Nos estamos muriendo


Por Benjamin Hill (El Financiero)

En México muchas personas han muerto de Covid-19, aunque no sabemos exactamente cuántas. Entre las pocas certezas que tenemos está la de que las cifras oficiales subestiman los fallecimientos totales causados por la pandemia. Todo indica que morirán muchos más, aunque tampoco podremos saber con precisión cuántos serán. Nos enfrentamos a una deficiencia crónica y general en la calidad de los datos sobre contagios y fallecimientos. Una de las razones de esta deficiencia, quizá la principal, es la debilidad de los sistemas de registro y análisis de datos que afecta a toda la administración pública, a los tres poderes y a los tres órdenes de gobierno. Desde luego, existen islas de excelencia en el sector público, en donde se le da a los datos la importancia que tienen para conocer y mejorar la realidad, y en donde se les analiza con rigor; pero la regla general que permea en muchos ámbitos de la vida pública es la ausencia o fragilidad en protocolos, sistemas, capacidad instalada y humana para reunir y analizar datos. Una segunda razón que explica la ausencia de datos de calidad para conocer con exactitud las consecuencias de la pandemia es la renuencia para hacer pruebas generalizadas que pudieran decirnos cuántos son, quiénes son y dónde están los contagiados y fallecidos por Covid-19. La información que podría arrojar un sistema de seguimiento de resultados de pruebas masivas pudo haber ayudado a diseñar acciones focalizadas para prevenir contagios y salvar vidas, pero se decidió no hacerlo. Una tercera posible causa por la cual estamos condenados a tener malos datos, que no podemos confirmar ni descartar, es la posibilidad de que exista una intención deliberada de subestimar o de subregistrar los contagios y muertes por Covid-19, intención que podría ejecutarse sin mayor esfuerzo, simplemente no haciendo nada por mejorar las capacidades de obtener información, o cancelando posibles nuevas fuentes de datos, como ampliar la realización de pruebas.

Ya sea por debilidad institucional, por haber tomado malas decisiones o por ocultar deliberadamente la verdad, lo cierto es que perdimos una oportunidad de aprovechar esta coyuntura para construir sistemas y protocolos para robustecer nuestras capacidades de obtener más información y mejorar las acciones del gobierno en la prevención de contagios y fallecimientos por Covid-19. Todo indica que en cuanto a capacidades de recolección y análisis de información, una vez que pase lo peor de la pandemia, quedaremos como al principio.

A pesar de que vivimos en la oscuridad en cuanto a datos confiables sobre contagios y fallecimientos por Covid-19, hay algunas luces que nos podrían orientar en la estimación de las cifras reales acerca de lo que ha pasado con esta pandemia en México en el último año. Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel han elaborado para el laboratorio de datos de la revista Nexos (https://datos.nexos.com.mx/?p=1942) una metodología para estimar el exceso de mortalidad en la Ciudad de México, utilizando los datos de actas de defunción que publica el Registro Civil. Posiblemente se trate de la mejor estimación sobre la realidad de la mortalidad verdadera del Covid-19 en México con la que contamos. El exceso de mortalidad es la diferencia entre el número de muertes registradas en un periodo con las de las tendencias de años anteriores. Si por alguna razón excepcional –por ejemplo, la pandemia de Covid-19–, hubo más muertes en 2020 que en años anteriores, puede atribuirse a esa razón excepcional el incremento en fallecimientos. El estudio concluye que entre finales de marzo de 2020 y finales de enero de 2021, hubo 77 mil 469 fallecimientos en exceso para la Ciudad de México, si comparamos con el promedio de fallecimientos observados para periodos equivalentes de 2016 a 2019. Es una mortalidad 123 por ciento superior, o dicho de otra forma, fallecieron 2.23 veces más personas que las esperadas por los promedios de años anteriores. Este exceso de mortalidad puede atribuirse de forma directa o indirecta –por ejemplo, personas que murieron por otras causas pero que no recibieron la atención debida por la saturación de los sistemas de salud) a la pandemia de Covid-19. Esta cifra (77 mil 469 fallecimientos en exceso) es 2.66 veces más que el número de fallecidos por Covid-19 reportados por la Secretaría de Salud al 3 de febrero de 2021. Los cálculos de Romero y Despeghel indican que la Ciudad de México es la de mayor exceso de mortalidad en el mundo en términos absolutos y relativos.

¿Es posible calcular cuántas personas han muerto este año en México a causa directa o indirecta de la pandemia? Sin mejores datos y mayor transparencia, sólo es posible hacer aproximaciones. Romero y Despeghel pudieron hacer esos cálculos para la Ciudad de México porque esa entidad, a diferencia de los estados, hace públicos con cierta periodicidad los datos de fallecimientos. Lo único que es seguro es que nos estamos muriendo en México más personas de las que los datos oficiales indican, y que aunque sigamos subestimando el costo humano de la pandemia con nuestra incapacidad o falta de voluntad para tener datos más exactos, al final tenemos formas, como el estudio del laboratorio de datos de Nexos, para contar la historia real de esta pandemia.


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