El sismo de 7.5 grados que azotó la zona de Myanmar, dejó en ruinas uno de los centros sagrados y turísticos de la zona
Mandalay solía ser conocida como la ciudad de oro, salpicada de relucientes pagodas y túmulos budistas, pero en la antigua capital real de Myanmar ahora hay un hedor a cadáveres.
Se han acumulado tantos cuerpos desde que el terremoto de magnitud 7,7 que azotó Mandalay el viernes pasado, que han tenido que ser incinerados, según cuenta un residente.
El número de muertos por el terremoto y las réplicas ha superado los 2.700, con miles de heridos y cientos de desaparecidos, según el jefe militar de Myanmar. Se espera que estas cifras aumenten.
Los residentes de la segunda ciudad más poblada del país afirman haber pasado noches sin dormir, deambulando por las calles con desesperación mientras escasean los alimentos y el agua.

La mala infraestructura y la guerra civil que vive el país están obstaculizando gravemente las labores de socorro en Myanmar, donde el ejército tiene un largo historial de ocultar la magnitud de los desastres nacionales.
Se espera que el número de muertos siga aumentando a medida que los rescatistas accedan a más edificios derrumbados y distritos aislados.
El servicio de bomberos informó haber rescatado a 403 personas en Mandalay en los últimos cuatro días y recuperado 259 cuerpos. Se cree que el número real de víctimas es mucho mayor que la versión oficial.
El terremoto de la semana pasada también afectó a Tailandia y China, pero su impacto ha sido especialmente devastador en Myanmar, un país asolado por una cruenta guerra civil, una economía paralizada y una desilusión generalizada desde que los militares tomaron el poder con un golpe de Estado en 2021.
Fuente: El Financiero


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