Por Javier Risco (El Financiero)

En esta columna hemos sugerido en varias ocasiones voltear a ver la ventana española en tiempos de coronavirus. Adelantados varias semanas, han marcado un ritmo en la salud y en lo económico que deberíamos de tomar como lección, a ver si no es demasiado tarde. En la sección dominical del diario El País –ese diario que ha cedido ante los intereses de los poderes económicos, desde la visión presidencial, nada más ridículo que eso–, se publicó algo que desalienta en tiempos de la “nueva normalidad” que está por llegar. El reportaje se titula ‘La ciencia no prende en los emprendedores’; en ella el escritor Fernando Iwasaki explica cómo las startups biomédicas no han logrado convertirse en un trampolín de inversión para los que tienen el dinero. La reflexión es que, ante el panorama apocalíptico de lo que significa en este momento conseguir un cubrebocas o una mascarilla médica, o, por supuesto, una vacuna salvadora, lo fundamental que es que los grandes empresarios volteen a ver las escuelas de medicina, a los investigadores de este país e impulsen el desarrollo científico como el principal motor de la supervivencia social en los próximos cien años, que llegue un nuevo siglo donde la academia y la ciencia manden, y sólo lo harán si tienen la inversión de su lado.

Mientras esto sucede, hace algunos días en nuestro país, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) solicitó a los miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) la “donación voluntaria” de uno a tres meses del estímulo que reciben, en apoyo al combate de la pandemia por Covid-19. Tengo que aceptar que cuando leí esto creí que se trataba de una noticia falsa. No podía ser posible que desde Conacyt, en medio de esta crisis mundial donde las voces de la academia y la ciencia han tomado la principal relevancia, se les solicitara a los investigadores del país renunciar a un dinero que los ayuda –de manera parcial– a realizar su trabajo, por la situación de emergencia sanitaria del país. Era indignante que pudiendo rascar presupuesto de tantos lugares, como de una refinería que parece un pozo sin fondo, se les pidiera a los científicos ceder su salario. La reacción no se hizo esperar, miles de mensajes a través de redes sociales, contestando a la solicitud gubernamental: “¿Sabrá el Conacyt que los investigadores ponemos un montón de dinero de nuestro bolsillo para financiar nuestro trabajo? ¿Sabrá que muchos somos maestros de licenciatura que estamos arrimando el hombro para no dejar atrás a nadie? ¿En qué mundo viven?”, escribía la Dra. Miriam Bertrán a través de su cuenta de Twitter. Y sí, justo es la pregunta que nos debemos de hacer: ¿en qué mundo viven? Al menos no en el que se está transformando, el que DEBE privilegiar la ciencia.

El domingo por la noche Conacyt dio marcha atrás a su petición: “Vista la controversia que se ha suscitado al respecto de esa invitación, con el fin de evitar malentendidos, anunciamos por este medio que la retiramos formalmente”. El presidente López Obrador también pidió ayer en la mañanera que se retirara esta iniciativa de “sugerir” donar a los investigadores parte de su sueldo.

Es increíble que desde el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología estén pensando en ‘pasar la charola’, en lugar de hablar de un estímulo extra a los miles de investigadores y científicos; de hacer una propuesta formal para solicitar más presupuesto para 2021, o algún programa extraordinario para enviar más estudiantes a maestría y doctorado en los próximos tres, cinco y diez años.