Editoriales

¿Muchas promesas?


Por Macario Schettino (El Financiero)

En los últimos días, el Presidente electo y su equipo han ido acumulando promesas a las que ya antes había hecho. Ha ofrecido reducir impuestos en la zona fronteriza norte, y hace poco han volado la idea de reducir, o eliminar, el IEPS en gasolina. En un país que tiene una recaudación tan baja como México, esto no puede ser buena idea. Por el contrario, se necesitan más recursos para poder cumplir las obligaciones que el gobierno ya tiene hoy: educación, salud, seguridad social, sin contar las adicionales que el nuevo gobierno ha ofrecido.

Por un lado, están las transferencias que se quieren incrementar: becas a jóvenes que trabajan, a los que estudian y a los que no realizan ninguna de estas actividades. Incremento a las pensiones para quienes no están en los sistemas formales. No queda aún claro cuánto se destinaría a cada caso, ni a cuántas personas se incluiría, pero todo indica que estamos en el orden de cientos de miles de millones de pesos. De esas mismas magnitudes se tratarían las reducciones de impuestos. Hay que sumarle las condonaciones de pagos vencidos, como el caso de la electricidad en Tabasco, que no es poco.

Por el lado de infraestructura, lo mismo: el tren maya, que ronda los 150 mil millones; la potencial cancelación del NAIM, más o menos lo mismo; la refinería, al menos eso, para empezar.

Aunque tanto las transferencias como los proyectos de infraestructura pueden administrarse, para que no todo el costo ocurra desde el principio, las reducciones de impuestos sí serían de golpe. Esto significa modificar el presupuesto en montos de entre 300 y 600 mil millones de pesos. Aunque eso es nada más 10% de lo que gasta el gobierno en su conjunto, si consideramos sólo al gobierno federal (es decir, sin gobiernos estatales ni empresas) esta fracción es tres veces mayor. Cambiar en un tercio lo que se gasta no es un asunto sencillo en ninguna organización. En un gobierno, que suele ser menos flexible, peor.

Sin embargo, además de estos grandes cambios, hay también muchos rumores acerca de ajustes serios en capital humano. Otra promesa del nuevo gobierno fue reducir salarios y prestaciones a altos funcionarios. Muchos de ellos se irán, y esto significa que el gran ajuste tendrá que ser implementado por personas que apenas estarán llegando. Eso hace todavía más complejo el proceso, más riesgoso, más preocupante.

Quienes se integrarán a la Secretaría de Hacienda se han comprometido a presentar un paquete económico responsable. Ojalá así sea, pero no se puede, al mismo tiempo, lograr eso y cumplir todo lo que se ha prometido. Tal vez buena parte de lo que se dice es nada más ruido de la campaña permanente, pero si quien lo dice es el mismo Presidente electo, tiene un peso que no será fácil de eliminar.

En el más reciente reporte de competitividad global, queda claro que lo que mantiene a México en una posición razonable es, precisamente, la estabilidad macroeconómica, que costó décadas construir. Ojalá que no juegue con ella en el afán de resolver todos los problemas al mismo tiempo.

Para cerrar. En esta semana escribí tres textos acerca de heredabilidad, educación y oportunidades. El primero, debido a una redacción inadecuada, causó una polémica innecesaria. Leerlos juntos anula cualquier mala interpretación. Creo que es un tema que requiere debate, pero será en otra ocasión que lo volvamos a tocar, para evitar, por ahora, más confusiones.

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