La prensa: ¿El enemigo del estado?


Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

“En la primera enmienda, los padres fundadores dieron a la Prensa libre la protección que necesita para desempeñar su papel esencial en nuestra democracia. La Prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes. Se abolió el poder del Gobierno para censurar a la Prensa para que ésta pudiera tener siempre la libertad, de censurar al Gobierno e informar al pueblo. Sólo una Prensa libre y sin trabas puede denunciar, de una manera eficaz, los engaños del Gobierno…”.

Juez Hugo Black, Suprema corte de la justicia de la nación de los Estados Unidos sobre el caso del Gobierno de los Estados Unidos vs el New York Times y el Washington Post, 1971.

La libertad de expresión en México es una utopía. Por sexenios la prensa en este país ha sido amedrentada a base de sangre y balas, donde la valentía de unos cuantos retratan la realidad de un país que no cambia en lo esencial y que mantiene su constante de terror ante todo el que se atreva a levantar la mano para expresar su descontento.

La prensa, es ese sector dotado de poder y de gran influencia en los asuntos sociales y políticos de cualquier país y que tiene la fuerza para poner de rodillas a cualquier gobierno donde se respete la importancia de sus funciones en cualquiera de sus modalidades. La función de la prensa no es ser juez y verdugo, sino colocar en las manos de los lectores partes de la historia en desarrollo y plasmarla para la posteridad, para que todos seamos partícipes de ella y de la pluralidad que una democracia respetuosa exige.

Y sí, sé que al momento de comenzar este párrafo usted como lector se preguntará: ¿Bueno, pero también existe la prensa que se vende al poder? y tiene usted en toda la razón. A lo largo de la historia fatal de este país, existen muchas plumas que se han vendido y que han erigido grandes fortunas cobijadas por el poder político y empresarial, y muchos de ellos a lo largo de la historia han ocultado verdades, y en los momentos más críticos de conflictos en el país han tomado la decisión de tomar el papel y la responsabilidad de compartir con el poder político la historia de los vencedores, y eso, resta importancia al poder de la prensa para difundir ideas y crear conceptos desde los resultados, buenos o malos, de cualquier gobierno.

Sin embargo, nuestra función como ciudadanos es informarnos y tomar las mejores decisiones en un país que nos necesita y ahí, de nuevo,  en ese momento fundamental, la prensa tiene un gran peso específico donde todo  tiene como prerrogativa aumentar su poder político controlando todo a su alrededor,  entre ellos a la prensa.

Y es que la prensa escrita en México pasa por un grave y estricto problema propio de los tiempos digitales que vivimos. Según los datos del Módulo sobre la lectura 2020 (MOLEC) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI) en México, del 2006  la fecha, la población lectora disminuyó del 80% al 72.4%, donde siete de cada 10 personas de 18 años o más leen habitualmente, leyendo en promedio 3.4 libros al año en promedio y solamente un 25% leen noticias impresos o en medios digitales.

Por otro lado, según Reuters Institute, los mexicanos confían cada vez menos en los medios de comunicación impresos o de gran escala y prefieren las redes sociales para informarse. La mayoría de los encuestados acusó que dicha preferencia es debido a la gran polarización existente en el país y la forma “rápida y sencilla” en la cual pueden acceder a la información en redes sociales, algo que se convierte en una paradoja para un país que necesita una prensa robustecida y menos medios que multipliquen las famosas “fake news” así como muchos medios digitales pagados por el gobierno, que solo se encargan de ser voceros sin ningún tipo de fondo o análisis. Redes sociales Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp y Youtube, fueron tres veces más usadas que los medios impresos, es decir, 70% contra 26%. Mientras que los medios digitales fueron fuentes de noticias para 86% de los encuestados y la televisión solo 48%.

AMLO-Permanencias-Voluntarias

Entonces, ¿Por qué sigue Andrés Manuel López Obrador atacando a la prensa?

El presidente no soporta la crítica y como se dice coloquialmente: “Tira la piedra y esconde la mano” el mandatario desde que era un candidato ha mantenido una guerra frontal con todos los medios de comunicación que lo cuestionan por sus acciones y desdichos.

En una acto cínico e incongruente, el presidente de la república utiliza los medios de comunicación gubernamentales como el Canal Once y NOTIMEX para financiar programas propagandísticos que son reproducidos a diestra y siniestra por las decenas de medios digitales financiados desde el poder como Sin Línea o Polemón, así como las miles de cuentas que aparecen a favor del presidente.

Y es que para nadie es un secreto que a dos años de gobierno, el presidente López Obrador no ha entregado los resultados prometidos en su eterna campaña, por lo tanto, sus ataques a la prensa son válvulas de escape que le dan oxígeno, mismo que se le está terminando.

“Prensa Fifí”, “adversarios”, “Prensa Sicaria” han sido, por decir poco, los adjetivos que el presidente ha encontrado para nombrar a todo aquel que no se encuentre alineado con el gobierno federal tachando de periodistas inteligentes a todo aquel que sea prudentes con sus declaraciones, terminando con un “El pueblo los juzgará”

Si, el problema de AMLO es en contra de la opinión, cualquier que no le favorezca. 

