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#TodosSomosTadeo Hablemos un poco de por Edel López Olán


Cuando estamos en un mundo donde la violencia y los intereses de otros se encuentran por encima de la humanidad, créanme, estamos enfilados en un tren directo al infierno. Desde el año 2000, nuestro país está en medio de una ola de violencia sin precedentes. Hoy, decenas de muertes que se acumulan cada día, se encuentran fuera de la prerrogativa de cualquier candidato a la presidencia.

Hoy, querido lector, apelaré un poco a su imaginación. Hoy, deseo que haga un pequeño viaje por una historia de nuestro país:

Imaginen que son un bebé. Sí, un pequeño ser de apenas 8 meses que aún no entiende que sucede alrededor. Imaginen sus ojos aún habituándose a la luz, al color de sus manos, al olor que existe a su alrededor. Imaginen una mañana fría. Una mañana donde el llanto es la mejor forma de decir:

¡Ey, tengo frío!…¡Protégeme!…¡Ayúdame!

Ese llanto, esa expresión sonora de inmediato es sustituida por un abrazo fraternal, un calor exponencial que se acompaña por un sonido que reconoces desde que estabas dentro:

 ¡Pum…pum…pum!

El sonido del corazón de tu madre retumba de forma tierna en tu cabecita, retumba de forma conciliadora, da paz. imaginen todos los sonidos de la calle a su alrededor. ¿Quién es ese hombre que habla? – te preguntas. Lo reconoces. Es la voz que mascullada a través de una húmeda prisión que te mantenía feliz. Una voz que sonreía y que te encontraba de una forma u otra. Ahora, imaginen el sonido de un camión. Un lugar donde las voces, colores y olores se multiplican de forma exponencial. La luz del día entra por la ventana y el tímido sol alumbra todo a tu alrededor.  Observas tu mano. Sí, esa pequeña bola con palitos que observas todos los días y que lentamente se acerca a tu boca. La mano de tu madre la aleja y te sonríe mientras acaricia tu rostro. Eres feliz. Es un sentimiento que no conoces, pero lo sientes, lo percibes. Y así, lentamente, con el vaivén del camión comienzas a dormir. Imaginen la sonrisa. Imaginen el momento. Imaginen como en un día normal, todo cambia de un momento a otro.

Detonaciones. Despiertas.

Un sonido repetitivo es acompañado de gritos que no reconoces. Gritos de odio, desesperados. Imaginen esos sonidos te golpean por todos lados. Cerca de ti los sonidos estridentes de la voz de tu madre se escuchan a corta distancia. Te abraza.  Imaginen como ella los aprieta a su cuerpo. Ese cuerpo que se convirtió en el escudo perfecto del calor que comenzó a sentirse alrededor. Un dolor sube por tus piernas y espalda, un dolor que inevitablemente, por su intensidad, te hace llorar desesperado, tratando de encontrar una explicación. Imaginen que no pueden respirar, que tus pequeñas manitas buscan el rostro de tu madre, imaginen, que lo último que ven es a una madre que los observa e inexplicablemente sonríe por unos segundos tratando reconfortarme, tratando de mitigar tu dolor. imaginen que ya no escuchan nada, y que lentamente una mañana de mayo, en medio de mucho dolor, dejas de soñar.

La mañana del 22 de mayo, Tadeo y su madre fueron calcinados por el crimen organizado dentro de uno de los tantos camiones que ocuparon para realizar narcobloqueos en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. La noticia es implacable. La nota recorrió el mundo como lo han hecho las muertes en Siria o el éxodo de refugiados en Europa; sí, una noticia más que nos trastoca el alma y que cambio no solo la vida de una familia, sino que ya cambia a cada momento la forma de observar a nuestro país a poco tiempo de un proceso electoral.

La noticia de la muerte de Tadeo convierte en imperativo que los candidatos a la presidencia observen la seguridad nacional e interior como una prerrogativa de sus próximas administraciones. El terror del narcotráfico ha alcanzado en nuestro país desafortunadas proporciones, que mañana, encontrarán una nuevas vías para llegar a nosotros. La inexistente voz de Tadeo se convierte en un llamado a todos los involucrados en proporcionarnos a los mexicanos seguridad. Hoy, las letras calcinadas de su nombre se convierten en el epitafio de un país que sigue luchando contra su destino más oscuro a cada momento.

Hoy, desde Permanencias Voluntarias, elevamos una oración para la madre de Tadeo y deseamos que sus familiares encuentren una paz tan complicada como sus sentimientos. Hoy, México de nuevo está de luto, como lo está desde hace muchos años, como lo está siempre. #TodosSomosTadeo sí, lo somos pero no en un acto de proselitismo estéril digital; hoy, Tadeo es un nombre más que traduce el terror de nuestras calles.

Hasta la próxima.

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