Editoriales

Feminicidios: Entre el concepto, el poder y la indiferencia


por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

El joven siglo XXI ha sido manchado por un gran número de crímenes que marcan lentamente su historia. Todos estos crímenes se dan sin precedentes, sin conciencia, sin ningún tipo de compasión, dejando en la  ambiguedad, como siempre, esa bondad innata con las cuales, aún, muchas personas creen que existe en el ser humano.

La violencia, al parecer una expresión constante dentro del lenguaje humano, se ha expresado de muchas formas posibles y desde muchas trincheras, dejándonos absortos ante su expresión y su contexto, y México es el mejor ejemplo de ello. Desde hace muchos años la vida de nuestro país se ha visto manchada por este fenómeno. Todos los días, sin excepción, nuestros sentidos se empapan de un gran número de muertes propiciadas por muchos factores, uno de ellos y el más más increíble de todos: La impunidad.

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El aumento de la violencia en México ha derivado en acciones poco efectivas por parte del aparato gubernamental. Fuente: El Universal.

El feminicidio en México se ha convertido en uno de los más graves problemas de México en los últimos años así como también la cantidad de víctimas y la terrible realidad que enfrentan millones de mujeres a lo largo y ancho del del territorio nacional.

Hace más de 20 años, Las Muertas de Juárez, se convirtieron en uno de los primeros estandartes mediáticos después de los sucedido en los años 70´s con Las Poquianchis. En estos asesinatos, se habló en un principio de asesinatos seriales que fueron derivando, muchos años después, en las diferentes teorías de grandes grupos de poder en la zona que realizaban diferentes actividades delictivas donde las mujeres eran la presa fácil de tales depravaciones.  Las víctimas: jóvenes de entre 15 y 22 años, obreras de la maquila, delgadas, morenas y de cabello largo. Casi todas —se afirma— fueron violadas y estranguladas. Cientos de ellas sufrieron mutilaciones, les cercenaban los pechos como parte de un extraño rito antes de que sus cuerpos fueran abandonados en el desierto.

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Fuente: Editors Choice

Sí, ese fue el comienzo de una tortura que no ha parado hasta nuestros días.

El feminicidio, un crimen de odio por el simple hecho de ser mujer, es uno de los graves problemas de este país. Diana Russel (activista y escritora feminista) lo define: “Como el asesinato de mujeres por hombres motivados por el odio, el desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres.”

Diana Russel y Jill Radford lo redefinieron el concepto como “Una política de exterminio“, sin embargo, es importante contextualizar el concepto, pues también los procesos que conducen a ese exterminio se basan en el control y eliminación hacia las mujeres de forma psicológica y social, por lo tanto, dichas acciones también son parte del feminicidio, pues las obligan a sobrevivir en el temor, la inseguridad, el vivir amenazadas y en condiciones humanas mínimas al negarles la satisfacción de sus reivindicaciones vitales.

Sí, el concepto puede ser largo y complicado para cualquier persona que solo observa los números y rostros de  mujeres asesinadas día con día por las calles de México. Hoy, el concepto de feminicidio debe desafortunadamente contemplar mayores aristas, mayores esquemas, y sobre todo, apuntalar de una forma necesaria la pertinencia de un marco legal que permita el castigo real a las personas involucradas en dichos casos. Antes, se decía que no todo era feminicidio, hoy, desafortunadamente, cualquier caso, cualquier situación que atente contra la vida de la mujer debe ser considerada un feminicidio.

En julio del 2018, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), exhortó al gobierno de México a crear las condiciones necesarias para reducir el número de feminicidios en México que alcanza la cifra (solo de los datos conocidos) de 402 mujeres asesinadas, solo en el primer semestre del año. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la mujer (CEDAW) indicó en su más reciente reporte, que pese a los esfuerzos del Gobierno de México, se requiere tomar medidas urgentes para prevenir, investigar y juzgar las muertes violentas y las desapariciones en el país.

Fuente: Animal Político/INEGI

En el 2017 (según cifras oficiales del INEGI) las defunciones de mujeres representan el 10.6% del total de los homicidios registrados, lo que equivale a que de cada 10 asesinatos 9 corresponden a hombres y 1 a mujeres, siendo varios estados más, como el Estado de México, donde el número asciende a un 15%.

