Editoriales

¿Un mejor pene?


Al inicio de mi carrera como el primer osteópata totalmente entrenados en la especialidad de cirugía plástica y reconstructiva, estaba determinado a aprender lo más que pudiera de mi especialidad. Tenía 30 años cuando, en 1972, fui en un tour internacional, que incluía estancias en Suecia y Francia, para entrenarme con los mejores cirujanos plásticos y aprender sus técnicas. Obtuve experiencias en cirugías reconstructivas, incluyendo casos de reconstrucción genital, y volví a Estados Unidos listo para poner en práctica mi aprendizaje.

Luego de establecer en Filadelfia una reputación con cirugías plásticas que corregían lesiones, deformidades y enfermedades, un paciente en particular cambió el curso de mi carrera como cirujano plástico. El paciente, a quien llamaré Keith, se identificaba como transgénero y había estado trabajando con un profesional de la salud mental quien me recomendó cuando Keith expresó interés en pasar físicamente de ser mujer a hombre. A pesar de mi entrenamiento, tenía poco conocimiento sobre las complejidades de la reconstrucción de pene, pues la faloplastia (creación de un pene) no era un procedimiento que entonces se practicara mucho en Estados Unidos; en realidad sigue siendo poco común. Para ayudar a Keith en su tratamiento, tuve que poner mi atención en desarrollar una solución novedosa.

En mi investigación encontré que otras culturas tenían muchas más experiencia con las cirugías de genitales, aunque en otros contextos. Un cirujano de Shanghai que había estudiado en Penn había desarrollado una técnica de faloplastia de una intervención luego de atender a muchos campesinos chinos que habían perdido los genitales cuando sus ropas se enredaban a la maquinaria de campo. Hizo esas operaciones con el objetivo de que los hombres volvieran rápido a trabajar. Los pacientes y sus esposas estaban contentos con los resultados y, todavía mejor, los pacientes reportaban que la reconstrucción de pene los ayudaba a volver a sentirse totalmente hombres. Me di cuenta de que el trabajo de ese doctor ofrecía información valiosa que podía usar en la cirugía de Keith.

Con mejor entendimiento y tecnología renovada, pasé dos meses investigando y modifiqué la técnica que inició con esos campesinos, enfocándome en la comunidad transgénero y el cambio de vida que supone una cirugía exitosa que deje a los pacientes satisfechos, agradecidos y felices. Las opciones que le presenté a Keith incorporaban nuevos métodos que permitían recuperación y funcionamiento rápido. Después de esa faloplastia en 1976, Keith fue capaz de avanzar en su vida como hombre. Y yo, como el cirujano antes de mí, finalmente ayudé a que ese individuo se sintiera completo, lo cual fue una experiencia increíble a nivel profesional y personal.

Ayudar a este paciente a vivir una vida plena me mostró un nuevo sendero en mi carrera médica que supe nos traería satisfacción continua a mis pacientes y a mí. Nunca en ninguno de mis entrenamientos había visto un cambio positivo tan profundo física, emocional y mentalmente como en una operación de cambio de sexo. Como un mayor número de pacientes transexuales me buscaron para sus casos por referencias directas o boca a boca, busqué especializarme en cirugía plástica con enfoque en pacientes transgénero que buscaran operarse. Había tanto potencial para convertirme en un líder, una fuente y confidente de las personas cuyas vidas mejorarían con cirugías faciales, de pecho y genitales.

Nunca en ninguno de mis entrenamientos había visto un cambio positivo tan profundo física, emocional y mentalmente como en una operación de cambio de sexo.

También me involucré más con la comunidad transgénero fuera del quirófano al participar en conferencias, dando consultas e incluso ganando reputación internacional por mostrar en mi sitio web casos de antes-y-después. Entendiendo a la gente, los obstáculos y victorias de la comunidad transgénero, me ha ayudado a ser un médico más compasivo y atento. Este tipo de apoyo y conexión es gran parte de la recuperación y éxito de mis pacientes. La comunidad me ha enseñado como dejar la ciencia pura y apreciar los elementos humanos de las emociones, vidas y metas que cambian con mi trabajo, lo que ha enriquecido mi propia vida.

Junto con otros médicos y profesionales que trabajan conmigo, he construido nuestra propia comunidad en redes sociales compartiendo información inspiradora e historias informativas sobre la amplia comunidad transgénero. Seguidores de todo el mundo interactúan en temas compartidos y experiencias vía comentarios digitales. Estas conexiones son vitales para todos, y mucho más para quienes son tratados como parias. Me congratulo en la oportunidad de quitarles barreras a mis pacientes.

[El pene es construido con piel del abdomen, las ingles o los muslos. Para la escrotoplastia se usan tejidos labiales para construir el escroto. Tras la faloplastia los pacientes experimentan orgasmos vía la estimulación del clítoris, que puede mantenerse en su ubicación original o enterrarse debajo de la piel entre el escroto y la base del pene.]

Respecto a las relaciones que construimos, tomo muchas lecciones de mi primer caso transgénero, 40 años después sigue influenciándome. Veo que los pasos preoperatorios de Keith (una relación estable con un terapista, un año presentándose como su verdadero género, la terapia hormonal y más) contribuyeron a que se mantuviera su salud. Por eso mis consultas no solo incluyen los procedimientos que buscan, sino también el impacto que tendrán en la vida del paciente y en sus metas a largo plazo.

Otro de mis pacientes, la persona más vieja del mundo en tener una cirugía de reasignación, a los 77 años, era un boina verde en Vietnam y ha estado casado dos veces, pero sabía que toda su vida se había sentido diferente. Después de la cirugía, lo primero que dijo fue: “Me siento como la mujer que siempre quise ser”. Mientras que el cambio físico es obvio, el giro emocional puede ser tremendamente positivo. Cuando despertó, todos pudieron ver quién se sentía.

Para preparar mejor a los pacientes a explorar exteriormente el género en el que siempre se habían sentido, nuestro equipo incluye entrenadores de género e instalaciones cómodas tras la cirugía, así como psicólogos, endocrinólogos, cirujanos estética, terapistas de voz y expertos legales. Ha sido maravilloso ver a personas salir de la recuperación sintiéndose más cómodos bajo su propia piel. Aprendí que no importa si el procedimiento que hago es un pene, una vagina, un pecho o un rostro. Para mis pacientes, alterar los aspectos superficiales del género les da una vida más satisfactoria. No todos los transgénero escogen la transición quirúrgica o médica, pero para aquellos que quieren hacerlo, estoy feliz y orgulloso de decirles que hay más opciones disponibles para ellos que cuando empecé mi carrera.

Otro de mis pacientes, la persona más vieja del mundo en tener una cirugía de reasignación, a los 77 años, era un boina verde en Vietnam y ha estado casado dos veces, pero sabía que toda su vida se había sentido diferente. Después de la cirugía, lo primero que dijo fue: “Me siento como la mujer que siempre quise ser”.

La medicina siempre ha sido técnicamente compleja e interesante, lo que me hace disfrutarla mucho. Me he hecho muy conocido por mis avances en esta especialidad, que incluyen inventar procedimientos de vaginoplastia y reconstrucción de escrotos, y por ser de los pocos que practica la faloplastias, pero todos los cirujanos modifican técnicas quirúrgicas previas basándose en la tecnología o la experiencia. Evolucionamos, innovamos, encontramos nuevas maneras de ayudar a la gente. Regularmente la gente me pregunta sobre mi trabajo en este campo, pero más que en técnicas de reasignación de género estoy interesado y entusiasmado por ayudar a la gente a mejorar sus vidas.

Al pensar en mi carrera recuerdo una cita de Jackie Robinson que me gusta desde hace mucho: “Una vida no importa excepto por su impacto en otras vidas”. Después de décadas de buscar significado y propósito en mi trabajo fuera de Filadelfia, no tengo planes de retiro. El trabajo que hago con mi equipo quirúrgico traen cambios profundos en la vida de nuestros pacientes. Ha sido un privilegio ayudar a crear ese impacto positivo para tantas personas en la comunidad transgénero, con un trabajo que le ha dado un significado satisfactorio a mi propia vida.

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