Editoriales

Lo bueno, lo malo, lo peor


Por Edel López Olán

Lo bueno

El México amigo

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Más allá de toda la indiferencia que provoca la caravana de migrantes, las instituciones de gobierno como el Instituto Nacional de Migración, la policía federal y decenas de organizaciones civiles del país, se han sumado a la ayuda y asesoría de los miles de hondureños y guatemaltecos que han querido pasar por nuestro país a través de la frontera sur para llegar a los Estados Unidos. Los pies descalzos y llenos de dolor junto con los corazones llenos esperanza e incertidumbre, hoy descansan en las manos de decenas de personas comprometidas con la integridad de las instituciones y el valor real que existe en cada uno de los connacionales del país.

Hoy algunos mexicanos han puesto por delante la afamada calidez mexicana y la han puesto al descubierto en una de las mayores crisis humanitarias de la región. Hoy, decenas de mexicanos dan la cara por un país que por memoria debe acoger a todos los migrantes centroamericanos; no como un ejemplo, sino como un simple acto de humanidad.

Hoy, ese famoso México amigo levanta la mano ante la adversidad donde esas pocas decenas de hombres, mujeres y niños que ayudan a sus contrapartes, son la insignia de un país que sufre el mismo dolor de esos miles de hermanos que buscan un mejor lugar, un mejor futuro y como no,  la tierra prometida.

Lo malo

Los pobres como carne de cañón.

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En Honduras, dos terceras partes de la población viven en pobreza extrema, más de 43 delitos violentos por hora, violaciones, asesinatos y extrema corrupción por sus calles son, entre otras situaciones, una de las principales razones por las cuales se creó, en San Pedro Sula, con solo 4000 integrantes, la Caravana migrante a la cual se unieron miles de personas de El Salvador y Guatemala y Nicaragua en un éxodo masivo lejos de las condiciones que ya su país no les puede proporcionar.

Familias completas, algunas con niños recién nacidos, hacían largas filas una detrás de otra con el rostro cubierto de cansancio y sí, porqué no, con un poco de esperanza. La pobreza, principal flagelo de muchos países de centroamérica, ha sido el detonante para que estos miles de personajes hoy vaguen por las venas de cada país con la esperanza de encontrar un terruño cálido lejos de sus terribles realidades. Sí, muchos expertos hablan y aseguran que las políticas capitalistas que apuntan directamente a estos grupos vulnerables como desechables, son las culpables de este éxodo de personas que si no producen, es porque no tienen las condiciones necesarias para hacerlo.

Es importante reconocer cómo la pobreza sigue siendo un tema de intercambio de intereses. Una caravana migrante avanza hacia un vecino del norte que no le propondrá mejores condiciones que en su natal país. Todos esos hombres, mujeres y niños caminan hacía un vacío oscuro donde su condición económica sigue siendo esa carne de cañón que moverá los intereses para ayudarlos, para crearles oportunidades, para darles una guía y de nueva cuenta serán los pobres esa gasolina que mueve los engranajes del dolor de esta desafortunada e inevitable sociedad moderna.

 

Lo peor

La otra cara de México

Sí, nuestro país no vive el mejor momento. Las condiciones de seguridad, trabajo, económicas y sociales distan muchísimo de ese país que puede o debe dar ayuda a los que menos tienen, sin embargo, más allá de nuestras razones per se, algunas personas en nuestro país encuentran siempre la forma de dar a conocer sus peores demonios cuando de ayudar al prójimo se trata.

“Váyanse de aquí mierda centroamericana””Sí quiero un gato les voy a hablar””Pinches maras culeros, lárguense a su país” son algunas de las expresiones que se leen en redes sociales y se escuchan en algunas pláticas comunes. Sería aventurado asegurar que todos los que vienen en la caravana son personas de cabal moral y excelente reputación, pero tampoco podemos tacharlos como lo peor desde un principio sin conocer a fondo cada una de esas historias, de esos contextos.

Todos buscamos una mejor vida, todos buscamos un mejor porvenir y si para encontrarlo hay que caminar hasta que las plantas sangren, caminar hasta que duela, por lo menos, tenemos la obligación de respetar ese dolor y ese sacrificio pues se requiere demasiado valor para dejar el hogar, pero se requiere de muy poca moral para burlarse de una desgracia como la que sucede en la frontera sur de nuestro país.

El pueblo mexicano encontró como siempre la forma de dar la nota ante una situación que debe preocuparnos a todos; como siempre, el pueblo mexicano se olvida que el día de mañana podemos ser nosotros los que estemos migrando a otro país. El pueblo mexicano olvida que el dolor no conoce fronteras, la indiferencia, sí, y eso, es lamentable.

Hasta la próxima.

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