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“Lo bueno, lo malo, lo peor” por Edel López Olán


Lo bueno 

Roma: Rompiendo esquemas.

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Cuando el mexicano Alfonso Cuarón anunció la película Roma para la empresa de streaming Netflix, de inmediato, los ojos del mundo entero se posicionaron en uno de los directores más prolíficos del cine mexicano.

Odiado y amado al mismo tiempo, el mexicano aceptó desde un principio que la cinta era prácticamente un dispensario de recuerdos de su infancia, y para él, un pequeño homenaje a todos esos personajes que lo forjaron como persona y como profesionista en un México tan convulsionado como el presente.

Después del Festival de Cine de Venecia, la cinta ha venido en cascada con nominaciones y premios que han apuntalado la gran aceptación de la crítica internacional y el debate eterno que existe en una sociedad mexicana que navega entre lo insulso y lo intrascendente.

Premiada, ovacionada, criticada y amada Roma apunta a uno de los premios más importantes del cine internacional.

La 91 entrega de los Oscar se engalana de nuevo con talento mexicano, que llega a invadir a una crítica internacional con 10 nominaciones en diferentes categorías, siendo, entre otras cosas, la primera película de habla hispana que hace el “doblete” con las nominaciones a Mejor Película y Mejor película extranjera.

Roma llegó para quedarse en la memoria de México, un país que necesita mayores alegrías como las que nos ha dado Cuarón y su equipo, mayores sonrisas como lo imprime la película en ese gran lienzo de arte que se convirtió y mayores esperanzas en un país que los necesita tanto. Enhorabuena.

Lo malo

Nueva administración, misma corrupción

Al llegar a la presidencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que los compadrazgos y favores a terceros desde el gobierno pararían de forma inmediata, señalando, como siempre, a un pequeño grupo de empresarios voraces (según palabras del mismo presidente) que se han aprovechado del pueblo, de las políticas corruptas de su gobierno y la permisibilidad de un sistema de favores desde hace decenas de años.

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Banco Azteca es un banco mexicano fundado en el año 2002 y es una compañía del Grupo Salinas, del empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego, que hasta antes de la llegada a la presidencia, era miembro de la famosa “mafia del poder” y que hoy, dentro de un twist muy interesante, será el encargado de manejar los recursos de los programas sociales a través de las tarjetas bienestar, todo ello, sin licitación alguna de por medio y por adjudicación directa desde la propia presidencia.

No es la primera vez que López Obrador adjudica de forma directa recursos a personas cercanas a él y a sus empresas. Cuando fue jefe del gobierno del Distrito Federal, el mandatario adjudicó a Grupo Rioboo todo el proyecto del segundo piso del periférico, alegando, en su momento, que la empresa contaba con los recursos necesarios para llevar a cabo la obra y que no confiaba en los métodos de licitación federales, prácticamente los mismos argumentos para adjudicar los bienes a la empresa de Salinas Pliego.

Así también, por órdenes directas del mandatario, la empresa Bombardier, sin ningún tipo de licitación, realizará la construcción de los vagones del Tren Maya en Ciudad Sahagún, Hidalgo, con un costo de 150 millones de pesos. 

Así, la administración de López Obrador sigue caminando entre una demagogia que marea al grueso de la población mientras, por debajo de la mesa, sigue utilizando las mismas prácticas de antaño que él criticó y poniendo como argumentos, tecnicismos favorecidos desde una verdad institucional y una credibilidad adoctrinada, demostrando que la política en México es y sigue siendo, un gran negocio de amigos.

Lo peor

Tlahuelilpan: Todos culpables, todos ignorantes.

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En un país donde la tragedia se traduce en miles de sentimientos, es muy complicado tener una certeza de verdad, realidad o porque no, de cordura.

La acertada Guerra contra el Huachicoleo que la presidencia de la república estableció como una prioridad al inicio de su gobierno, ha provocado una cascada de críticas, escarnio y ese inevitable sentimiento que tenemos los seres humanos de crear una falsa oportunidad desde la confusión.

El Huachileo es una actividad que ha provocado una merma millonaria a Petróleos Mexicanos, que, desde la administración de Obrador, se ha descubierto una red clandestina desde la misma empresa. El cierre de ductos, una de las principales formas de ataque desde el gobierno al crimen, provocó un desabasto en ciertos sectores del país, que, entre la falta de información por parte del gobierno y los inevitables rumores, detonaron en sectores de la sociedad la falsa idea de que la venta de gasolina podría ser el nuevo negocio, en una hidra que tiene múltiples factores más profundos que el mismo robo de combustible.

El viernes pasado, en Tlahuelilpan, Hidalgo, pobladores se lanzaron sobre uno de los ductos perforados en una vorágine propiciada por la impunidad, la complicidad de algunos con grupos delictivos y la completa ignorancia. La explosión derivada de una acción ilegal de inmediato detonó en la población diferentes visiones de los hechos en una nueva vorágine de ideas, baja moral y una inevitable falta de empatía producida por un hecho ilícito de lamentables consecuencias.

Sí, los pobladores de Tlahuelilpan se lanzaron en completa víctimas de la completa ignorancia de que ese combustible ni siquiera servía para automóviles por ser una gasolina no tratada.

En su ignorancia de pensar que lo que hacían era un acto heróico contra una acción del gobierno, los mismos pobladores repelieron a los soldados que en su ignorancia propiciada por el gobierno, decidieron solo ver y ser un espectador más de la tragedia.

En una “ignorancia” sin sentido de una química básica, los pobladores ignoraron las características de cualquier combustible, que hoy, fue una lección que se aprendió con base a terribles imágenes y dolor.

En su ignorancia, el pueblo mexicano de nuevo se lanzó a las redes sociales a burlarse de una tragedia que ha quitado hasta el momento la vida de 96 personas y más de 80 heridos.

Sí, Tlahuelilpan de nuevo sacó lo peor que tenemos en el fondo todos los mexicanos: Un pueblo ignorante que ve en el agandalle una forma de salir adelante y tan ignorante que en su burla pierde el norte de la empatía y la humanidad. Todos somos ignorantes y todos somos culpables en este país que sigue ardiendo desde nuestras ideas y solamente falta una pequeña ignición para que explotemos lo peor de nosotros.

Y eso, es lamentable

Hasta la próxima.

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