Lo bueno, lo malo, lo peor


Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

Lo bueno: El deporte mexicano da la cara

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El abandono ha sido la constante durante muchos años para el deporte mexicano. Administraciones van y vienen y los deportistas mexicanos siguen levantando preseas sin ningún tipo de apoyo por parte de nadie en el gobierno que siempre, de una forma cínica y sin pudor, se cuelgan sus logros secundados por los representantes de cada comisión  que entre mafias deportivas, tráfico de influencias y desmedida corrupción, buscan enriquecerse a costa de jóvenes que solo tienen un objetivo en mente: representar a México.

Con el gobierno del “cambio” y la llegada de Ana Gabriela Guevara a la dirección de la CONADE, todo parecía indicar que los vientos los llevarían a un mejor puerto de la mano de una mujer con la experiencia necesaria en todos los niveles de competencia, las rutas necesarias para el financiamiento privado y la energía que se requiere para sacar el deporte nacional adelante, sin embargo, a pesar de todo ellos, el cambio nunca llegó.

Los juegos Panamericanos en Lima Perú 2019 se atravesaron al paso como una piedra en el zapato difícil de sortear y entre escándalos de corrupción, nepotismo y malos manejos, olvidaron (de nuevo) a los deportistas mexicanos en una costumbre difícil de erradicar.

Pero el atleta mexicano siempre ha sido resiliente. Su capacidad de sobreponerse ante la adversidad prácticamente es parte de un entrenamiento integral y que le da una visión de triunfo que alimenta a una nación ávida de alegrías.

Paula Fragoso, Crisanto Grajales, Mariana Arceo, Jonathan Muñoz, Daniela Souza, Ana Ibañez, Leonardo Juárez, Daniela Campuzano, José Gerardo Ulloa, Beatriz Briones y muchos jóvenes más han levantado el nombre de nuestro país de cara a dos próximos objetivos: Los Parapanamericanos 2019 y Tokio 2020, donde estamos seguros que los deportistas mexicanos seguirán llenándonos de orgullo; un orgullo labrado fuera de toda burocracia que ensucia sus logros y que debe aprender, que si quieren que exista una transformación de este país, deben invertir más en el deporte, la única actividad que tiene un solo objetivo: Crear mejores seres humanos.

Lo malo: Ley de extinción de dominio, una ley peligrosa

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La ley  es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir: un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia cuyo incumplimiento conlleva a una sanción. En cualquier país, las leyes son tan específicas que llevadas de forma correcta, pueden llevarnos a todos a una buena convivencia social y jurídica, pero en México, algo sucede de forma extraña en materia legal desde hace muchos años.

Hace unos días, la Ley de extinción de dominio fue aprobada en el pleno de la cámara de diputados, esta ley permite, entre otras cosas, combatir las redes de corrupción y lavado de dinero que pueda provenir tanto de la delincuencia organizada como de elementos del gobierno que se enriquezcan de forma ilícita que, apegándose a las reglas que vinculan el origen del dinero y de las propiedades con actividades ilícitas, se pueden cercar los recursos y bienes obtenidos de forma ilícita y así mermar los recursos que financian diferentes actividades o bien, embargar propiedades que sean producto de las mismas.

Pero el problema no existe en el cambio de la constitución o la aplicación de la ley, sino en el cómo se aplica la ley en México, un país donde las instituciones caminan a marchas forzadas, y la ley se imparte alejada del estado del derecho. La extinción de dominio se puede convertir en un arma del gobierno para presionar desde el poder y con la manipulación de ministerios públicos, a todos esos ciudadanos o adversarios políticos que estén en contra de un simulado proyecto de nación que hasta el momento sigue sin pies ni cabeza y que aumenta la inconformidad de muchos sectores de la población debido a los errores y ambigüedades que contiene esta ley que amenaza a la propiedad privada y a la gente de buena fe.

La Ley Nacional de Extinción de Dominio permite al Ministerio Público solicitar la acción de embargo, incluso sin que se haya determinado la responsabilidad penal del demandado, violando el principio de presunción de inocencia, esta ley permite la venta anticipada de los bienes y sin requerir una sentencia definitiva de un juez. En otras palabras, se puede desposeer a un mexicano de su casa, su parcela, su empresa y venderla sin que haya sido encontrado culpable.

Así “camina” el país donde el cambio tan cacareado sigue dando todos los días cosas de qué hablar, cosas de que preocuparse, cosas fuera de la ley disfrazadas de ley, cosas que deben preocuparnos a todos.

Lo peor: El odio, la expresión del nuevo siglo

La condena por lo sucedido en El Paso, Texas fue inmediata. La deplorable forma en cómo un hombre entró a un centro comercial y ejecutó a más de una veintena de personas se ha convertido en una pesada losa que regresa con todos sus argumentos a un presidente que ha apostado al odio como slogan de campaña.

“Make America Great Again” ha pasado de largo, hoy, los Estados Unidos y el mundo se estremecen al ver como la indiferencia de un sistema que permite la compra de armas al menudeo vuelve a los terroristas blancos en “enfermos mentales” y los aleja del concepto de Terroristas que hubieran acuñado si el pistolero hubiera sido negro, latino o musulmán.

El Paso, una de las ciudades más seguras de Estados Unidos se une a la larga lista de ciudades americanas víctimas de la xenofobia y la intransigencia y Donald Trump, un magnate que ha jugado a ser presidente, se encontró sorprendido por que existe el odio en las calles de Estados Unidos, se sorprendió por que existen personas capaces de matar a cuantos mexicanos pudiera, exactamente dos días después de que anunciara deportaciones masivas en todo el territorio americano; se sorprende de su estupidez, se sorprende de lo mucho que las palabras y las ideas mal enfocadas pueden influenciar el destino de las personas.

Sin lugar a dudas lo sucedido en Estados Unidos es una lección para todos, es una lección para qué, como sociedad, entendamos que los discursos vacíos de los gobernantes no tienen eco en la realidad del día a día de las calles, que ellos no mueren por sus palabras, que ellos no salen heridos por las expresiones de odio para dividir a la sociedad, que ellos no son los sacrificados en este incesante bombardeo de emociones que provoca el hambre de poner, somos nosotros, la sociedad, la maquinaria que mueve un país, los únicos sacrificados en una guerra de ideas adosada por odio y degeneración.

México debe verse en el espejo americano y entender que la división solo enriquece a unos pocos y nos empobrece a todos.

Y eso, es lamentable

Hasta la próxima

 

 

 

 

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