¿Dejó de confiar?


Por Javier Risco (El Financiero)

El martes 28 de mayo de 2019, el presidente López Obrador lo dijo a los cuatro vientos: “Estoy de acuerdo, no hace falta que nos manden una notificación, estoy de acuerdo en que no se transmitan las conferencias en donde hay elecciones”. Así de claro.

Llevaba seis meses en el cargo y no tenía ningún problema con cumplir la ley –qué raro se lee eso, pero subrayarlo toma sentido en los siguientes párrafos–; sin embargo, de lo que dijo aquella mañana desde Palacio Nacional me detengo en el porqué el Presidente, en aquella época, no tenía ningún problema con NO transmitir sus conferencias en los estados que se encontraran en un proceso electoral. Recupero sus palabras: “Se puede informar de otra manera. No yo. ¿Y saben qué?, le tengo mucha confianza al pueblo, a la gente. El pueblo está muy consciente, muy sabido de las cosas, más que nosotros. La gente está muy despierta, muy avispada”. Así terminaba aquel día su mañanera.

Aquel presidente confiado en el pueblo se desvanece, al menos en su postura ante la NO transmisión de sus conferencias matutinas en periodo electoral. Ayer amagó con acudir a las instancias judiciales porque prohibir sus conferencias “sería un acto de censura, sería un agravio, un atentado a la libertad”. Incluso se atrevió a decir que no puede prosperar desde el punto de vista legal, aunque la Constitución ordena suspender toda propaganda gubernamental durante las campañas electorales.

El Ejecutivo invitó a la gente a que opine si está bien que el Instituto Nacional Electoral “nos silencie”, prohibirle hablar al Presidente. Y para cerrar, le envió un mensaje al consejero presiente del INE, Lorenzo Córdova: “Y que no se preocupe el director del INE; no somos iguales. Nosotros venimos de una lucha en donde hemos enfrentado siempre las prácticas antidemocráticas que él ha avalado, porque él se ha hecho de la vista gorda ante los fraudes electorales, ante las violaciones a la ley”. Vaya que se enojó el Andrés Manuel de 2021 con la prohibición de sus mañaneras en época electoral.

Algo que todos le han reconocido a la figura política de López Obrador es el pulso que tiene del país; no de las redes sociales, no del círculo empresarial, sino de millones de mexicanos con los que interactúa en sus incontables viajes, en sus pláticas privadas, en sus ojos y oídos en cada uno de los estados. ¿Por qué entonces dejó de confiar en la gente como lo hacía en mayo de 2019? ¿Cree que ahora la gente no esté ‘muy despierta’, ‘muy avispada’? ¿Ya no está consciente ‘el pueblo’? ¿Cuál es el panorama que ve electoralmente en 2021, para pasar de “estoy de acuerdo con que no se transmitan las conferencias” a amagar con acudir a instancias legales si le prohíbe la transmisión de sus conferencias?

Ahora veremos hasta dónde estirará esta liga y la cascada de descalificaciones, que tampoco son nuevas, contra el árbitro electoral. En un tiempo en el que insiste en desaparecer a los órganos autónomos, ha encontrado el frente de batalla más palpable para demostrar que aquí se hace lo que el Presidente dice.

Desafortunadamente para él, aquí se hace lo que la Constitución dice, ¿o no?

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