Por Pablo Hiriart (El Financiero)

Se nos ha puesto a hablar de la rifa del avión presidencial para ocultar el desastre que acumulan, pues no saben gobernar y, para hacerlo, les estorba la democracia y dan pasos hacia la tiranía.

Lo de la rifa es un distractor porque el miércoles el gobierno enseñó, en el Senado, lo que pretende construir: una tiranía.

Como no pueden con la tarea de gobernar, van por la anulación de garantías, la facultad de encarcelar a opositores, empresarios, críticos, periodistas y ciudadanos en general, con pretextos menores.

Integrantes del gabinete se presentaron en el Senado el miércoles con un paquete de reformas judiciales que configuran la pérdida de libertades políticas e individuales. Nada menos.

Se tuvieron que echar momentáneamente para atrás (hasta febrero) pues el líder de su propio partido en el Senado, Ricardo Monreal, les dijo que eso era una locura, impasable.

La intención, sin embargo, ahí está. Quedó al descubierto y tienen que sacar la payasada de la rifa del avión para cambiar de tema.

Entre las propuestas del Ejecutivo está ampliar el arraigo a todos los delitos, no sólo a delincuencia organizada.

Cualquier persona acusada sería susceptible de ser arraigada, en la cárcel, en una casa de la FGR, en separos o donde haya espacio, antes de iniciar un juicio. No importa que el señalado sea inocente: basta la acusación. Más soviético, imposible.

Las reformas que llevaba el gobierno bajo el brazo plantean autorizar las intervenciones telefónicas en temas fiscales y electorales.

¿Se dan cuenta de lo que eso significa? Toda persona, especialmente los empresarios, son sujetos de sospecha de evasión fiscal. Se acabó la privacidad para ellos porque vivirán intervenidos, bajo sospecha.

Desde los dueños de la compañía, sus directivos hasta los contadores, podrán ser espiados, legalmente, sin derecho a reclamar.

El contribuyente que no es empresario también puede ser sujeto de sospecha y espionaje legal. Así el clima de terror se extiende a prácticamente toda la población.

Los que no comulgan con el gobierno actual, aunque nada deban, a temblar: sus vidas privadas, con los pecadillos personales –que son privados y no asunto del Estado–, estarán expuestos a la exhibición pública.

Así quieren controlar a toda la población. Y que los ciudadanos se sientan atemorizados ante el gobierno que tiene en sus manos su vida privada y su libertad.

También los miembros de Morena –para inhibir crítica y prevenir deserciones– podrán ser espiados legalmente, con el pretexto de sospecha de delito electoral, y esas escuchas obtenidas por la intervención telefónica pueden usarse para desprestigiarlos o encarcelarlos.

¿Así o más soviético lo que pretende el gobierno, y por ahora se pospuso?

De acuerdo con el planteamiento que por ahora se detuvo para “profundizar”, serían legales las intervenciones de las comunicaciones privadas ante sospechas de delitos electorales. Y como el gobierno tiene derecho a sospechar de todos los dirigentes opositores, tendrá el garrote en la mano. Además, el arraigo con la sola acusación será legal.

Hay algo peor, si es que cabe. La propuesta oficial plantea validar en un proceso las pruebas obtenidas de manera ilícita.

Con lo anterior se legalizan la tortura y la extorsión de parte del gobierno. La confesión que quieran, contra quien quieran, la pueden obtener mediante el suplicio o el chantaje y pretenden que sea legal.

Pide reincorporar al Código Penal, con cárcel de seis meses a seis años, el delito de “la imputación que se hace a otro de un hecho cierto o falso”. Mientras se desarrolla el juicio, el comunicador quedará preso en una casa de arraigo de la FGR o en las mazmorras que elija el régimen.

¿Verdad que no nos equivocamos durante años, cuando señalábamos a AMLO con tendencias dictatoriales?

¿Ya se dieron cuenta, distinguidos intelectuales y académicos, a quiénes llevaron al poder?

Para remachar, el gobierno plantea reformar el derecho de amparo, que es la joya de nuestra Constitución contra los abusos del poder.

Todo lo anterior es la construcción de una tiranía.

No es propaganda de los malquerientes de López Obrador ni de Morena. Lo hicieron los más altos funcionarios del gobierno.

Esas son sus intenciones.

La rifa del avión es un distractor para cambiar la conversación pública, luego de que esta vez no contaron con el respaldo de Monreal ni del presidente de la Corte. Por ahora.

Insistirán, porque no pueden gobernar en democracia.

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