Se puso feo el mundo


Por Leonardo Kourchenko (El Financiero)

Tenía una tía muy mayor de niño, tía de mi mamá de hecho, que pronunciaba una de esas frases rebosantes de sabiduría popular innegable: “Que fea está la vida, nena”, le decía a mi madre. La frase encerraba toda una serie de percepciones y saberes cotidianos que tenían que ver con la juventud, con el trabajo, con la educación, con el mundo. La Guerra Fría, los 70 alocados y rebeldes, el cambio de modelos económicos, el fin de la posguerra y su curva de crecimiento, la sobrepoblación, etcétera.

Hoy, en plena pandemia, todas las verdades sostenidas como inmutables se tambalean.

La ciencia no tiene aún respuesta clara, firme, indubitable respecto a un virus peligroso, letal, de contagio acelerado.

La economía tiembla ante las insensateces de líderes populistas en Estados Unidos, en México, en Brasil. Las premisas que permitieron crecimiento, desarrollo extendido como el libre comercio, como la colaboración internacional, como el libre flujo y acceso a mercados y capitales, hoy construye muros bajo engañosos argumentos territoriales.

El trabajo en el mundo enfrentará, en los próximos tres meses, el mayor desempleo registrado jamás en la historia –por su proporción numérica– y el más agudo desde la Segunda Guerra Mundial, hace 75 años. Casi un siglo de generación ascendente de empleos sufrirá el más grave revés con el sacrificio económico y familiar que esto va a implicar.

La educación ha venido preparándose década y media para cambiar premisas, transformar postulados, programas, maestros, roles y funciones de esquemas tradicionales a modelos flexibles, orientados al aprendizaje más que a la enseñanza, al desarrollo de competencias y habilidades más que la repetición memorística de conceptos y teorías. Currículas diseñadas más por los alumnos que por la academia. Ojalá llegue a tiempo a todo este cambio profundo.

La salud, hoy más rebasada y saturada que nunca, probó con la pandemia que ningún sistema está suficientemente preparado para enfrentar la agresión violenta de un enemigo como el coronavirus.

En días recientes, Noam Chomsky, un gigante en la reflexión política y filosófica de los últimos 40 años, profesor de lingüística y filosofía en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), declaró que todas las fallas del neoliberalismo estaban a la vista con el impacto de la pandemia.

Como otras voces en los últimos años, la inequidad social, la pobreza –que parece invencible a estas alturas, piense usted que el mundo lleva 50 muy sólidos años en su combate, y seguimos fracasando–, la concentración de bienes y capital en manos de unos pocos, la torpeza en extender y generalizar las bondades del libre comercio, han producido países con muy desiguales niveles de ingreso, educación, salud, empleo.

El mundo parece que se enfrenta a un momento crítico de redefinición de modelos y postulados. No los que propone el nacionalismo absurdo de los años 60 y 70, como la imposición de aranceles, los conflictos comerciales, la guerra a la migración, la autosuficiencia energética, el armamentismo: todos postulados de hace 50 años, superados, corregidos. Sino a nuevos postulados. Nuevas ideas que conformen lo que ya se discute en muchos ámbitos denominado como el nuevo orden global.

El mundo se puso feo, se difuminaron las expectativas de un futuro luminoso y prometedor; se desvaneció la idea de crecimiento sostenible, con beneficios sociales extendidos para cerrar brechas en todos los ámbitos. La construcción en suma de sociedades más igualitarias, equitativas, con igualdad de oportunidades, con desarrollo para todos.

¿Qué le decimos a nuestros hijos menores? Con qué esperanza de estudios, trabajo, carrera, compromiso, sensibilidad social les presentamos la vida para que no adivinen un futuro oscuro, sombrío, que se le escapa a una generación completa.

El mundo se puso feo, y no tendremos otra opción que reconstruirlo, hacerlo mejor, corregir los errores y las fallas, las pifias, evitar el oportunismo, la acumulación, el autoritarismo, el machismo rampante.

Erich Fromm, otro gigante del siglo XX, pero este en el terreno de la psicología social e interpersonal, escribió abundantemente de la generación de la guerra y la postguerra. La humanidad en busca de sentido. Bien nos vendría releer sus textos para dibujar un nuevo mañana y encontrar sentido a este feo mundo que ya no puede más.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .