Editoriales

11/s: El día que el mundo cambió


Por Edel López Olán

El terrorismo es la dominación por medio del terror. Es el control que se busca a partir de actos violentos cuyo fin es infundir miedo, desazón, rencor. El terrorismo es, por lo tanto, una coacción que busca presionar a los gobiernos o sociedad en general para imponer sus reclamos y proclamas.

El terrorismo puede ser ejercido por distintos tipos de organizaciones sociales o políticas, tanto de derecha como de izquierda y este tipo de acciones, incluso pueden ser llevadas a cabo por grupos poco estructurados, poco precisos, pero bien financiados.


“El impacto fue tan grande que miré hacia arriba esperando que el techo se derrumbara, pero no. Tardamos casi 45 minutos en bajar los últimos 20 pisos. No teníamos ni idea de que un segundo avión había chocado contra la otra torre”, explica Margaret Lazaros, empleada de la torre norte.

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Pero ese es el concepto académico. La letra plasmada en el tiempo y el espacio y que solamente pretenden que dejemos sobre el escritorio, dentro de un libro, el concepto confundido de todas las mentes de las personas que ejecutan estos actos tan viles. Ahora; ahora imaginen el horror. Imaginen cómo observan por la ventana de una soleada mañana y a  un enorme avión se abalanza contra el edificio donde todos los días tu jornada laboral inicia y llega a su fin. El impacto. Las luces de todo el lugar titilan mientras los 30 mil litros de gasolina de la explosión comienzan a derretir todo a tu paso, todo el lugar, todas las esperanzas.

Muchos de los bomberos que entraron a la Torre norte, declararon que el metal era completamente líquido por el calor y que escurría por las paredes.

Era el 11 de septiembre. Una mañana sin ningún tipo de contratiempos se había convertido en un caos. La nación más poderosa del mundo fue puesta de rodillas por un puñado de rufianes que no midieron absolutamente nada para terminar con la vida de miles de personas en las Torres Gemelas, símbolo del comercio mundial.


“Ví cuerpos por todas partes, y ninguno estaba intacto. No puedo concretar cuántos. ¿Cincuenta o así? Recuerdo que me llevé una mano a la cara para bloquear esa visión. Mientras corría le gritaba a la gente que no mirara por las ventana, que estaban salpicadas de sangre porque alguien de los que había saltado al vació había caído demasiado cerca”. 

Michael Wright (Esquire Magazine)

Bajar por los pisos siniestrados era imposible. Salir por las ventanas se volvía una forma plausible para acabar con el sufrimiento de tus pulmones y razón. Las dos torres se encuentran completamente en llamas mientras la columna de humo que se levanta se observa a kilómetros de distancia, desde el otro lado de la ciudad, desde el espacio. El mundo observa en silencio, sorprendido de ver como indirectamente su vida cambiaría. Desde ese día un vuelo. Una carta. Un paquete. Desde ese momento la vida de todos y de todo se transformó en una paranoia constante que tardó muchos meses en regresar a su vertical original.

Bomberos 11/S

Pasaron más de cinco horas. Los cuerpos de rescate se repartían desesperados para recuperar lo poco de la dignidad que le quedaba al país. Desde los fierros retorcidos, desde las nubes de humo y ceniza se levantaba la esperanza estéril que cayó de golpe por culpa del terrorismo. Los lamentos aumentaban. La fe disminuye. La humanidad seguía expectante.


“Cuando todo tembló, la primera idea que me vino a la cabeza es que se trataba de un terremoto. En los 28 años que viví en Trinidad, había experimentado pequeños terremotos en diversas ocasiones. Sabía que la actividad sísmica en la costa este estadounidense era más bien rara, pero no encontraba otra explicación lógica a lo ocurrido”, recuerda. “Solo empezamos a consciencia de la realidad por las llamadas que hacíamos a familiares y amigos. Supimos entonces que era un atentado terrorista, que un segundo avión había impactado en la otra torre. Así que decidimos escapar”. 


“El colapso duró segundos, pero me pareció una eternidad”. Al final permaneció 27 horas bajo los escombros. “Estaba allí, suplicando por una segunda oportunidad, pidiendo a Dios que me diera una señal de que me escuchaba cuando alguien que dijo llamarse Paul me cogió la mano. No pude verle, me dijo: ‘Genelle, vas a estar bien’. Desde entonces me he preguntado muchas veces que por qué yo. ¿Por qué no fueron mis compañeras de trabajo, mis amigas, las que se salvaron? ¿Por qué fui yo la elegida entre todos? ¿Por qué sobrevivir? ¿Qué tenía por hacer?”

Genelle Guzmán (La Vanguardia)

El 11 de septiembre quedará en la memoria de todos como el día en que el mundo cambio. Un día donde el hombre se encontró de frente con la vulnerabilidad del hombre, un día donde las nubes de la mañana se convirtieron en ceniza y la luz del sol en una lacerante sombra.

Pero, más allá del terror de los actos, más allá de religiones y conflictos, más allá de la terrible realidad, ese día murió una parte el mundo y de Norteamérica; y no por el simbolismo que el país requiere, sino porque murieron decenas de víctimas inocentes en actos, que aún no se entienden.

Hasta la próxima.

*Extractos Vanity Fair en español

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