Dos meses de ver a Gatell diario


Por Katia DArtigues (Animal Político)

Llevo dos meses de seguir la conferencia de la tarde todos los días. De ver a Hugo López Gatell y sus invitados cada 24 horas.

En parte por mi profesión, ya sé, pero también por un compromiso que hicimos en Yo También, una plataforma de contenidos sobre discapacidad, inclusión y accesibilidad: crear un video diario de pocos minutos con las noticias más importantes sobre la pandemia de forma inclusiva. O al menos compartiendo la pantalla a la mitad con un intérprete en Lengua de Señas Mexicanas y con subtítulos.

Fue un ejercicio interesante por lo mucho que me reveló de este momento en México, de sus dilemas.

Por la propia figura de López Gatell y su función de la “cara” amable y el pararrayos de la pandemia (él da la cara mientras el presidente sencillamente dice que se “domó” y se va a ver a Donald Trump). Una pandemia que sigue y seguirá por muchos meses más, aunque los medios día día le quitemos poco a poco el reflector por las otras muchas cosas que pasan.

El nivel subnacional

Pero este pasado viernes 10 de julio fue un día llamativo. Era viernes de semáforo, nadie los forzó a que lo anunciaran ese día: fue su propuesta. Y así había pasado ya en las últimas tres semanas. Pero ese día no lo dieron a conocer.

Ese día, en la conferencia diaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una reportera mexicana había hecho una pregunta general de México -sobre cómo veían el desarrollo de la pandemia- que derivó en una fuerte crítica al sistema de salud mexicano, a su débil vigilancia epidemiológica. Y López Gatell lo tomó casi personal (el video, por cierto, lo pueden ver aquí).

Se aventó casi un monólogo al inicio de la conferencia donde se dijo muy preocupado por lo que pasaba en el “nivel subnacional” (es decir, en estados y municipios). El uso de “subnacional”, poco común y hasta algo despectivo por su desuso, aunque técnicamente válido, dejaba claramente ver que le había dolido lo que el director ejecutivo de la OMS para Emergencias, Michael Ryan, señaló. Él también se dijo preocupado por el “nivel subnacional” y dijo que teníamos la quinta tasa más alta de letalidad en el mundo.

Contrario a lo que pasa en el país -donde el poder se concentra cada día más en Palacio Nacional- hubo una descentralización en el sistema de salud desde 1997, recordó Gatell. Y con las mejillas algo ruborizadas y molesto (contrario a sus particulares buenos modos y paciencia casi de santo al responder una y otra vez la misma pregunta) urgió a los gobernadores y presidentes municipales a actuar, casi en tono de regaño.

Un día después el tono cambió. Que no se trataba de buscar culpables. En una reflexión casi filosófica dijo que en la pandemia todos y todas contribuimos y afectamos y que en todo caso es una crítica a nuestra forma de vivir, de relacionarnos unos con otros y hasta con el mundo. Y se puso un cubreboca, que tenía en la solapa de su saco, ya preparado; aceptó que era un buen auxiliar cuando no se podía mantener sana distancia y sobre todo en espacios cerrados… cuando era algo que no había dicho con esa claridad antes.

Pero, querido lector, lectora, recuerde el dicho: las derrotas son huérfanas (nadie quiere aceptar su responsabilidad en ellas); en cambio todos se adjudican las victorias.

Aquí lo que hemos visto es un repartidero de culpas por doquier.

Las reglas cambian

Además del semáforo, unos días antes decidieron también cambiar el formato de la conferencia. Ya no arrancan con las cifras diarias de aumento de contagios, muertes, personas activas a las que nos tenían acostumbrados desde hace más de 130 días.

Sí están las cifras, pero las suben sólo al portal de coronavirus.gob.mx y lo hacen cada día más tarde, cerca de las 19:30 horas. Si su objetivo no es que las olvidemos poco a poco, lo están ocultando mal.

Ahora, como aceptan que tienen retrasos en la información -y ya ha provocado muchos sustos, como el 3 de junio y luego el 21 de junio cuando de sopetón confirmaron más de mil personas fallecidas (mil 92 en el primero y mil 44 en el segundo- tuvieron que explicar que no eran de un día para otro, sino de días anteriores y no se habían reportado.

Total que llevamos más de una semana ya viendo datos ¡de dos semanas atrás! Estamos por iniciar la semana 29 y comenzaremos a ver cifras de la semana 27. La razón que esgrimen es que esas cifras, por la distancia, nos pueden dar una mejor foto de la tendencia que puede cambiar en días si salen más personas a la calle o se reabren actividades rápido.

¿Una tendencia de cosas que siguen pasando rapidamente y sobre las que hay que tomar decisiones día a día?

También la información se desglosa más por entidad de la República, que está bien: sin duda que hay focos a los que hay que prestar más atención. Eso pasa en todo el mundo.

La conferencia también se volvió un espacio para contar casos: a través de la enorme pantalla que por lo general dice “Quédate en casa” se han presentado personas a contar su historia con la COVID-19. Que es para que las personas se sientan reflejadas.

¿No era una conferencia técnica? Cada día parece un poco más reality show y más si se toma en cuenta la notoriedad del propio subsecretario -al que cada día le encargan más cosas- y la atención que le dan hasta las revistas del corazón y corrillos políticos para comentar que si es divorciado, que si es soltero, que si ya se sonrió de más con Luisa María Alcalde.

Los villanos: hipertensión, diabetes, obesidad… y la desigualdad

Es cierto que no todos nos hemos portado igual en la pandemia. Por no creer en los gobiernos, en el virus, por irresponsables o porque de plano hay gente que tiene que salir a buscar la comida que va a llevar a la mesa ese día.

Aunque en una controversial declaración, el mismo Hugo López Gatell pareció en algún momento decir que la epidemia había sido importada por los más ricos, lo cierto es que ha agudizado todas las desigualdades: las tecnológicas, las de género, las de discapacidad y también las de pobreza. De hecho según el estudio “Mortalidad por COVID-19 en México, notas preliminares para un perfil sociodemográfico”, el académico de la UNAM, Héctor Hernández Bringas, documenta que 7 de cada 10 personas que han muerto en la pandemia tiene una escolaridad de primaria o inferior.

Otros de los villanos a los que -y no dudo que tenga razón- el subsecretario les ha echado la culpa son las enfermedades adicionales: la hipertensión, la diabetes, la obesidad. Esos villanos seguirán y habrá que combatirlos, sin duda.

¿Con qué me quedo tras dos meses de ver a López Gatell diario? Con incertidumbre en lo que está pasando y la seguridad de que al subsecretario, tras todo lo que ha hecho, le podrían venir bien unas vacaciones.

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