Mencho-Permanencias-Voluntarias

La 4T contra “El Mencho”


Por Eduardo Guerrero Gutierrez (El Financiero)

De acuerdo a un nuevo monitoreo realizado por Lantia Consultores, de las personas que de enero a octubre de este año fueron detenidas y puestas a disposición de la autoridad, y que los medios identifican como integrantes de alguna organización criminal, 309 son presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación. Es decir que cada mes, en promedio, se arrestó a 31. La cifra es casi el triple a los 10.5 arrestos mensuales de integrantes del CJNG que en promedio se registraron en 2019. Es claro que el gobierno de AMLO tiene un blanco prioritario, y que ese blanco es el CJNG. En lo que va de 2020 las detenciones en contra de otros grupos criminales importantes, incluyendo al Cártel de Sinaloa, al Cártel del Noreste y a La Unión Tepito, han permanecido estables o incluso han disminuido.

La embestida contra el CJNG no sólo se ha notado en términos cuantitativos. La organización de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, también ha sido la que ha recibido algunos de los golpes cualitativamente más contundentes. Entre los 309 detenidos hay 60 que ocupaban una posición importante (entre otros perfiles, eran jefes de sicarios, jefes regionales o autoridades que colaboraban con el CJNG). Por ejemplo, hace algunos días fue detenido en Puerto Vallarta Agustín González Chavarín, El Guty, de quien se dice que era uno de los operadores más cercanos a El Mencho y que era responsable de abastecer a la escolta personal de su jefe. Con esta detención pareciera que el cerco en contra de Oseguera Cervantes finalmente se va cerrando y que una captura podría ser inminente.

La decisión de AMLO de lanzarse con todo contra el CJNG implicó sepultar para siempre la estrategia de “abrazos no balazos”. También significó fortalecer aún más la posición de los mandos militares, que inevitablemente son quienes encabezan esta lucha. Del total de arrestos de integrantes del CJNG, en un 13 por ciento hay participación directa de elementos de Sedena, mientras que en un 28 por ciento se registra participación de la Guardia Nacional (a diferencia de las acciones en contra de otras organizaciones, que son encabezadas en su gran mayoría por corporaciones de policía estatal). La sorpresiva liberación del general Cienfuegos tal vez no hubiera ocurrido si el gobierno de México no hubiera podido demostrar que, siguiendo los deseos de Washington, Sedena y la Guardia Nacional habían logrado debilitar al CJNG en los últimos meses.

La embestida del gobierno, y la eventual captura de El Mencho, tendrán enormes implicaciones en el panorama criminal del país. Por un lado, como ha ocurrido antes, surgirán nuevos liderazgos y nuevos conflictos. Actualmente ya existen facciones con intereses contrapuestos, estas facciones inevitablemente recurrirán a la violencia armada una vez que la organización pierda cohesión interna. Tal vez la más temible sea el Grupo Élite, una banda con organización y armamento militar, que en los últimos meses se ha enfocado en la guerra contra el Cártel de Santa Rosa de Lima, en Guanajuato. Sin embargo, hay una veintena más de grupos que operan en alianza o subordinación directa al CJNG. Estos grupos se convertirán en una pesadilla aún mayor en el futuro próximo, sobre todo para las autoridades estatales y municipales. En el Valle de México, por mencionar un caso, opera el Cártel Tepito Nueva Generación, una franquicia del CJNG que tiene presencia (por lo menos) en siete alcaldías de la CDMX, además de Ciudad Nezahualcóyotl.

Por otro lado, si efectivamente se logra debilitar y desarticular al CJNG se dará un paso importante, que podría ser positivo en el largo plazo. Desde que Los Zetas dejaron de existir como una organización cohesionada, a principios del sexenio de Peña Nieto, el CJNG quedó como el principal motor de la expansión del crimen organizado en el país. El CJNG tiene un modelo de negocio sumamente eficaz: utiliza las enormes ganancias que genera el tráfico trasnacional de drogas para financiar ejércitos privados, que a su vez le permiten incursionar en nuevos giros delictivos, desde el robo de combustible hasta la trata de personas, en prácticamente todo el país. Sin el empuje del CJNG, difícilmente hubiéramos observado el espectacular aumento de los delitos de alto impacto, y de la violencia, que se observó en el último lustro en estados como Veracruz, donde históricamente la presencia del crimen organizado había sido marginal.

En lo inmediato no habrá sustituto para el CJNG. No hay ninguna otra organización con presencia nacional y con recursos equiparables, que pueda tener un impacto así de desastroso (si bien el Cártel de Sinaloa tal vez tendría los recursos, su cúpula ha mostrado menor interés en incursionar en actividades ajenas al tráfico de drogas). Sin embargo, no será fácil mantener esa situación. El desafío para el gobierno de AMLO no es arrestar a una serie de blancos y desmantelar una gran organización criminal. Eso lo hicieron también, en su momento, Peña Nieto y Calderón. El verdadero desafío vendrá después, y consiste en lograr que los grupos que llenen el vacío que dejará el CJNG sean distintos: menos grandes, pero también menos violentos, y con una menor capacidad para corromper las instituciones de seguridad y justicia.

 

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