¿Van a sobrevivir los ‘unicornios’?


Por Jonathan Ruiz Torre (El Financiero)

Hace unos cinco años estaban en el lugar de cualquiera. Frente a un escritorio y una computadora que no los suelta. Hoy están igual, pero con una empresa valuada en más de mil millones de dólares sobre su espalda.

Duermen poco, a veces a un lado del escritorio, y no, no necesariamente estrenan carro. Hay prioridades. Son emprendedores como los de Bitso, Clip, Kavak y el resto.

Todos me contestan lo mismo: ¿Cómo te sientes luego de esa ronda de inversión? “Con mucha responsabilidad”. ¡Claro! Tienen a los inversionistas en el cuello.

Las noticias de recortes que impactan a México, como los ocurridos en Twitter, se replican en el país con rumores o la confirmación de bajas en esas empresas nacionales. A eso se suma el temor: ¿todavía valen lo del año pasado?

Difícilmente. El índice Nasdaq, en donde cotizan las más grandes empresas tecnológicas, cayó 26 por ciento respecto a 2021.

¿Por qué sirve como referencia pese a que ese índice está en otro país? Porque el origen del salto que dieron las valuaciones de las empresas proceden del mismo origen: la abundancia de dólares y euros, sumada a casi nulas tasas de interés.

Vamos por partes. Preocupados por lo que pasaría con su economía, primero por la crisis de Lehman Brothers y luego durante la pandemia, los bancos que imprimen euros y dólares, los “fabricaron” al ritmo de la expansión del virus. Billones (trillions) de dólares y euros fueron enviados de los bancos centrales a los bancos comerciales.

Quienes tienen cuentas grandes tomaron buena parte de ese dinero y lo repartieron. Muchos de ellos invirtieron en el mercado del Nasdaq y otro tanto en empresas que aún no llegan al Nasdaq, pero que pueden llegar, eso que llamamos ‘unicornios’.

La consigna fue simple: ‘la tecnología está en boom, agarra lo que puedas’.

Lo que tuvimos antes de la inflación de la gasolina y las tortillas, fue una inflación en el valor de esas empresas. ¿Por qué? Porque había dinero para pagar lo que sea.

Ahora los bancos centrales como la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, están recogiendo dinero porque la inflación llegó antes de tiempo al refrigerador y al tanque del carro, en buena medida por un loco que armó una guerra en Europa.

Los bancos centrales ya no imprimen billetes y promueven que la gente regrese el dinero al banco de la esquina, a cambio de mejores tasas de interés. Dinero hubo; el que alcanzó, alcanzó.

Los que alcanzaron y mantienen cuentas bancarias grandes, hacen una nueva evaluación de sus inversiones. Adiós a los emprendedores de alto riesgo. Los ricos buscan por principio no perder lo que ya tienen, me explicó una vez Tom Keene, periodista y conductor de Bloomberg, con esa voz de sierra disparada desde sus casi dos metros de altura.

Vaya, si Mercado Libre bajó 20; Tesla perdió 45 por ciento; Google, 30 y hasta el valor de Apple cayó 11 por ciento en un año… ¿Por qué sería distinto para empresas tecnológicas mexicanas que apenas despegan? Claro que valen menos y los recursos a su disposición también se restringen. ¿Pero van a quebrar?

Estoy seguro de que varias ‘fintech’ mexicanas sí van a quebrar. Gastaron toneladas de dinero en marketing y publicidad para argumentar un valor que no tienen.

¿Qué hacen ustedes? Te damos tarjetas para cada uno de tus empleados, para que administres cada gasto, hasta en gasolina. ¿Saben que la vieja American Express tiene un producto igualito desde hace más de 10 años? ¡No! Ah, bueno.

Las que sobrevivan serán las que entreguen valor. Su servicio debe servir para algo. Perdonen la redundancia, si el servicio es verdaderamente eficiente para facilitar el mercado de carros usados y cuidan su calidad, sobrevivirán. Si no, no.

Si el servicio es verdaderamente útil para comprar fácilmente y con seguridad criptomonedas, triunfarán. De lo contrario, morirán. Si la ‘chunche’ naranja sirve para facilitar pagos con tarjeta en changarros, seguirá el éxito.

El problema es para quienes se enfocaron en engañarse a sí mismos y a los demás para bombear inexplicablemente el valor de la compañía y luego poder venderla. Se acabó la cascada de dinero, ahora cada gota es revisada. Ni modo. Así nos hacemos eficientes.

Por cierto, esto no es como la burbuja de los puntocom. Mañana seguimos.

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