80 años y un tatuaje…¿Es válido?


Texto original por: Elaine Soloway (The Huffpost)

Graciela se sienta sobre mi bíceps derecho. Graciela es el tatuaje de un caballito de mar del tamaño de la palma de mi mano. Tiene un ojo adornado con pestañas gruesas, una cola rosa que se tuerce a la izquierda y una corona de flechas arremolinadas. Tres veces al día limpio cuidadosamente mi tatuaje fresco con jabón antibacterial y lo seco. Sonrío durante el procedimiento, como si fuera una madre posparto atendiendo a su recién nacido.

COURTESY OF ELAINE SOLOWAY
Elaine Soloway se hizo su segundo tatuaje, un caballito de mar al que llama Graciela, justo antes de cumplir 80 años.

Mi tatuaje es un regalo que me di recientemente, en vísperas de mi cumpleaños 80, que será el 10 de agosto. También es una recompensa que me otorgué por aprender a nadar hace un año.

Uno podría pensar que con mi cara arrugada y cabello gris, debía acudir a la cirugía estética para celebrar este cumpleaños tan importante (¿no me haría eso ver más joven?, ¿un lifting no atraería a un pretendiente?). Pero después de un primer matrimonio que terminó en divorcio y uno segundo que terminó en viudez (sin mencionar la sencilla alegría que experimento ahora como soltera), decidí no tomar ese camino arriesgado. (Y si las muecas que hacen los tipos de mi edad indican lo que sienten respecto a los tatuajes, entonces me quedaré soltera para siempre.)

Nunca he envidiado a mis amigas que deciden aplanarse la frente, levantarse los párpados o elevarse los pómulos. Es su decisión. Optaron por esos procedimientos que nunca me interesaron. Por qué entrar a un quirófano voluntariamente, me digo a mí misma. Yo entraré hasta que un descubrimiento médico exija atención.

No sentí mucha ansiedad con el procedimiento sin anestesia al que me sometí, pues Graciela es mi segundo tatuaje. Como gran admiradora de ese arte, y de la audacia de quienes tienen tatuajes, decidí hacerme un tributo a mis dos hijas cuando cumplí 60 años. Así que en mi bíceps izquierdo tengo un corazón con notas musicales y sus nombres: Faith y Jill. Lo vi como una manera de celebrar a mis hijas, a quienes todavía admiro y celebro por sus talentos y valentía.

COURTESY OF ELAINE SOLOWAY
El primer tatuje de Soloway, que se hizo en su cumpleaños 60, es un homenaje a sus hijas, Faith y Jill.

Entonces veía a mi tatuaje restregándose en la cara de la sociedad. Aunque la actitud de ‘no me importa lo que la gente piense’ es cierta, tengo muchas otras razones por las que elegí poner una segunda pintura en mi persona.

Midiendo 1.45 metros y pesando menos de 50 kilos es fácil que me pierda en la multitud. Y cuando no estoy escondida, mi tamaño sumado a mi edad me atraen comentarios del tipo “¡qué linda eres!” Aunque puedan creer que están elogiándome, yo siento otra cosa: como si estuvieran disminuyéndome, como si fuera un gatito o un cachorro en lugar de una mujer lista, capaz e independiente.

Así que ahora en mi cumpleaños 80, en lugar de aplaudirle de nuevo a mis hijas con un tributo de tinta, intento usar mi tatuaje para iniciar un diálogo sobre la discriminación por edad y cómo son vistas y tratadas las mujeres de mi edad. Me preocupa que algunas mujeres de mi rango de edad son las más ofensivas. ¿Por qué se rehúsan a decir su edad cuando se las preguntan? ¿Por qué necesitan cambiar su apariencia? ¿Qué dice eso respecto a cómo se sienten? ¿Por qué tantas deciden cambiar o alterar su edad en lugar de sentirse orgullosas?

COURTESY OF ELAINE SOLOWAY
Acercamiento al tatuaje de caballito de mar de Soloway.

Por supuesto me doy cuenta de que cuando se trata de pedir trabajo o llenar un perfil de citas en línea, u en innumerables situaciones, las personas más jóvenes ―o aquellas que se ven más jóvenes― son generalmente favorecidas, y eso puede ocasionar que muchas personas mayores oculten su edad o apariencia. Pero en lugar de aceptar esas barreras, ¿por qué no trabajar para derribarlas?

Quizás mi nuevo trabajo también ayude a revelar una historia de mi vida. Cuando me preguntan lo que significa, explico que el caballito de mar es un símbolo que significa “nunca es tarde para alcanzar tus metas”, un mensaje que considero vital para las personas mayores. Verán, aprender a nadar no fue el único anhelo que tenía desde hacía mucho tiempo, otros dos me tomaron lograrlos casi el mismo tiempo, profesores y tenacidad para lograrlo: ahora puedo hablar en español con dificultad (Graciela viene de ‘gracia’ en esa lengua) y puedo tocar en el piano las canciones de Rodgers y Hart.

Me preocupa que algunas mujeres de mi rango de edad son las más ofensivas. ¿Por qué se rehusan a decir su edad cuando se los preguntan? ¿Por qué necesitan cambiar su apariencia?

Sin duda esas tres habilidades requieren práctica, lo que me encanta hacer. No quiero ser la mejor, me conformo con ser mediocre. Lo más probable es que nunca compita en Olimpiadas para la Tercera Edad, que no aprenda a nadar en otros estilos, pero me satisface poder nadar sin que se me meta el agua a los pulmones. Y no tengo problema con que en mis conversaciones en español tenga que pedir constantemente ‘por favor repita lentamente’. Y toco el piano sin público (solo soy yo, tocando compases a ritmo lento, acompañada con mi voz pausada).

Y lo maravilloso de estas actividades es que un estiramiento facial no me habría ayudado en nada. Queridas amigas (escrito originalmente en español), mi alberca y mi piano me aceptan como soy: arrugada, con el cabello gris, tatuada y agradecida (escrito originalmente en español).

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