El petróleo: La nueva crisis de la 4T


La semana pasada, los miembros de los países integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se reunieron para determinar cuál será el rumbo de los precios del petróleo y así tratar de mitigar los estragos de la guerra de precios y su impacto a nivel global en las cotizaciones de cada una de las bolsas del mundo.

Los miembros de la organización llegaron a un acuerdo y acordaron reducir en 9.7 millones de barriles diarios la producción de petróleo, lo que permitió estabilizar el mercado y finalizar así una guerra que complicaba aún más el panorama económico mundial junto con la epidemia del COVID-19.

México, de la mano de la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, se mantuvo en la mesa de negociación por varias horas hasta el momento de votar, ahí, en solo un acto protocolario, la misma secretaria se levantó de la mesa de negociación y dejó por más de cinco horas a los miembros de la organización para deliberar con el presidente cuál sería la posición de México ante dicho acuerdo. Después de unas horas regresó a la mesa con una propuesta inédita que dejó muy mal parada a la administración Morenista.

Andrés Manuel López Obrador sigue viendo en PEMEX uno de los grandes pilares de su administración, a pesar de que los números la han convertido en una bomba de tiempo. El presidente, propio a sus principios de campaña, ha demostrado que uno de sus caprichos principales es el rescate de la paraestatal a como dé lugar, a pesar de que expertos internacionales ven imposible que desde el estado, la petrolera pueda salvarse y que hoy, con un tratado entre Estados Unidos y México, probablemente nunca suceda.

La inexperiencia de Nahle y su falta de carácter protocolario ante grandes temas energéticos del mundo colocó a México como un paria y mantuvo tensa una negociación que orilló a productores como Irán a llamar a excluir a México de la organización, algo que Estados Unidos no podía permitir (Y no por ser buena gente) y hábilmente corrigió la plana solo para su beneficio.

El nuevo tratado es muy sencillo: México tendrá que pagarle a Estados Unidos en un año de vencimiento de tratado, la diferencia de los 300 mil barriles de petróleo que dispondrá la región para sustentar el acuerdo de la OPEP, sea al costo que sea el valor del mercado, que, independientemente del retorno de las unidades físicas si el precio en 12 meses fuera de 35 dólares (al momento es de 17) el acuerdo salvaría a México (según las palabras del presidente Trump) y el ingresó para la petrolera sería de $3,832 millones de dólares, sin embargo, si el barril estuviera por debajo de las expectativas del precio, el acuerdo sería un grave revés para la economía nacional, una “deuda” de la que tanto se enorgullece AMLO de no tener y  que inevitablemente va a obtener.

Para Trump el “negocio” con México no es un mal negocio, como lo calificó el Wall Street Journal. Y es que mientras el presidente americano confirmó que el acuerdo reduce su producción petrolera, y que la misma salvará millones de empleos americanos, el acuerdo bilateral será un ganar-ganar para la nación americana pues dejará de bombear petróleo (300 mil barriles diarios), que se quedarán en el subsuelo y  que ahora vale 17 dólares el barril, recibiendo en un año 109.5 millones de barriles, entonces, el trato es devolver el petróleo a un precio que entonces costará más, Estados Unidos ganara por no hacer nada y todo esto a pesar de que la presidencia, el presidente y sus adeptos vean el trato con Estados Unidos como una victoria.

Pemex, según varias calificadoras, es una bomba de tiempo. Durante el primer bimestre de 2020, el costo del sector financiero mexicano fue de 95 mil millones de pesos, de los cuales la tercera parte corresponden a los servicios financieros de PEMEX con un costo de $33,476 millones de pesos. La situación financiera de la paraestatal indica que tan solo en los primeros meses del año, sus ingresos han sido de 31 mil millones y su gasto de 111 mil, lo cual representa un déficit considerable ante el grave panorama económico mundial.

Varios analistas financieros del sector energético han aseverado que al gobierno de Lopez Obrador se le acabo “El tiempo de perder el tiempo” y deben mostrarse de ya y de forma consistente las acciones a corto, mediano y largo plazo las estrategias para sanear los destinos de PEMEX y la economía nacional, ya que van ligados.

La firma Moodys advirtió que los ahorros fiscales para Pemex son insuficientes e invariablemente tendrán, de requerirlo, hacer uso de sus créditos revolventes, para ello, y pese que la presidencia anuncia que todo va bien, el mismo presidente tendrá que renunciar a uno de sus proyectos más caprichosos de la administración: La refinería de Dos Bocas.

Muchos países han determinado que es esencial reducir los gastos para atender los inevitables daños colaterales de estos catastróficos cuatro meses del año, sin embargo, el presidente López Obrador ha manifestado una y otra vez que tanto la refinería como el Tren Maya, como el Aeropuerto de Santa Lucía siguen en pie y que superan en conjunto, incluso con el “colchón” del tratado con Estados Unidos, los costos de operación. Y es que para para Andrés Manuel, el petróleo es más una situación política que económica y sus finanzas para él son únicamente un recurso de golpeteo con sus adversarios que pretende callar de una forma poco ortodoxa y mantenerse como un productor aun cuando no tiene la capacidad para hacerlo.

El Banco BBVA, uno de los principales actores financiero del mundo,  aseguró que México debe cancelar Dos Bocas si quiere que el trato con Estados Unidos tenga las ganancias que ellos esperan y convino a la presidencia a reasignar esos recursos al sector salud debido a la coyuntura macroeconómica debido al COVID-19, pues aseguró que esta cancelación y con la disminución de 65 mil millones de pesos a la carga fiscal de Pemex, es muy probable de que se evite el aumento de emisiones de deuda y así poder solventar en parte una deuda que ya alcanza los 100 mil millones de pesos. Sin embargo, el presidente de la república ratificó que el proyecto de Dos Bocas sigue en pie y que nada podrá detenerlo,.

Ante este panorama económico, al parecer el berrinche de Nahle, la obstinación de Andrés Manuel y la inevitable deuda que se viene para el país transformará al petróleo de ese estandarte de progreso a la nueva crisis de la cuarta transformación.

Hasta la próxima.

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