El verdadero pacto de Lozoya


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

La rifa del avión… pásenle, súbanse a ver que tenía una recámara, baño privado. ¿Ya vieron las alfombras?, ¿la mesa de juntas?, ¿el tamaño de los asientotes en que viajaban los neoliberales?

Sí, Presidente, eso lo tienen todos los aviones presidenciales, porque son instrumentos de trabajo de los jefes de Estado. Mientras se vuela se aprovecha el tiempo, se conversa informalmente con opositores, con intelectuales, se toman decisiones con integrantes del gabinete…. Pero, ¿y el quiebre de la economía, qué opina, Presidente?

Miren, miren, les cuento lo que me dicen que está cantando “el señor Lozoya”, que Odebrecht puso dinero en la campaña de Peña Nieto y por eso me ganaron a la mala.

El señor Lozoya, como se sabe, está acusado de recibir seis millones de dólares de la constructora Odebrecht. Seguramente parte ese dinero fue a la campaña del PRI-Verde en 2012 y no debe haber impunidad sino sanción, como ocurrió con el ‘Pemexgate’ y con ‘amigos de Fox’… ¿Ya vio la pérdida de empleos, Presidente?

¡Ah! y el “señor Lozoya” está diciendo que le pagó a panistas para aprobar la reforma energética, y que Felipe Calderón también salió entre los mencionados, lo mismo que Cordero y González Anaya y Meade.

Coincidentemente “el señor Lozoya” está mencionando a varios de los que usted ha señalado como sus enemigos personales, Presidente, y a otros cuya ética intachable parece molestarle pues están muy por encima de la que tienen los dirigentes de su partido y de los amigos que usted puso en el Senado, en la Cámara de Diputados y en gobiernos estatales.

Además, Presidente, el señor Lozoya, de manera por demás comprensible, está tratando de evitar la cárcel para él, su esposa, su mamá y su hermana. Lo insólito es que haya pasado de acusado a acusador por el pacto que hizo con el gobierno.

Hay que cuidar “al señor”, porque es muy importante lo que está diciendo. Bueno, yo me entero sólo por los medios, porque hace varios meses que no hablo con el fiscal general. Y lo que está diciendo destapa la corrupción de los priistas, de los panistas, de los neoliberales…

Diciendo, ¿ante qué autoridad judicial? ¿O se refiere, Presidente, a lo que su equipo filtra a los medios para que usted pueda amenizar un gran show con la justicia? ¿Ya presentó pruebas el señor Lozoya? Si las hay, que se proceda. Por cierto, ¿dónde está el acusado, ahora investido de acusador?

Abreviemos, Presidente: aquí el único puro es usted.

Usted que hizo campaña durante años y años por todos los estados y municipios del país, en avión, camionetas, mítines, colaboradores, hoteles, comidas, renta de templetes, sonido… sin recibir dinero público, ni privado, ni tener cuenta en el banco, ni tarjeta de crédito, sin endeudarse, y con sólo 200 pesos en la bolsa.

Parodias aparte, el único pacto que va quedando cada día más claro es el que hay entre AMLO y Lozoya.

Se necesitan mutuamente. El exfuncionario requiere desesperadamente el favor presidencial para que no le armen un proceso muy duro, a él y a su familia que tienen de rehén.

Y López Obrador está urgido de distraer la atención del desastre nacional en que nos encontramos por sus malas decisiones, y que –en su orden de prioridades– le puede costar a su partido perder la mayoría en las próximas elecciones.

La caída de la economía se espera en -20 por ciento para el segundo trimestre y -10 por ciento para este año, cuando pudo ser menor si hubiésemos contado con alguna estrategia. No hay nada.

Medio millón de empresas han sido destruidas por la crisis, sin que el gobierno atine a hacer algo. No son todas, faltan más en los meses que vienen.

Doce millones de mexicanos dejaron de tener ingresos, por la pandemia y el desinterés gubernamental por atenuar el golpe.

Nunca México había experimentado una recesión tan fuerte como la que empezamos a padecer. Y jamás habíamos tenido un gobierno tan indolente ante una crisis.

El impacto en desempleo, en seguridad y en violencia será brutal, porque no hay estrategia económica.

La administración pasada le dejó a la actual 279 mil 700 millones de pesos para emergencias. ¿Dónde está ese mundo de dinero que les dejaron los ‘corruptos’?

De los 280 mil millones de pesos que les dejaron, para emergencias, sólo quedan 30 mil millones de pesos (Fuente: SHCP, citada por El Sol de México).

Ese dinero no se usó para sostener la planta productiva ni defender el empleo. Se perdieron fábricas, comercios, millones de fuentes de ingreso y puestos de trabajo formales. El fondo se gastó, mayoritariamente, en pagar caprichos presidenciales.

Algún día el equipo gobernante tendrá que responder políticamente por ese saqueo a la nación. ¿O sólo van a castigar la compra, supuestamente negativa para las finanzas públicas, de una planta de Agronitrogenados?

Tampoco hay estrategia sanitaria. Cada quien da sus órdenes, contradictorias, y la gente se sigue muriendo.

Nos faltan 45 mil. ¿No había de otra, se iban a morir igual?

Sí, sí había de otra. Y los errores literalmente fatales cometidos por el gobierno causaron su muerte.

Además, la lista fúnebre es más larga.

De acuerdo con el trabajo coordinado por la Secretaría de Salud, en el que participaron Renapo, Inegi, Cenaprece, el Instituto Nacional de Salud Pública y el acompañamiento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “entre finales de marzo y finales junio se esperaban 130 mil defunciones en 20 estados analizados, pero sumaron 202 mil 077. Para el grupo poblacional de 45 a 64 años se esperaban 32 mil 301 muertes, pero hubo 63 mil 548. Un 97 por ciento de aumento” (nota de Ximena Mejía, en Excélsior del domingo).

Hay más de cien mil muertos por Covid, que no pasan por la contabilidad del subsecretario López-Gatell.

Él culpa a los medios, a los refrescos (que beberlos o no es decisión personal, contagiarse es tarea del gobierno prevenirlo), señala a los hipertensos.

En ese remolino de ineptitud económica y desastre sanitario estamos inmersos.

Y el gobierno no tiene una estrategia de salvamento nacional de la economía. No la quiso. Vaya, ni siquiera para atenuar el impacto en el empleo. Sólo hay show.

Pásenle, suban a ver la ducha de Peña Nieto en el avión presidencial. Miren los asientos reclinables de los neoliberales… Y ahora les cuento más de lo que dice “el señor Lozoya”.

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