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ABC: El infierno en la tierra por Edel López Olán


Perder a un hijo es probablemente el peor momento en la vida de un padre. El materializar esos terrores nocturnos, intentar encontrar en el silencio la respuesta y mantener la mente ocupada para perder de vista la ausencia, se convierten en la desdichada vida de una persona que entiende que la justicia en México es tan lenta como su agonía sin el ser amado.

Para ser padre nadie te entrena y para dejar de serlo tampoco. Nadie te dice qué hacer con grito ahogado en el pecho, nadie te dice cómo debes encontrar consuelo, nadie te dice ni te enseña a recoger las piezas de ti, de tu historia, de tus recuerdos.

La mañana del 5 de junio de 2009 el destino, Dios o en lo que ustedes crean, tenía destinada una dura prueba para los padres de 49 niños en Hermosillo Sonora; en el predio ubicado en la esquina de las calles Ferrocarrileros y Mecánicos, de la colonia Y Griega; para los padres de la Guardería ABC.

Era una mañana normal, una mañana que pocos sabían que sería la última. Una mañana donde el correr, las prisas, el cansancio, el tedio, todos esos factores inmersos en la cotidianidad, probablemente los alejaron de lo importante, de abrazar a su ser amado, sonreírle, soñar con él, porque nunca sabemos cuándo será la última vez, nunca conocemos el capricho del destino.

En esa mañana cálida, la inconsciencia, la negligencia, la terrorífica indiferencia ante la seguridad de otros se volcaba sobre unos pequeñitos que reían, jugaban, dormían o simplemente, observaban cómo el caos y la desesperación se apoderaba de todo su alrededor.

Un ángel, por que así se le puede llamar a esas personas que actúan sin reparar en ellos para salvar a los demás, se estrella en contra de una de las paredes de la guardería ABC. Las llamas, el calor, el dolor eran perceptibles en el ambiente. Un hombre corre con un pequeño moribundo en brazos. Sus lágrimas ruedan sobre su rostro mientras sus piernas tratan de acelerar todo lo que pueden. El pequeño llora con su último aliento. El hombre se detiene y cae de rodillas mientras esas lágrimas que bañaban su rostro caen sobre el cuerpo convaleciente de un niño que podría estar brincando, jugando, sonriendo.

Sí el infierno existe, estaba ahí, se había apoderado de esa mañana

Decenas de mujeres e improvisados rescatistas se lanzan sobre los cuerpos de los pequeños y comienzan a repartirlos a los diferentes centros de salud. Al llegar al hospital general una enfermera se acerca un residente de psiquiatría y le susurra: Esto es horrible, me tuve que tomar un calmante, nunca nos entrenaron para esto. El mismo dolor había rebasado la academia, había rebasado el entendimiento, había rebasado a todos.

Una mujer grita al fondo. Otra más intenta abrazar a su pequeño. Otros padres intentan consolar a otros. El caos. La desesperación. El silencio.

México es un país sin ley o una ley a modo cuando desafortunadamente no se tiene nada que aportar. De un total de 19 funcionarios involucrados inicialmente según la Suprema Corte de Justicia Mexicana (SCJN), nadie, ni uno solo estuvo bajo proceso judicial por el hecho, ya que todos habían sido exonerados, hasta que posteriormente por las presiones sociales han sido condenados 19 de 22 inculpados de la guardería ABC

24 niñas y 25 niños, todos murieron por asfixia y quemaduras graves en todo su cuerpo. Cerca de 70 sobrevivientes fueron hospitalizados, todos con enormes traumas marcas de por vida.

Vi a los niños así muertos, calcinados, víctimas de una muerte horrible. Después tuve una reunión con amigos pediatras del Hospital de Morelos y me dijeron que esa muerte (asfixiado y calcinado) era una muerte muy dolorosa y muy lenta que era una de las dos muertes más dolorosas que existían. Llegué a mi casa, un contraste muy duro. Había mesas puestas con manteles largos, flores, globos y lo que había quedado de una fiesta sorpresa que no fue hecha, mi familia estaba esperándome con los ojos abiertos, era mi cumpleaños, pero no pude hablar esa noche, solamente les dije: si el infierno existe acabo de ir y ver, no creo que haya algo peor que eso en la vida. Hasta ese  momento no había llorado, me metí en mi cuarto puse el seguro y comencé a llorar mucho, mucho, mucho, no pude dormir, los cuerpecitos de los niños y las reacciones de los papás me daban vueltas en la cabeza. Cuenta Olga González, una psicóloga de Hermosillo, Sonora, quien atendió a familiares de las víctimas de la guardería.

A diez años de este terrible acontecimiento, las familias de los pequeños que perdieron la vida aún siguen clamando justicia en un país que hace oídos sordos ante el clamor del dolor.

Hoy,  14 padres reunidos frente a las instalaciones del Seguro Social instalaron 25 zapatitos de bronce, réplicas fidedignas de los últimos pares de zapatos de 25 pequeños que perdieron la vida e  insistieron que estos zapatitos quedarán aquí instalados y les recordarán de manera permanente a las autoridades federales y estatales que tienen una deuda de justicia y que deben tranquilidad a las familias de los niños de la Guardería ABC.

“Este sitio para nosotros, padres y madres, representa la memoria convertida en denuncia, hecha objeto imposible de evadir y es un recordatorio para hablarles a futuras generaciones, a quienes les pedimos que no olviden, que volteen hacia atrás para que la desgracia no se repita”.

Así es la justicia en México. Una justicia indiferente, solamente con el compromiso con un cierto sector de la sociedad que observa, con la conciencia putrefacta que hoy, 5 junio, es un día triste para México, un día donde 49 luces se apagaron en el firmamento, un día condenado a nuestra conciencia, nuestra vida, nuestra historia.

Descansen en paz.

Hasta la próxima

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