Christopher Barnes, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, asegura que la prensa como cualquier actividad está abierta a la crítica, pero advirtió que López Obrador mantiene un sesgo autoritario, ideológico y despectivo a todo aquel que no aplauda sus acciones algo que puede motivar acciones violentas, como ha sucedido en muchos años en México contra de la prensa y los que se deriven de ella.

El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP, Roberto Rock, expresó que “las campañas sistemáticas de desprestigio de López Obrador también han apuntado contra medios internacionales como The Financial Times, The Washington Post o El País”, entre otros, algo que hace más evidente el grave problema que tiene el mandatario sobre la opinión negativa de su gobierno. 

Barnes ha criticado las acciones de Obrador desde las mañaneras, donde, la mañana del 25 de septiembre en su ejercicio de “La Mañanera” López Obrador dijo que se analizaron 148 textos de los cuales 95 hablaban sobre su proyecto de gobierno. De estos textos que hacen referencia a la 4T dijo que sólo el 10.6% (11 textos) fueron positivos, el 23% (21 textos) tenían posturas neutras y el 66.3% (63 textos) fueron negativas, y a pesar de que el mandatario aseguró que no existe una persecución en su gobierno en contra de la prensa que no lo apoye, el presidente de la SIP aseguró que tan solo nombrar a los medios es suficiente para censurar a dichos medios y etiquetarlos como “adversarios” algo que se sale de todo contexto del mensaje “conciliador del mandatario”

AMLO: La fenómeno de las redes sociales.

Pero, nadie puede negar que Andrés Manuel López Obrador cambió la forma de hacer política en un país tendencioso. El presidente conoce perfectamente que la sociedad mexicana persigue el canto de las sirenas y tiene bien calibradas sus baterías para dar el golpe en el momento que él lo desee.

El presidente mexicano utilizó los recursos a su alrededor y los convirtió en una poderosa herramienta que ni el mismo Goebbels habría podido igualar. Desde campaña,  el equipo del candidato orquestó decenas de ataques y ha mantenido la preferencia en la red social fundada por Mark Zuckerberg  en la que genera más interacciones con su audiencia. En esta plataforma AMLO generó más de 3 millones de “me gusta” y para el 1 de marzo de este año duplicó el número de seguidores con relación a los que tuvo el mismo mes de 2018.

Caso contrario a lo que pasa en Twitter donde el mandatario va cuesta arriba junto con el sospechoso comportamiento de cuentas falsas exponencialmente inverso a su realidad “facebukera”, y que se ha convertido en la piedra en el zapato para el mandatario. Varias plataformas de medición y calificación a los seguidores de López Obrador han detectado que existe, desde algún origen, un sin fin de cuentas falsas que apoyan al mandatario y que potencializan su imagen “positiva” o un ataque a cualquier que se atreva a contradecir lo dispuesto desde el púlpito. De acuerdo con la herramienta Sparktoro, López Obrador cuenta con  3,936,989 del cual el 56.4% de los mismo son falsos.

El presidente en ese estandarte de “cero corrupción” le pidió a la plataforma Twitter (donde obviamente tiene mayor desventaja) que las empresas deben transparentar los recursos que entran a sus cuentas por “bots”, a lo que la plataforma reviró respondiendo:

“Como cada trimestre Twitter reportó sus ingresos, producto de los servicios que ofrece la plataforma, con foco en la venta de publicidad. El reporte desglosa las cifras relevantes para entender cómo se generan los ingresos del servicio”, junto con un vínculo que lleva al desglose de los recursos.

Representantes del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y organizaciones sociales resaltaron que México es de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y la defensa de derechos fundamentales, por lo que sostuvieron que si bien se debe agilizar la transparencia del fideicomiso del Mecanismo de Protección, no debe desaparecer, como ya lo hizo en Senado este martes el aparato morenista.

Solo entre enero y mayo del 2020 se han violentado los derechos de 290 mujeres periodistas precedidas del año 2019 donde la organización sin fines de lucro en defensa de periodistas,  Artículo 19 detectó un mayor número de ataques contra medios de comunicación, lo que supone un incremento del 11% respecto al año anterior. Los datos indican que entre el 1 de enero y el 31 de diciembre se agredió a un periodista cada 15 horas.

La prensa en nuestro país se encuentra en medio de un fuego cruzado muy complicado que deben sortear, entre un gobierno de “transformación”  que ve enemigos en cualquier sombra y que ha convertido a la prensa en un enemigo imaginario del estado, cuando el propio enemigo son las  acciones de un gobierno ineficiente y corrupto que obliga al aplauso a base de billetes o de presión social desde el escarnio esparcido desde el púlpito de un gobierno que pretende alinear todo para que se les aplauda sin merecerlo y eso, es muy lamentable.

Hasta la próxima.


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