El feminicidio comienza desde su concepción y termina con el acto en sí, donde desafortunadamente en este país, la mayor parte de las defunciones por asesinato no son consideradas feminicidios.

Pero el concepto se ha convertido en tangible. El terror con el que cada una de las mujeres que caminan por las calles del país se potencializa, mientras las autoridades y sus esfuerzos se difuminan en una carrera contra el tiempo, contra la estadística, contra su conciencia.

La semana pasada, el estado de Veracruz se vio golpeado de una forma mediática por una muerte “excepcional”

La hija de la diputada de MORENA, Valeria Cruz Medel, fue ultimada a balazos dentro de un gimnasio en Ciudad Mendoza, Veracruz. La noticia de inmediato tomó las redes sociales y medios de comunicación por asalto en ese envidiable y poco escrupuloso sentido de comunicación masiva. Las imágenes de la joven en medio del gimnasio, contrastaba con las imágenes de su sonrisa, su felicidad y la inevitable ignorancia de su destino.

Cómo era de esperarse, en un país tan polarizado como el nuestro, el escarnio no se hizo esperar. El enfundado color de la diputada de MORENA de inmediato fue el motivo del ataque de la población. La investidura de la diputada de pronto se convirtió en el eje central de la noticia, dejando de lado el dolor, la memoria, el desconcierto por la muerte de Valeria.

El poder y el nuevo poder en el país de nuevo se convergen en una arena pública sin ningún sentido moral en un estira y afloja que a nadie enriquece y demerita demasiado el concepto del feminicidio per se.

Por la mañana (según datos de La Silla Rota) Rocío, una madre de familia de 38 años fue también fue ultimada a balazos afuera de la escuela de su hijo en la ciudad de Poza Rica, Veracruz. La señora, jefa de una familia, de 38 años, vendía nieves fuera de una primaria para sostener a sus dos hijos en un país implacable.

Por la noche, el gobernador del estado, el Lic. Miguel Ángel Yunes Linares, comparecía en una rueda de prensa dando a conocer que el asesino de Valeria había sido encontrado muerto en el interior de la camioneta Mazda que presumiblemente fue la misma que utilizó el día de los hechos, y de inmediato a los pocos que conocían el caso: ¿y los ejecutores de Rocío?

El ejercicio del poder es interesante, pero es más interesante darse cuenta como se pierde el concepto de la muerte dentro de la parafernalia de medios, riñas políticas y demagogias sin sentido: La muerte de dos mujeres en el estado de Veracruz.

El concepto de feminicidio se ha ampliado. La muerte como tal, la fría estadística que coloca un número a una mujer con sueños y esperanzas  ha transmutado en un concepto fundamental antes de toda esta barbarie.

En nuestro país no deben importar ya los colores partidistas, ni el poder político, ni la forma rápida o lenta que llega la justicia a los perpetradores de este acto, sino lo realmente importante es nuestra maldita indiferencia. 

Hoy, el país sigue debatiendo muchísimos temas más allá de la violencia de género y los feminicidios, hoy, el concepto se divide entre el poder y la indiferencia y eso nunca será sano, nunca será edificante, nunca será productivo.

El feminicidio comienza desde que las mujeres de este país no pueden caminar por las calles con la certeza de llegar a salvo a su destino. El acto atroz de vivir en unas calles que representan para ellas una frontera de terror y desesperación es parte también del feminicidio.

Hoy, en México, la violencia contra la mujer se ha desatado con tal impunidad que cualquier crimen “con poder” tiene mayor importancia para los ojos de todos, cuando, en el ejercicio real del concepto, siguen siendo las mujeres las que están cayendo como moscas ante la mirada sorprendida y displicente de las autoridades, que, con poder o no, poco pueden hacer para dar protección a todas las mujeres del país.

El concepto ha cambiado, la vida ha cambiado, el terror aumenta y la vida de todas las mujeres de este país tiene una diana en la cabeza como el tatuaje perfecto de la indiferencia e impunidad, y eso, es lamentable.

Hasta la próxima.

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