Lo que no se dijo de la compra de la refinería


Por Jonathan Ruíz Torre (El Financiero)

A los demás presidentes no les quedó claro. A la gente le pesa mucho pagar la gasolina, es un asunto social y de un altísimo valor político.

Pero Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto solo tuvieron ojos y atención para las versiones provenientes de la Secretaría de Hacienda, cuyos argumentos mareaban a cualquier secretario de Gobernación o de Sedesol, que preferían ignorar el asunto, siempre y cuando cayera dinero del Presupuesto en su despacho.

El PRI y el PAN están fuera de Palacio Nacional y buena parte de la razón está en ‘gasolinazos’ que evidenciaban todos los días que a los ‘ejecutivos’ del poder Ejecutivo les importaban poco las familias que cobran menos de 20 mil pesos al mes. Son 8 de cada 10.

El candidato Andrés Manuel López Obrador lo entendió muy bien y ahora como mandatario, tiene el control del gobierno y él o su gente podría conservarlo a partir de anuncios como el de ayer cuando anunció la transacción de Deer Park: “Lo más importante –publicó en su cuenta de Twitter– es que en 2023 seremos autosuficientes en gasolinas y diésel; no habrá aumentos en los precios de los combustibles”. Eso es incuantificable para quienes pagan 4 mil pesos al mes en gasolina, aunque por el momento sea sólo esperanza.l

Luego está lo técnico y ustedes que entienden bien de números tendrán argumentos poderosos.

Los mexicanos se van a gastar 596 millones de dólares en fierros viejos que van de salida. Dinero que no tienen, pues de tenerlo quizá consentirían que se use para pagar algo de la deuda de más de 100 mil millones de dólares que tiene su petrolera Pemex. Decir que esta compra no se hace con deuda es expresar algo muy parecido a la mentira.

Lo más complicado es lo que van a adquirir: el equivalente a un carro chocolate de esos visibles en la frontera que están en buen estado, pero aún hay que meterle la llave en la ranura para abrir la puerta. La parte buena del negocio se la quedó Shell y lo dijo claramente ayer:

“La transacción cubre la venta de la participación del 50.005 por ciento de Shell Oil Company en Deer Park Refining Limited Partnership. Shell Chemical L.P. continuará operando su planta de Deer Park Chemicals, de propiedad total, ubicada junto al sitio”.

Sin ir a otro lado háganse esta pregunta: ¿a qué negocio le queda más tiempo, a la gasolina o al plástico? Los coches eléctricos pueden prescindir de lo primero, pero no de lo segundo.

En Shell lo saben. Deer Park Refining Limited Partnership hace gasolina; Deer Park Chemicals produce todo lo que ustedes necesitan para hacer plástico: Olefinas ligeras: etileno, propileno y butilenos.

¿Quieren datos que muestren qué negocio está en ascenso? Para hacer etileno se necesita etano y esto comunicó la semana pasada el gobierno estadounidense:

“La producción estadounidense de etano, un gas de hidrocarburo líquido (HGL) producido principalmente en plantas de procesamiento de gas natural, ha crecido rápidamente desde 2013. La producción casi se ha duplicado de 0.95 millones de barriles por día en el primer trimestre de 2013 a 1.85 millones barriles diarios en el primer trimestre de 2021.

“En nuestra perspectiva energética a corto plazo, pronosticamos que la producción de etano continuará creciendo en respuesta a la creciente industria petroquímica de Estados Unidos” es palabra de la Energy Information Administration.

La producción de gasolina está estancada en el mundo en buena medida porque los coches son más eficientes. Pueden creerle al director general de Shell:

“En un mundo que debe detener el cambio climático habían dos opciones para Shell. Podíamos ver que el petróleo y el gas todavía tienen un rol por jugar, así que la primera opción era enfocarnos en petróleo y gas.

“Tomar esa opción sería la de aceptar que en algún momento nuestro negocio se va acabar. Como saben, tomamos la segunda opción”, expresó el 7 de mayo Ben van Beurden en un mensaje en el que explicó a sus accionistas la razón de ir por la producción de biocombustibles e hidrógeno.

Shell accedió a vender porque está obligada a reducir su huella de carbono. El presidente López Obrador optó por la política con esta compra.

Eso tendrá un costo, entre otros, el que los trabajadores de Pemex se conviertan de a poco en guardianes de negocios petroleros del pasado. Adiós presente. ¿Adiós futuro?

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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