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Editoriales

Olvídenlo, no lo van a convencer


Texto original: Pablo Hiriart (El Financiero)

Si los dirigentes empresariales, con responsabilidad y buena voluntad, piensan que van a convencer al presidente López Obrador mediante argumentos económicos para enderezar el rumbo del país, están perdidos. No lo conocen. No saben con quién están tratando.

López Obrador no es un improvisado ni anda en busca de soluciones a los problemas de un sistema que quiere destruir. Sabe lo que hace.

Su formación ideológica lo hace creer que quienes tienen dinero o un patrimonio holgado son los culpables de la desigualdad y de las desgracias del país.

Ve a los proveedores del gobierno, no como empresarios indispensables para que camine la economía, sino como presuntos delincuentes.

Él cree honestamente que sólo la pobreza redime.

Ahí está la razón por la que prefiere inundar el espléndido aeropuerto que se levantaba en Texcoco, antes que terminarlo.

Por eso a los delincuentes y narcotraficantes les ofrece paz, los libera. Les pide que se porten bien. Son de origen humilde y el capitalismo los ha puesto en el mal camino.

No presenta una estrategia para combatirlos y la tasa de delitos se dispara. “El narco también es pueblo”, lo ha dicho y eso los exime de cumplir la ley.

Así es que los empresarios que van a Palacio Nacional, con ánimo de aportar soluciones, ya saben que su demanda central está perdida: Estado de derecho.

La ley no se aplica a los narcos, extorsionadores, asaltantes y violentos en general, sino a los que crean empleo y riqueza. Es una forma de someterlos a la 4T. Y que paguen su pecado original: ser prósperos.

Van los líderes empresariales a Palacio con buenas ideas, salen felices, y en pocos días les meten un alza de más de cien por ciento en las tarifas de uso de agua a los agricultores.

Salen de Palacio convencidos del compromiso presidencial con la creación de empleos y la inversión, y en San Lázaro el partido de López Obrador pone un transitorio en la Ley de Ingresos para hacer fast track la legalización de los autos ‘chocolate’.

Con el apoyo de AMLO se aprobó una ley que equipara a la evasión fiscal con delincuencia organizada. Los dirigentes empresariales fueron equis cantidad de veces a Palacio a hablar con el Presidente a hacerle ver lo peligroso de esa medida.

¿Qué consiguieron? Nada.

Por sospecha de evasión con dolo irán a la cárcel, y no sólo por facturas falsas como se ha dicho. Sus bienes podrán ser vendidos por el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, sin que esas pertenencias hayan sido robadas.

Todo lo anterior se hará sin necesidad de que un juez declare culpable al contribuyente. Es ley.

Para los empresarios no hay presunción de inocencia ni derecho a defenderse en libertad hasta que el juez dé un fallo.

¿Querían Estado de derecho? La respuesta es esa. Más la liberación del hijo del Chapo en Culiacán porque su sicarios respondieron con violencia, dispararon, robaron vehículos, los incendiaron.

¿Piden seguridad? Muy bien, el Presidente se reúne a las seis de la mañana para supervisar personalmente el tema, y a la hora de la verdad dice que no estaba enterado del operativo en Culiacán.

La respuesta al reclamo de Estado de derecho también está en las plazas a los normalistas luego de que secuestraron casi un centenar de choferes por varios días y se apropiaron de igual número de autobuses particulares.

¿No se entiende?

Ahí está la realidad, no en las palmadas en la espalda mientras toman café en Palacio Nacional.

Lo que hace el Presidente es producto de su ideología. Y algunos empresarios opinan que lo van a hacer cambiar con unas cuantas reuniones.

¿Qué piensan? ¿Que recorrió el país durante una docena de años, municipio por municipio, adoctrinando a sus seguidores en la idea de que los ricos son delincuentes de cuello blanco, para llegar al poder y gobernar con ellos?

¿En serio piensan que Andrés Manuel López Obrador va a gobernar de acuerdo con sabias sugerencias del Consejo Coordinador Empresarial?

No lo conocen. O se autoengañan.

Algunos empresarios, como penosamente lo hemos visto en estos días, gritan vivas a la 4T para que les salven sus empresas quebradas porque nunca han sido hombres de empresa, sino herederos de fortunas de origen público.

Pero la mayoría de los miembros de la iniciativa privada, y sus dirigentes, son mexicanos de buena fe. Y se equivocan cuando creen que van a hacer cambiar al Presidente en temas sustantivos.

Incluso dicen que AMLO habla lento porque es su estilo de político reposado, sereno. No. El verdadero López Obrador habla rápido y con latigazos verbales.

El cambio es porque necesita filtrar lo que piensa, pues piensa cosas muy fuertes. Algunas ya las estamos viendo, y otras vendrán después, más pronto que tarde.

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