gubernamentales no son un juego de familia.

Su soberbia hoy se castiga con votos, esperando que por fin el “Yunismo” salga del estado por la puerta de atrás, como toda su administración.

Hasta la próxima.

 

 

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