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La intención era matarlo


Por Ximena Peredo (Vertebrales)

No podríamos pensar otra cosa después de ver los videos que han circulado y en los que vemos a unas personas tratar al cuerpo de otra como si fuera pura mierda. No pudo correr porque un carro intentó arrollarlo, lo lastimó, y luego recibió una pedrada. Cayó sobre la Avenida Aztlán. Llegaron en bola los fanáticos con la camiseta del equipo rival. Le desnudaron, le reventaron la cabeza, lo apuñalaron. Luego huyeron. Uno más llegó corriendo a patearle la cabeza.

Todo lo que viniera después sería trágico, pero seguir con el partido entre Tigres y Rayados programado a las ocho de la noche fue macabro. La industria futbolera regiomontana confirmó así su sociopatía. El juego comenzó y en las cuentas de redes sociales de ambos equipos vimos cómo ignoraron totalmente la funesta noticia y las exigencias de muchos tuiteros aficionados de suspender el partido.  Como si no hubiera pasado nada, o no fuera su problema. Son casi las once de la noche y no han salido a fijar una postura pública ni la directiva de Tigres, ni la de Rayados, y los medios de comunicación tienen congelada su nota.

Esto da para una gran desilusión. La que faltaba. La actitud calculadora de la industria que tiene tomada al futbol profesional está aniquilando el encanto de las playeras. Porque el ataque brutal que hoy vimos está íntimamente relacionado con un manejo inhumano del futbol. Las directivas están copiando el paradigma de negocios que tan buenos rendimientos les ha generado en sus corporativos, hablo de Femsa y de Cemex. Ambas multinacionales son reconocidas en el mundo por exterminar a su competencia. No saben coexistir con el rival, lo aniquilan, lo compran, lo absorben, pero no saben respetarlo. Esta malsana relación la exhiben en la forma en cómo dirigen a sus equipos de futbol. El hecho de que el estadio BBVA-Bancomer no contemple espacio para la porra del equipo visitante, nos habla precisamente de que la empresa no comprende la importancia de la otredad, ni de la pluralidad, no sabe convivir con rivales ni críticos, ni cede espacio, ni comparte. Esto muchos aficionados lo justifican y normalizan diciendo que “es por seguridad”.

En todo el mundo muchas son las poblaciones que señalan los despojos ambientales que estas dos empresas han consumado en su contra, y lo mismo podemos decir de sus prácticas monopólicas. Esta lógica tomó tanto a Tigres como a Rayados, y con ello comenzó a aniquilarse el espíritu popular, bohemio, del futbol. En nuestra ciudad, al aficionado lo volvieron consumidor de las marcas so pena de no pasar la prueba de lealtad. Esto comenzó con Lankenau, pero se radicalizó después.

Por supuesto que las dos directivas se están lavando las manos, pero sabemos que vienen solapando estas conductas con su propia incapacidad de estrecharse las manos, de emprender juntos una campaña, ellos mismos representan al pensamiento fanático de quien cree que la playera distingue a superiores de inferiores.

Los hechos ocurriendo muy lejos de los estadios y del espectáculo, seguramente, no sienten la obligación de responder por una riña entre chavos de colonias marginales. Además, no son sus clientes frecuentes, no tienen palco. Lo que las directivas no entienden, y no creo que puedan comprenderlo sin un enérgico llamado de la sociedad, es que ni futbol, ni los clubes, les pertenecen, pero sí son responsables de la rivalidad absurda que han instigado. Lo mismo opino de los medios de comunicación que venden polémica sin el menor escrúpulo.

Si nosotros no paramos el balón, nadie más lo hará. Me parece elemental que ante una serie de prácticas reprobables de parte de sus directivas, las aficiones se organicen y formen una representación formal, que defiendan los intereses de los aficionados, el espíritu deportivo, la ética, que hagan un contrapeso a las prácticas antisociales de sus directivas, pero lo más arriesgado: que se apropien de sus clubes, porque ¿qué es un Club? El Club es mucho más que un negocio, pero sin su espíritu el negocio quiebra. ¿Podrían los aficionados recuperar a sus equipos o se resignarán a que el futbol sea reducido a simple mercadotecnia corporativa?

Estamos viendo al futbol de espectáculo colapsar, pero vayamos al fondo. Lo ocurrido esta tarde debe ser el inicio de una mudanza radical en la relación que se tiene con los rivales. El fanático que quiere humillar, que quiere ganar todas, que lo consigue, es el ejemplo que hemos venido siguiendo por décadas aunque luego los veamos limpiándose la solapa hablando de la cultura de la legalidad. Tenemos que hacer un esfuerzo consciente por poner en duda este paradigma de éxito. La intención era matarlo.

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