Peje o Celecanto por Rodolfo Gamiño Muñoz


Texto original: La Jornada

El pejelagarto es un pez carnívoro, vive tanto en agua dulce como, ocasionalmente, en agua marina, existen cinco diferentes especies de este pez y proviene de una misma familia desde la era del cretácico. En México es común encontrar esta especie en lugares de lagunas y pantanos, principalmente en el estado de Tabasco.

No es fortuito que, en diciembre del año 2017, el entonces precandidato a la Presidencia de la República liberara en el Río González un pequeño pejelagartoque uno de sus simpatizantes le regaló en una bolsa de plástico. Según una nota de Milenio, escrita por Jannet López, el entonces candidato, apodado pejelagarto –al igual que otro político tabasqueño apellidado Dueñas– no le molestaba ese apodo, sino todo lo contrario, ya que era un pez típico de su tierra, de la cual estaba muy orgulloso, de su agua, de sus costumbres, tradiciones, de su lengua, orgulloso él al hablar de Tabasco… Ante ello, decidió regresar al pequeño pejelagarto a su hábitat, ya que durante años este pez sirvió de alimento para la gente de escasos recursos.

Tiempo después, ya como candidato y en campaña política, el pejelagarto contestó a Fabio Beltrones que podrían seguir diciéndole Peje, pero que no le dijeran más lagarto, puesto que era un peje, no un lagarto.

Peje, pero no lagarto, es un buen indicio para meditar, aunque sea de manera ociosa el perfil político de dicho pez.

El Peje es uno de los paradigmáticos personajes que ayudó durante años a la programación de una matrix política, una matrix que tenía una imperecedera fecha de caducidad. Capitalizó para su hacer e inspiraciones la fórmula más elemental de esa política, un estilo personal de gobierno que fusionaba lo mejor del viejo modelo presidencial: corporativismo selectivo, clientelismo político y religioso, paternalismo, gobierno fuerte y centralizado, dispendio directo y el elemento carismático y popular.

Retomó también lo “mejor” del sistema político y económico neoliberal, el capitalismo de cuates, pero sin corrupción, innovando en la intromisión del Estado para administrar y controlar al desbordado mercado bajo el lema de la no corrupción y el rescate de la moral.

El Peje logró amalgamar un híbrido, un sancocho entre el presidencialismo, populismo limitado y una trasnochada tercera vía, todo bajo el control de un Estado centralizado, personalizado. Un guiso revestido con el mote de izquierda, el cual, la población ha consumido como dogma y sin cuestionar, hoy es el platillo ideológico y político de moda en la región. Para algunos es, incluso, el lado correcto de la historia.

Otros observamos el renacimiento de un sistema político en el que algunos personajes como Fernando Gutiérrez Barrios o Miguel Nazar Haro estarían felices de ser y pertenecer, sobre todo a la Guardia Nacional y seguir, desde esa trinchera, luchando por la estabilidad del régimen y el sistema político mexicano, un sistema programado por la matrix para mantener esos buenos viejos tiempos.

No era fortuito que el miedo a El Peje consistía en su capacidad de conocimiento de la programación y desprogramación de los sistemas políticos emanados de la revolución mexicana y de su sobrada experiencia y habilidad para ocultar evidencias que lo comprometieran en el juego de la corrupción política. Sólo el que sabe cómo programar la matrix sabe cómo resetearla y volverla a programar.

Hoy por hoy, El Peje ya no es ese pez que habita en las lagunas y pantanos tabasqueños, lejos ha quedado esa figura semántica que lo asociaba como una especie diferente de la longeva familia revolucionaria. Hoy El Peje, como presidente de la República, en pocos días ha semejado más un misterioso celacanto.

Ese pez que se creía había desaparecido de las profundidades de las aguas marinas al final de la era de los dinosaurios hace aproximadamente 65 millones de años. Se pensó que esos peces de aletas lobuladas y que databan, según científicos, de más de 300 millones de años, no existían más.

Con el redescubrimiento del celacanto en el siglo pasado en los mares de Sudáfrica se confirmó que este pez evoluciona muy, muy lentamente y que durante millones de años poco ha cambiado su anatomía, mantiene similitudes morfológicas idénticas con sus ancestros fósiles. Se ha descubierto también que, desde tiempos remotos, se ha adaptado a todo tipo de condición natural y climática. Es, en resumidas cuentas, un pez que se ha escapado a muchos procesos de extinción. Según los científicos es un fósil viviente. Así El Peje, se ha transformado en un celacanto, en un fósil viviente que durante años no ha cambiado de anatomía, mantiene la estructura morfológica de sus fósiles ancestros. Este celacanto parece ya reprogramar lo que ha llamado la Cuarta Transformación, eso parece ser más que una numérica transformación la consolidación de un priismo para el siglo XXI.

instagram-permanencias-voluntarias

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.