AMLO en un país en guerra o en el Nunca jamás…¡Lo que pase primero!


Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

La guerra de Calderón comenzó en enero de 2007. En el campo Marte, el otrora presidente espurio comenzaba una de las guerras más desorganizadas e incomprensibles de la historia de México. Vestido de verde, con los miles de soldados a la espalda y un aspecto osco e imponente, Calderón intentó, sin éxito, mostrarle al crimen organizado que el estado mexicano tenía el poder suficiente para entablar una guerra, que, hasta el momento, no deja bien parado a ningún gobierno.

De esa escena de triunfalismo prematuro, lo único que ha permanecido en estos 15 años ha sido la superposición entre el poder civil y militar representada en un uniforme militar que le quedaba tan grande en la percha como en la actuación del presidente, mientras tanto, el país está sumido en una emergencia de seguridad por el poder de capos de la droga que hoy, a manos de Andrés Manuel López Obrador sufre los años más violentos de su historia moderna.

Hasta mayo del 2021, la cifra de muertes por la “Guerra contra el Narco” asciende a 350 mil personas y más de 100 mil desaparecidas, cifras que nos colocan debajo de países en guerra como Irak. En 42 meses de la actual administración, se han registrado 121,655 homicidios dolosos y feminicidios, con lo que ya se superaron las 120,463 muertes violentas ocurridas durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa y está a poco más de 34,000 de rebasar la violencia registrada por Enrique Peña Nieto.

Como resultado de la guerra contra el narcotráfico se incrementó el número de cárteles de drogas en México, por ejemplo, en 2006, había seis organizaciones de este tipo: el Cartel Milenio, La Familia Michoacana, El Cártel de Gofo, El Cártel de Tijuana, El Cártel de Juárez, y el Cártel del Pacífico. En el año 2007 había ocho organizaciones, mientras que para el año 2010 el número aumentó a doce y en el 2012 se identificaron dieciséis cárteles. La fragmentación de los cárteles presenta uno de los mayores problemas para el gobierno mexicano pues las organizaciones pequeñas pueden funcionan más fácilmente y no son tan perceptibles, por lo tanto, son los que más pueden ejercer violencia en localidades o comunidades.

Muchos mexicanos nacieron y viven en una guerra que al parecer no tiene fin. El desmedido crecimiento de los grupos criminales dentro de las mismas organizaciones y la ilusa e increíble política de abrazos no balazos que implementó el presidente Andrés Manuel López Obrador desde el inicio de la campaña, limitaba a los militares a ejercer la fuerza del estado sobre las células delictivas mientras, en esas paradojas increíble de un país surreal, las fuerzas del estado se multiplican en las calles como la policía de a pie.

Hasta 2021 se incrementó a más del doble el número de elementos de las Fuerzas Armadas involucrados en tareas de seguridad pública. Desde el 2006 el número de homicidios dolosos casi se triplicó. Los miembros desplegados pasaron de los cerca de 50,000 con Calderón, a 130,000 con  Enrique Peña Nieto, y hasta más de 150,000 bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, contando al Ejército y efectivos de la Guardia Nacional, sí, esa “institución” que pasó de ser una promesa electoral para restar presencia al Ejército en las calles, a un cuerpo de mando militar que ahora aparte de ser policías, son constructores de obra pública, guardianes de puertos y aduanas, o muro contra migrantes, siendo usados en más de 6,000 actividades y caminando a base de billetazos, muy comunes en este gobierno donde la opacidad para rendir cuentas se ha convertido en el común denominador.

Sí analizamos los números fríos de nuestra actualidad, México vive niveles de violencia de un país en guerra. Ocupamos el cuarto lugar de 193 países en cuanto a criminalidad se refiere, solo nos superan países cómo Ghana o Afganistán, estamos situados en el puesto número 137 del ranking de paz global, por lo tanto, podemos considerarnos un país peligroso según cifras del Instituto para la Economía y la paz, somos, realmente un caos.

Y como siempre el presidente sorprende con su cinismo y falta de tacto al momento de abordar ciertos temas que evidentemente desconoce.

Ahora, el presidente de México en esos increíbles destellos de superioridad imaginativa que tiene, por que no vive en el mundo real, espera que México, junto con la India y el Vaticano lideren un comité para negociar una tregua de cinco años entre Rusia y Ucrania, pero la propuesta parece abocada al fracaso antes incluso que se formalice en la Asamblea General de la ONU debido a las críticas surgidas el sábado desde el gobierno ucraniano donde Mykhailo Podolyak, le dijo literalmente, o parafraseando un poco, a AMLO que era un hocicón de gran escala, diciendo que: “Pacificadores’ que usan la guerra para sus propias relaciones públicas solo sorprenden. ¿Su plan es mantener a millones bajo ocupación, aumentar los entierros masivos y darle tiempo a Rusia para renovar las reservas antes de la próxima ofensiva? Entonces su plan es un plan ruso”

Y si, efectivamente señor Podolyak tiene usted razón. AMLO es un hocicón, que usted quiso disfrazar de “pacificador”. Un hocicón que es presidente de un país en guerra desde hace más de 15 años, y que pide paz, cuando gobierno a 126 millones de mexicanos que ni siquiera conocen el concepto.

Y eso, es muy pinche lamentable.

Hasta la próxima.

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