El periodismo en México: Bajo ataque


Desde la presidencia se orquesta un esquema contra la prensa crítica.

Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

Bob Woodward y Carl Berstein estuvieron directamente involucrados en el mayor escándalo político en la historia de los Estados Unidos: el Watergate. Ambos periodistas del Washington Post descubrieron información importante que sugería una gran variedad de actividades ilegales en las que estuvieron involucradas personalidades del gobierno estadounidense presidido por Richard Nixon. Estas actividades incluían el acoso a opositores políticos, a empresarios, a personal civil  y  funcionarios considerados sospechosos, a grupos de activistas, a figuras políticas importantes e incluso a grupos religiosos, utilizando para ello organizaciones policiales o servicios de inteligencia, como FBI, la CIA o el Servicio de Impuestos Internos (IRS).

El escándalo destapó múltiples abusos de poder por parte del gobierno de Nixon, que dimitió como presidente de los Estados Unidos en agosto de 1974. El escándalo afectó a un total de 69 personas, de las cuales 48 fueron encontradas culpables y encarceladas, muchos de ellos altos funcionarios del gobierno.

En la historia que existe entre el periodismo y el poder, este es el mejor ejemplo que existe de como estas dos figuras antagonistas se han convertido en un enemigo jurado gracias a la labor de investigación de uno y el mal uso de los recursos públicos del otro, y que sucede en cualquier país, en cualquier lugar, en cualquier esquina.

La interacción entre el poder y la prensa ha ido de la mano desde muchas trincheras que, aunque no le parezca al gobierno, son esenciales para que las autoridades se sientan observados y caminen cerca de la legalidad que entiende un estado democrático.

Pero desgraciadamente la historia no siempre favorece al que busca la verdad.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.  De 2018 a 2022, 54 periodistas han sido asesinados en México, y 144 desde el año 2000, colocando al país en un nada honroso tercer lugar por debajo de Siria y Afganistán.

Hace unas semanas, el quinto número fatal de esta cuenta de muertes en este joven 2022 se llamaba Heber López Vásquez de 39 años. Los tiros le sorprendieron en el estudio de grabación de su casa donde cayó muerta una de las voces críticas sobre la realidad de Oaxaca.

El poder en México se ha convertido en un cheque en blanco para ejercer violencia sin medida a todo aquel que estorbe a los berrinches del que se encuentra en el poder o tenga nexos con el crimen organizado, y de forma desafortunada, no existe  al parecer nada ni nadie que detenga el embate del poder en contra de la prensa que hoy tiene una nueva escala: La presidencia de la república.

Y es que ya está de más hablar o escribir el por qué el presidente de la república está emberrinchado contra la prensa. El presidente de la república se ha asumido como un mártir político y ha lanzado una vendetta de provocaciones, insultos, descalificaciones y violencia verbal en contra de todo aquel que se atreva a apuntar las malas acciones de él, de su gobierno y de sus familiares cercanos que sospechosamente viven como reyes a expensas de jugosos contratos del gobierno federal y que son atacados de forma voraz por él y por todos los bots a su servicio en redes sociales de todo estilo.

Llamar traidores a la patria a la prensa escrita o digital, encendió los focos rojos de todo el mundo, incluso, publicaciones como The Economist que ponen a México en un régimen democrático híbrido, vaya, un poquito más abajito de los regímenes autoritarios como Nicaragua o Venezuela.

Pero esa palabra, Traidor, es un calificativo muy fuerte e interesante. De acuerdo con el Código Penal Federal, Segundo Libro, Título Primero: Delitos contra la Seguridad de la Nación, capítulo I dice:

Traición a la Patria, Artículo 123, en términos generales, se considerará traidor o traidora a la patria a toda aquella persona que «realice actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero», entonces, o bien el presidente es un verdadero ignorante sobre la ley mexicana, o simplemente está midiendo de una forma muy peligrosa de que cuero salen más correas.

Así como Richard Nixon, uno de los mayores corruptos de la historia de los Estados Unidos utilizó al estado para amedrentar a todos, el presidente de la república ataca a la prensa con toda la fuerza de las instituciones por el simple hecho de apuntar algo que está podrido a su alrededor donde el mensaje entre dientes es : “Si te atreves a apuntar o a disentir, te las verás conmigo”

Después de la escalada de los ataques al periodismo, el personal de prensa que cubría las sesiones de la cámara de diputados le dio la espalda a la bancada morenista, mientras tanto, la prensa que convive todos los días con el presidente en su circo de la mañanera dejó de preguntarle cosas poniendo en evidencia que, si no hay nadie a su alrededor que lo cubra, el presidente estará solo desde el sector extenso que es la prensa.

El presidente se la ha pasado todo su gobierno dando manotazos en la mesa, ha gobernado a base de berrinches y desconsuelos y eso le ha roto su esquema, su imagen, su presidencia.

¿Se imaginan cuantas veces hubiera tenido que dimitir el presidente López Obrador? Si desde la fundación de un partido que sirve como caja chica para su familia, desde que han sido encontrados videos y audios donde su propia gente mueve masas con dinero ilícito a favor de él y desde que uno de sus hijos se ha convertido en el epitafio de su sexenio entre contratos y opacidad y decenas más que siguen debajo de las aguas turbias de la 4T y que desafortunadamente no han salido a la luz.

Ojalá en México existieran muchos Watergate. Ojalá el presidente entienda que el país no es de su propiedad. Ojalá entendiera que el único traidor a la patria es aquel que promete trabajar para el pueblo y lo único que hace es destruirlo. Ojalá el presidente se entere en algún momento que los mexicanos estamos hartos de esta mala, corriente y de cuarta caricatura llamada política mexicana.

Solo quiero terminar diciéndole algo al presidente ocupando sus propias palabras: «Ya no podemos permitirles un abuso más. El tigre no tiene miedo y ya despertamos»

Hasta la próxima.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: