El mito del interés popular


Por Leonardo Kourchenko (El Financiero)

“Como lo nuestro es mandar obedeciendo, por eso obedecemos y marchamos, porque la gente quiere”, declaró Andrés Manuel López Obrador el pasado 15 de noviembre en su evento matutino.

¿Quién, presidente? ¿Quién le ha pedido que el jefe del Ejecutivo marche el próximo domingo?

Simplifico la respuesta: nadie.

Es una idea surgida de su equipo de propaganda, de esos ingeniosos manipuladores de la realidad, esforzados hasta el cansancio por encubrir el fracaso de la 4T.

Una mentira replicada millones de veces: la gente quiere, el pueblo demanda, el pueblo se expresa.

Le comparto algunas historias del terror y la coerción:

Los operadores de Morena en todo el territorio nacional iniciaron hace siete días el operativo. Miles deben “acompañar” al presidente en esta marcha… ¿por qué era la marcha? Si no es para defender su reforma electoral, es decir, destruir al INE; entonces, ¿cómo se justifican el gasto, el tiempo, la movilización de miles de seguidores y beneficiarios de Morena?

Se ha inventado ahora “la celebración por los éxitos de la 4T”. Otra aplastante falsedad que no se demuestra en ningún terreno.

En Morelos, coordinadores territoriales de Morena iniciaron la elaboración de las listas para confirmar a sus participantes. Ante la negativa a la participación voluntaria de madres, alumnos o personas mayores, todos beneficiarios de programas sociales, apareció la amenaza: “tal vez no llegará la pensión del próximo mes”; “puede que se retrase la entrega del programa”, y así por el estilo.

En la Ciudad de México, tianguis, mercados y puestos ambulantes en alcaldías gobernadas por Morena, que no sólo tienen sus permisos sino además algún “estímulo”. Los distribuidores de puestos y esquinas, los líderes que cobran cuotas por la presencia de carritos de venta o kioskos móviles, exigieron la participación el domingo 27, bajo amenaza de perder concesiones y permisos. “O van, o vamos a tener que revisar su permiso” les dijeron.

En Campeche, donde la artillera Layda Sansores se ha convertido en el principal ariete del presidente, giró instrucciones para una nutrida y muy sonora caravana hasta la CDMX desde el sábado para estar muy temprano en la marcha. Ante la resistencia de empleados públicos y de gobierno, corrió la versión de que su aguinaldo podría no llegar.

Entre la extorsión y el chantaje están los argumentos de participación obligatoria.

La voluntad popular es inexistente, es producto de una entelequia política e ideológica, cuando no se trata de votaciones serias, auscultadas, registradas y contadas.

El presidente marcha porque pretende enviar un mensaje de fuerza invencible ante los próximos compromisos electorales. AMLO sueña con construir imágenes multitudinarias de respaldo arrasador que difundan la versión de que “el país lo respalda de forma mayoritaria”.

Se gastarán millones de pesos en traslados, lunches, cuotas para operadores, para líderes locales y de colonias, se producirá una enorme movilización para proyectar ante la oposición y el mundo que AMLO tiene miles de simpatizantes. Pero la verdad muchos de ellos serán acarreados bajo las técnicas clásicas de la movilización política en México.

Cuando una administración afirma que ejerce las funciones de gobierno por y para los intereses del pueblo, traiciona a la nación cuando ninguna de sus promesas se ha cumplido.

Incluso en el Senado, los morenistas presionaron a Ricardo Monreal, líder de su bancada —quien anunció su ausencia de la marcha por un viaje de trabajo a España— para que cancelara y asistiera a la manifestación. El argumento expreso “estos son tiempos de apoyar al presidente”.

¿Está en el interés popular marchar para celebrar los éxitos de la transformación?

Debiéramos preguntar, ¿cuáles? No será la salud pública derrumbada y desmantelada; ni la educación pública sin planeación, estrategia, presupuesto ni proyecto; no podrán ser tampoco las multicitadas obras de infraestructura, puesto que el Tren Maya ya costó más del doble y este año de 2022 terminará con el ejercicio de 142 por ciento del presupuesto originalmente autorizado; o Dos Bocas que va en 400 mil millones de pesos con un incremento del 71 por ciento en presupuesto; si se trata del combate a la pobreza con los célebres programas sociales de la administración, pues el INEGI reporta un incremento en niveles de pobreza extrema y media de 4.0 a 6.0 por ciento; o tal vez la lucha contra la corrupción, donde 83 por ciento de los contratos de este gobierno han sido asignados de forma directa, sin concurso ni licitación de por medio.

¿Dónde están los éxitos y motivos para la celebración?

No hay, más allá del capricho presidencial por una falaz demostración de fuerza política y respaldo popular, con decenas de miles pagados, amenazados y acarreados.

¡Viva la 4T!, la máquina más depurada para la manipulación y el acarreo.

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