Tras la novela, el gobierno del ‘reality show’


Por Salvador Camarena (El Financiero)

El gobierno ha decidido, dentro de la pandemia, convertir a Palacio Nacional en un set de televisión desde el que se transmiten cada vez más y más horas de ¿información? ¿Propaganda? ¿Mensajes revolucionarios? ¿Aló presidente? ¿Sermones? ¿Recomendaciones?

De lunes a viernes ya serían cinco horas al día, en términos redondos, las que transmitiría el aparato de comunicación de Andrés Manuel López Obrador.

No hace falta repetir que la mañanera se ha convertido en un fenómeno (lo cual no significa algo bueno per se). Es, sin duda, el espacio mediático donde el presidente de la República echa a andar el spin mediático que, según el mandatario, conviene a su gobierno. Esa sesión claro que funciona: con buenas o malas artes, pone temas –muchas veces sacados de la manga– que en cuestión de minutos hacen girar a la opinión pública.

Y si bien con la novela de las 7 el gobierno tuvo la suerte de encontrar a otro personaje de arrastre popular, uno que sacrifica seriedad por impacto –el científico López-Gatell, por ejemplo, ha hablado de la fuerza moral que protege al Presidente de los contagios–, lo cierto es que toda fórmula tiene sus límites.

Un mensaje está hecho para ser recibido. Pero su real mérito radica no sólo en llegar a su destino, sino en que logre el objetivo deseado: comunicar algo, motivar una acción, inducir comportamientos, convencer, etcétera. La mañanera, ya dije, lo logra. La novela de las 7 quizá ahuyente algo del peligro de contagiarse, mas algo informa y parece que mucho entretiene. Pero si ya tenían esos dos éxitos, ¿para qué y, sobre todo, para quiénes son los mensajes que ahora se emiten de 6 a 7 de la tarde, y la eventual de 8 a 9 de noche?

Contestar esas dudas pasaría por preguntarse a quién se le ocurrieron tales ‘productos’. Como todo en esta administración, sólo hay una respuesta. El nombre del productor de tales espacios es AMLO. Y nadie más.

A la vista de esto que ahora se emite cada tarde, cabe concluir que el Presidente cree que el país se detiene para atender las voces que salen de Palacio. Lo cual es harto cuestionable. Más cuando en esas nuevas producciones hablan funcionarios serios –como la secretaria de Economía, Graciela Márquez– pero que no necesariamente están apoyados de formatos ágiles o dinámicos que hagan que lo que se expone en cuanto a apoyos o créditos pueda ser capturado por un país que se comunica con audios cortos, videos, pictolines, videos y, por supuesto, memes.

Entonces, la pregunta persiste: ¿por qué hace esto la administración? En medio de la pandemia, cuando está a punto de que llegue la peor sacudida en términos de contagios y hospitalizaciones, al Presidente le interesa que su gobierno no desaparezca. Ese es el objetivo. Quiere hacer programas y programas en un afán de, según él, llenar los espacios que los medios no le dan. ¿Para hablar del riesgo? No. ¿Para abrir un espacio de inquietudes ciudadanas sobre atención médica y/o de apoyos económicos? Tampoco. ¿Para poner a los funcionarios a responder a la prensa? Menos. Las emisiones siempre dejan poco espacio a las preguntas, y luego ya sabemos qué ‘colegas’ van a esas sesiones.

Y es que la verdad es que el Presidente quiere oírse. Quiere que en el patio de su casa su equipo recite lo que él quiere que se diga. Si se oye o no allende Palacio Nacional, es algo que al parecer no importa. Porque si el objetivo era llegar a la gente, dos horas de ‘ruedas de prensa’ diarias no suenan ni modernas ni efectivas. Y eso sin decir que en medio de la emergencia nos damos como país el lujo de que el director del IMSS (así se llame Zoé Robledo) dedique una hora de su tiempo a hablar, en esas sesiones, del Pico de Orizaba o del Día del Niño. Se los juro. En plena pandemia, el Seguro Social, el sistema de salud más importante del país, tiene a su líder (es un decir) presidiendo un programa que ven muy pocos.

Quizá la presencia de Zoé obedezca a otro objetivo del Presidente. Convertir a su gobierno en un gran (es otro decir) reality show. Luces, cámaras, funcionarios y acción: ustedes no hablen mayoritariamente del riesgo por Covid-19, acaso pónganse a aplaudir a las 6:30 pm para que la (poca) gente vea cuán sensibles somos con nuestros empleados sanitarios, y digan lo que les digo que digan, nada más.

Estas nuevas conferencias no son audiencias ciudadanas de acceso virtual (muy necesarias), tampoco ruedas de prensa reales (de esas no hay en este sexenio). Son, cuando mucho, un show. Ni siquiera estoy seguro de que se vayan a convertir en un buen reality show.

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