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El imperio que se niega a morir


Por Edel López Olán

La política en México siempre tendrá un grado de complicidad. Todos los políticos de este país han gozado en alguna ocasión de una persona que observa para el otro lado, finge demencia o simplemente ignora desde la raíz a ese político en cuestión. La política se alimenta de la complicidad, y ella, definitivamente ha sido el mejor reducto de corrupción e impunidad a lo largo de los años.

Por otro lado, la corrupción es un problema que adolece nuestro país desde hace varios sexenios. La forma en como este cáncer ha logrado barrenar todas las instituciones, se ha convertido en un tema frecuente en cada mesa de análisis donde, la falta de supervisión y ejecución al momento de aplicar las sanciones correspondientes, son el talón de Aquiles de un sistema que ha sido sobrepasado por esa Hydra que devora todo a su paso. La impunidad (siempre a la mano de la corrupción) se ha levantado en los últimos años como ese enorme catalizador de acciones subsecuentes. La inacción ante hechos delictivos comprobados y la evidente manipulación del estado  han llevado a nuestro país a sufrir evitables tragedias como la Guardería ABC o a pifias administrativas como el famoso fideicomiso del “nuevo gobierno” de Andrés Manuel López Obrador. Si, la corrupción y la impunidad van de la mano avanzando siempre en detrimento de la credibilidad.

En los últimos años, Veracruz se convirtió en uno de esos enormes reductos de corrupción digno de cualquier libro de infamias y tropelías. La administración de recursos en el estado, se convirtió en un gran agujero negro donde, según sea el caso o la partida presupuestal, los recursos provenientes desaparecen sin ningún tipo de recelo ante los ojos de funcionarios públicos que solamente se dedicaban a emitir comunicados o ruedas de prensa, mientras, desde el actuar diario de cada oficina, empleados de confianza eran amenazados o beneficiados por el flujo de efectivo que pasaban frente a sus ojos.

Javier Duarte desfalco al estado hasta dejarlo en números morados. La complicidad con el gobierno federal, las enormes pifias de la Secretaría de Hacienda, y el poco sentido de autoridad moral del hoy preso en el reclusorio norte, fueron algunos de los factores que permitieron que él, amigos y familiares, llenaron sus arcas hasta eructar de recursos públicos sin ningún tipo de conciencia, entonces, ante estas evitables acciones, debe existir dentro del aparato de justicia una figura que persiga desde raíz dichos delitos y que desde hace muchos años, sigue siendo la papa caliente de administración en administración: Un fiscal anticorrupción.

Pero, ¿Qué puedes esperar de un fiscal anticorrupción? ¿Cuál debe ser su perfil? ¿Cuáles son los alcances de su nombramiento y de la propia fiscalía? ¿Cómo participará la ciudadanía en ello?

El nombramiento del fiscal anticorrupción no solo cumple una importante función en el ámbito de la justicia, también manda un importante mensaje: que existe la decisión del Estado mexicano de tomar decisiones significativas en combate a los hechos de corrupción. En este sentido, las expectativas en torno al nombramiento del fiscal anticorrupción son altas; sin embargo, el retraso, por diversos motivos sobre su nombramiento, aumentan la incertidumbre sobre el margen de maniobra que tendrá para cumplir con su labor.

En principio, el fiscal anticorrupción debe tener una sólida formación profesional, pero la preparación académica solo es el principio. El fiscal debe ser independiente y autónomo en sus decisiones. El fiscal debe tener la capacidad de soportar las presiones que pueden ejercerse desde los niveles más altos del poder.

La administración de Miguel Ángel Yunes Linares fue navegando entre lo mediocre y lo pésimo. Dentro de sus promesas de campaña, el gobernador de Veracruz gritó y prometió tantas cosas que se fueron quedando en el camino y lentamente su transformación de una gubernatura a una campaña para su vástago a nadie sorprendió. Los Yunes, muchos de ellos anquilosados en las más altas esferas de la política mexicana, se frotaban las manos y babeaban ante los probables seis años que “el electorado” les iba a proporcionar. Los recursos públicos destinados a campaña, así como los recursos que se le fueron inyectado por otras vías a una elección casi cantada, dejaban en bandeja de plata el destino de un estado, que, en seis años, prácticamente sería imposible preguntar sobre esos recursos y su manejo ante la barrera Yunista frente a ellos. Sí, usted y yo pagamos la campaña y usted y yo seríamos los que menos podríamos preguntar por ello.

Sin embargo, nadie esperaba que la espada de Damocles hoy convertida en democracia caería de una forma inclemente sobre la cabeza de un futuro imperio Yunista.

El tsunami llamado MORENA arrasó con las pretensiones de los Yunes, y hoy, ante la inevitable realidad (o inevitable realidad a medias simulada) el futuro exgobernador decidió blindarse de cualquier forma ante los probables embates de un gobierno entrante, que, a pesar de sus argumentos de amor y paz, tendrá todo para lentamente sacar los trapitos al sol de un gobierno azul que hoy se apaga mientras llega diciembre.

El congreso del Estado votó el martes pasado para elegir al fiscal anticorrupción de la entidad. Con 27 votos a favor, la bancada panista designa al Lic. Marcos Even Torres, quien de acuerdo con Reforma, es una persona cercana a la actual administración y catedrático del “fiscal” del estado Jorge Wrinckler. La designación, evidentemente enlodada por intereses tanto del partido como del gobierno, levantó ámpula en la bancada de MORENA que con insultos y jaloneos, increpó a los panistas de ser cómplices de uno de los mayores fraudes legislativos del estado a pesar de que en meses pasados (por que también tienen gran parte de la culpa) esa misma bancada aprobó la terna donde el fiscal designado fungía desde un principio.

Los conflictos de intereses de entrantes y salientes de nuevo encienden el debate sobre la designación de un fiscal anticorrupción en el país, sin embargo, colocar un fiscal a modo desde un clima neblinoso de intereses, es la cereza en el pastel de una administración digna para el olvido, donde, a pesar de los esfuerzos de la bancada panista de legitimar la designación, es evidente que la forma tan acelerada de imponer un hombre del gobierno, por lo menos en contacto, dará el chance de maniobra suficiente para tapar los huecos administrativos ante un fiscal que verá para el otro lado.

Así es la política mexicana, una mano lava a otra en una asquerosa forma de solventar y legitimar muchas de las acciones fuera de contexto en la administración pública, donde, hasta que no se entienda que las fiscalías deben estar alejadas del gobierno, tendremos situaciones tan irregulares como designación de Even Torres en una evidente acción de cubrir desde la “legalidad” las acciones de un imperio que se niega a morir y que lentamente ve como se acerca la guadaña de los rencores políticos.

Vaya, como se dice coloquialmente: “El que nada debe, nada teme” lo que en política se traduce en: “El que nada debe, no pondría fiscal”

Hasta la próxima.

 

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