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Canadá: “TLC. Sí. Nuestra dignidad.No”


por Jerry Dias, (HuffPost Canada) Presidente Nacional de Unifor

Un país y su cultura se distingue por las historias que cuenta (a sí mismo y a los demás) sobre su lugar en el mundo.

En Canadá somos afortunados por tener muchos contadores de historias a lo largo del país. Podemos estar orgullosos de esto, pero el orgullo no es suficiente cuando tu vecino es el mayor productor de bienes culturales en el mundo.

Los canadienses consumen cultura estadounidense todos los días. En gran parte, es algo bueno. El problema es cuando consumimos demasiada y supera nuestra capacidad para contar nuestras propias historias.

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Chrystia Freeland arriba a las negociaciones en washington DC.

Con su masivo mercado domésticos de 327 millones de espectadores potenciales, loas compañías de medios estadounidenses pueden lanzar sus productos a nuestro mercado a precios muy inferiores a nuestros costos de producción, y sin invertir en la infraestructura canadiense, incluido el periodismo.

Es por esta razón que por años los gobiernos federal y provincianos han ayudado a promover el contenido cultural canadiense través de inversiones, requerimientos mínimos de contenido a través de organismos como la Radio y Televisión de Canada y la Comisión de Telecomunicaciones. El mercado por sí mismo no puede asegurar una competencia pareja.

No podemos permitirnos asumir simplemente que la cultura seguirá fuera de un TLCAN renovado. Después de todo el negociador en jefe de Estados Unidos, Robert Lighthizer, ha dicho que “la excepción cultural muchas veces solo es proteccionismo cultural”.

Tenemos que ser capaces de contar las historias de las comunidades de Canadá, grandes y pequeñas.

Cuando el año pasado reiniciaron las pláticas del TLCAN, apareció una carta abierta firmada por importantes intelectuales canadienses, en la que señalaban que sin la exención cultural estaría amenazada nuestra capacidad para seguir produciendo el arte y la historia que definen nuestra cultura.

“Nuestro reciente éxito internacional, especialmente en música y literatura, se deben a las reglas de contenido canadiense que permiten a nuestros músicos e intérpretes ser escuchados en la radio de Canadá, y dar subsidios a autores y editoriales”, dice la carta.

Si la exención cultural del TLCAN, el panorama mediático de Canadá estaría muy disminuido, o controlado por conglomerados estadounidenses. Al tener el derecho a apoyar a nuestras industrias culturales, podemos proveer de un terreno fértil a esa industria para que prospere.

A pesar de la incertidumbre respecto a las nuevas tecnologías que aparezcan, hay medidas importantes que Canadá puede tomar ahora, que empujaré en cuanto vuelva a Washington para las pláticas del TLCAN de esta semana.

Lo primero y más importante es que ningún acuerdo del TLCAN puede inmiscuirse en los apoyos al periodismo local, deportes y entretenimiento. Tenemos que ser capaces de contar las historias de las comunidades de Canadá, grandes y pequeñas, y eso implica apoyar al periodismo local.

JIM WATSON VIA GETTY IMAGES
La ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, antes de su encuentro con el Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer. El 30 de agosto de 2018 en Washington DC.

A nivel nacional, debemos apoyar a CBC y Radio-Canada. Jugan un rol vital en mantenernos informados sobre otras partes del país, y en dar una perspectiva canadiense de las noticias del mundo. Más que eso, CBC nos ayuda a volver a armar el sentido cambiantes de lo que es formar parte de este país.

Como nuestras cadenas privadas también juegan un rol importante en compartir historias canadienses, el TLCAN no debe contener nada que las exponga a ser compradas por los conglomerados mediáticos de Estados Unidos.

Debemos tener un campo parejo entre las cadenas canadienses y medios en línea como Amazon, Netflix y Disney. En Canadá todavía se debate cómo conseguirlo, con ideas como impuestos a los medios o medidas regulatorias de contenido. En cualquier caso, no podemos permitir que ningún acuerdo comercial restrinja lo que el gobierno puede hacer para proteger los intereses canadienses.

Por otra parte, el crecimiento alarmante de cadenas pirata offshore, que utilizan contenido por el que no han pagado, exige acciones para asegurarse de que los creadores obtengan sus regalías. El TLCAN no puede obstruir ese apoyo.

La cultura no siempre está en los titulares de las pláticas comerciales como la industria automotriz y la agricultura, pero es una industria grande que da empleo a miles de canadienses en periódicos, cadenas y estudios de cine y televisión.

El equipo negociador canadiense sigue comprometido a defender el derecho de Canadá a promover nuestra identidad con nuestra industria cultural local. Esto es bueno que suceda.

Mientras las pláticas comerciales se acercan a su final, debemos de apoyar esa posición.

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