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Secuestrada. Violada. Tatuada…¿Culpable?


Texto original por Ibtissam Ouazzani (The Huffpost)

La historia de una chica de 17 años raptada, violada y tatuada presuntamente por un grupo de hombres en Marruecos ha desatado furia e indignación en todo el mundo.

La joven, identificada como Khadija, apareció hace unas semanas en la televisión local cubierta de desagradables tatuajes y quemaduras de cigarrillos. Dice que todas estas marcas, entre las que hay esvásticas, fueron obra de los hombres que la secuestraron de casa de un familiar y la tuvieron cautiva durante dos meses, torturándola y violándola.

La entrevista dio lugar a una oleada de críticas y llamadas para poner fin a la violencia contra las mujeres en Marruecos. Más de 75 mil personas firmaron una petición en la que, bajo el nombre ‘Todos somos Khadija’, exigían una condena para los agresores. Las autoridades detuvieron a finales de agosto a 12 hombres en relación con el caso, y el apoyo a Khadija y a su familia llega de todas partes del mundo.

Sin embargo, en un país conservador en el que las víctimas de violación suelen enfrentarse al rechazo de la población o son directamente culpadas de ello, los padres de algunos de los torturadores de Khadija están haciendo campaña por enturbiar la credibilidad de la joven.

Están dispuestos a minar su reputación en lo que un vecino de Khadija describe al HuffPost Magreb como un esfuerzo coordinado para desacreditarla. La madre de uno de los sospechosos ha denunciado ante los medios locales que Khadija fuma, bebe, “nada en el río”, ha salido con traficantes de droga e incluso se enciende cigarrillos con sus propias manos.

Repitiendo acusaciones similares, la madre de otro sospechoso contó al canal marroquí Chouf TV que Khadija “se pasea por las calles, pide siempre a los chicos que le den alcohol, cigarrillos, drogas… y luego va y acusa a gente inocente”.

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Otros se preguntan por qué nadie denunció su desaparición, acusándola de prostitución y de inventarse todo el calvario.

Estas acusaciones han indignado a los parientes de Khadija. “Si de verdad estuviera prostituyéndose, ella y su familia no vivirían en condiciones tan mediocres”, cuenta Youssef, vecino de la familia, al HuffPost Magreb. “Al contrario de lo que [los padres de los acusados] quieren hacer creer, todo Oulad Ayad [su pueblo] apoya a Khadija. Si no, los 400 habitantes no habrían salido a manifestarse el sábado pasado (25 de agosto) delante del ayuntamiento para defender a Khadija. Se han puesto de acuerdo para contar la misma historia de la chica”, prosigue el vecino.

MOSAAB ELSHAM/AP PHOTO
Una placa de la calle a las afueras de la ciudad de Oulad Ayad, cerca del Beni Melal, en el centro de Marruecos, donde una niña marroquí de 17 años dijo a la policía que fue violada por una pandilla a la fuerza y retenida contra su voluntad durante dos meses.

El padre de Khadija, Mohammed, también ha salido en defensa de su hija. “Entiendo por qué los otros padres están reaccionando así”, explica a la edición magrebí del HuffPost. “Son sus hijos. Yo no quiero hacer daño a nadie, pero tiene que hacerse justicia y no puedo acusar a nadie erróneamente”. Además asegura que un representante del ministerio de Salud fue a visitarlos para hacerse cargo de los costes de hospitalización de la joven en Beni Mellal, la ciudad más cercana.

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El padre también señala que las autoridades han liberado a dos de los 14 hombres inicialmente detenidos después de que Khadija afirmara que ellos no estaban entre sus captores. “Si se estuviera inventando la historia y quisiera crear problemas, no los habría absuelto”, apunta Youssef.

Cuando una chica es viva, curiosa y no se queda encerrada en casa, enseguida se dice que es una puta, y se convierte en un objetivo a abatir.Laila Slassi, abogada

Las contraacusaciones no sorprenden a Laila Slassi, una abogada marroquí que reside en Francia y no ha dudado en desplazarse hasta Oulad Ayad para ayudar a Khadija. “Cuando una chica es viva, curiosa y no se queda encerrada en casa, enseguida se dice que es una puta, y se convierte en un objetivo a abatir”, se indigna Slassi. “Sí, hablaba con los chicos, sí, quizás no es el arquetipo de monja, pero es una chica luchadora y su carácter ha hecho que a día de hoy siga en pie”, asegura la magistrada.

En una entrevista con Associated Press, la madre de Khadija contó que se desmayó cuando vio el cuerpo de su hija.

“Me tomó por sorpresa cuando esos criminales trajeron a mi hija y la vi en esas condiciones. Me desmayé… me desplomé, al verla así, con los tatuajes, las quemaduras, con su honor perdido”, se lamenta la madre, que prefiere mantener el anonimato para proteger la privacidad de la familia.

“¿Por qué le hicieron esto a mi niña? ¿Acaso son bestias? ¿Volverá mi hija a ser como era?”, se pregunta la madre, desde su casa en Oulad Ayad, en el centro de Marruecos, una región rural con mucha pobreza y altas tasas de analfabetismo y desempleo.

MOSAAB ELSHAMY/AP PHOTO

La sociedad civil se moviliza

En Marruecos, la violencia contra las mujeres está ampliamente extendida y sigue siendo un importante tabú.

Un sondeo de 2016 realizado por ONU Mujeres en la capital marroquí, Rabat, y en algunas ciudades vecinas, reveló que el 41% de los hombres encuestados creía que el apoyo financiero justificaba las violaciones maritales. Más del 50% reconoció haber sido emocionalmente abusivo con su esposa, y el 15% dijo ejercer violencia física contra las mujeres. Además, el 62% de los entrevistados cree que las mujeres deben tolerar la violencia para preservar la unidad familiar.

En un artículo titulado Nous sommes tou-te-s Khadija (Todos somos Khadija), el autor y cineasta Abdellah Taïa critica lo que llama la cultura de violación de Marruecos y pide al gobierno y al rey Mohammed VI que intervengan. La carta está firmada por decenas de intelectuales marroquíes, recoge Associated Press.

Como siempre, serán las mujeres quienes paguen el precio de todas las disfunciones de una sociedad que todavía no quiere crecer.Abdellah Taïa, cineasta

“Seguiremos adelante. Habrá una nueva fuente de emoción colectiva. No se hará nada”, escribe. “Y, como siempre, serán las mujeres quienes paguen el precio de todas las disfunciones de una sociedad que todavía no quiere crecer”.

Aún pendientes de que se emita una sentencia, las organizaciones locales e internacionales, médicos, abogados y ciudadanos preocupados se han dispuesto rápidamente a ayudar a Khadija.

Varios psicólogos se han ofrecido a tratarla y varios dermatólogos, a eliminarle los tatuajes.

Acompañada de miembros de algunas asociaciones locales, Khadija fue a hacerse análisis de sangre para revisar su estado de salud, según cuenta su padre. La joven también se ha hecho una prueba de embarazo que salió negativa, añade Slassi.

“A día de hoy, Khadija vuelve a sonreír y su estado de salud es estable. Gracias al apoyo de asociaciones y de todas las personas que han venido a vernos, ha recuperado la esperanza”, asegura Mohammed.

Los 12 sospechosos siguen en prisión preventiva por presunto secuestro y violación, y otros tres siguen en libertad, según Ibrahim Hashane, un abogado voluntario que está siguiendo el caso. Hashane afirma que el juez de instrucción ya pidió una investigación y que se celebrará una audiencia el próximo jueves 6 de septiembre.

 

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