Venezuela: ¿Sin gasolina?


Los bajos precios de petróleo y la falta de insumos para la gasolina han llevado a Venezuela a una nueva crisis. Médicos y policía son la prioridad al momento de consumir el combustible y realizan filas desde las tres de la mañana solo para cargar unos litros para el día.

En un buen día, podrán obtener 20 litros después de una espera de 10 horas, ni siquiera lo suficiente para llenar medio tanque de la mayoría de los autos compactos. A menudo no hay suficiente para todos, y hasta las ambulancias quedan marginadas por la escasez.

Todos los demás acuden a un mercado negro que, en algunos casos, está dirigido por los mismos militares encargados de salvaguardar las valiosas existencias para los trabajadores esenciales. En un barrio de clase trabajadora en San Cristóbal, cerca de la frontera con Colombia, un residente describió escenas de miembros de la Guardia Nacional que llegaban en camionetas para entregar gasolina en cerca de 2.5 dólares por litro. Hace unas semanas, el precio era de cerca de 1.50 dólares por litro y, durante años anteriores, no se pagaba esencialmente nada.

El aumento de los precios se debe al colapso de los futuros del petróleo a nivel mundial por las cuarentenas que han socavado toda la demanda, dejando a países desde Estados Unidos hasta Rusia llenos de petróleo no deseado. Los futuros del crudo en Nueva York para entrega en mayo cayeron por debajo de cero por primera vez el 20 de abril.

La escasez se debe a una combinación de factores, incluida la mala gestión y la corrupción en la estatal petrolera PDVSA, aunque el verdadero golpe vino con las sanciones de Estados Unidos que desde 2019 impiden que Venezuela exporte su crudo o importe productos derivados.

A medida que la escasez empeoró, el Gobierno entregó el control de las estaciones de servicio a los militares el mes pasado. En las gasolineras, el precio oficial subsidiado sigue siendo tan cercano a cero que a menudo regalan combustible a cambio de galletas en lugar de efectivo.

Eso crea la oportunidad de obtener ganancias vendiendo en el mercado negro por grandes márgenes. Daniel Guerra, un taxista de 31 años, conducía por un área remota de Caracas cuando vio a un grupo de adolescentes vendiendo gasolina en la calle. Comentó que tenían un recipiente de plástico y sin pensarlo dos veces les pagó 10 dólares.

La semana pasada, un residente de un barrio de clase alta de Caracas fue arrestado por construir una bomba de gasolina clandestina y dispensadores en el patio en su casa. La policía incautó unos 3 mil litros de combustible y el propietario se enfrenta a cargos por contrabando.

Fuente: El Financiero

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