Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

La Organización Mundial de la Salud reporta hasta el momento un total de 6,372,447 casos confirmados de COVID-19 en el mundo, con una tasa de 379,709 fallecidos y más de dos millones de pacientes recuperados. Italia, uno de los países más golpeados por el virus, registró apenas en esta semana una de las tasas más bajas de fallecidos con 55 personas muertas en un solo día, solo apenas tres meses después del confinamiento y estrictas normas de prevención.

Nueva Zelanda, con apenas 4 millones de habitantes, logró contener la epidemia con la menor tasa de muertes en la zona de Oceanía gracias a sus medidas estrictas de confinamiento y reforzamiento por parte de gobierno a todos los niveles de la población. Los neozelandeses comenzaron su confinamiento desde el primer contagio cerca de sus fronteras, las cuales cerraron de forma irrestricta y comenzaron una ardua labor de seguimiento a todo caso sospechoso, por pequeño que fuera o por lejano que estuviera. En el país tuvieron su primer caso confirmado apenas 3 semanas después de activados los protocolos, los cuales, fueron aislados y controlados sin problema.

Dos países y dos realidades diferentes con un solo objetivo: Salvar a la población.

Pero México es un país tan extraño que siempre vive una realidad distinta a la del mundo entero.

Como en casi todas las situaciones, los mexicanos vimos muy lejano la probabilidad de que algo tan increíble como un nuevo virus llegara a nuestro país. Vivíamos entre la mofa y el nerviosismo en un aire de “valemadrismo” tan propio de nuestro país que cala en lo más profundo de conciencia social. Hoy, a casi cuatro meses de confinamiento y con una de las tasas más altas de muertes en Latinoamérica, nuestro país vive la pandemia desde tres realidades distintas que ya ha consumido la vida de 10 mil 637 personas.

La primera: Un país necesitado de trabajo y que literal “Vive al día”. En el país, existen muchas personas que tienen la obligación de trabajar en las calles, en centros de trabajo o en el comercio informal para subsistir. Existen 12 millones de personas que trabajan por su cuenta y 21 millones más que trabajan en micro y pequeñas empresas, por lo tanto, su confinamiento y “sanas distancias” fue imposible,  ya que la supervivencia de millones de familias, depende en ocasiones de bajos ingresos con un trabajo diario en ocasiones inestable aun sin la epidemia.

Para muchos personas en el país, el confinamiento se convirtió una debacle entre comer y sobrevivir, en un país que aumenta en contagios y sigue sin encontrar un rumbo específico ante una pandemia que llegó, al parecer, para quedarse por un largo trecho.

La segunda: Un sector de la sociedad inconsciente que sigue, por conveniencia, pensando que la emergencia sanitaria no existe. A lo largo y ancho del país, existen personas que se aferran a pensar que el Covid es un invento mediático para mantener a todos encerrados. Hoy, con más de 97 mil contagios confirmados, existen personas que siguen reuniéndose sin escrúpulos en restaurantes, cafés o domicilios,  sin pensar en como, de una forma u otra, el contacto entre personas se ha convertido en esa punta de lanza para esparcir una enfermedad que existe, que es tangible y que solo la estupidez humana (y mexicana) no hace caso de ella.

La tercera: Un gobierno en constante campaña. Desde el inicio, la falta de seriedad del presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir la pandemia fue motivo de análisis por profesionistas y medios de comunicación nacionales e internacionales. Su gabinete, en un dogma priista tan arraigado como su necedad, aplaudían los chistoretes de un presidente y menospreciaban la exigencia de un sector de la sociedad de ser frontales ante la emergencia y sus consecuencias. El presidente de la república, fiel a esa costumbre de crear un México alterno al que vivimos, lanzó desde diferentes plataformas invitaciones a no dejar de salir de casa o no dejar de abrazarse pues “ese bicho” (como se refirió muchas veces al Covid-19), “no era tan preocupante como pensábamos” y que en México existían los recursos técnicos y humanos para enfrentarlo, algo que es completamente falso.

En el país real, en ese México que usted y yo palpamos cada día, observamos que el “ejemplo” inicial de un mandatario y los “tapaderazos” de López Gatell y compañía,  han permeado en una sociedad influenciable y errática y que con los ojos cerrados, siguen el descontrol provocado por el ejecutivo, mientras que,  las cifras inexactas de López Gatell y el estilo de manipular la información perfeccionado desde la política por la cuarta transformación, lentamente empujan a la sociedad mexicana a una peligrosa “Nueva Normalidad” que puede ser el epitafio de muchos y el de la misma Cuarta Transformación que sigue sin entender que México ya no necesita de charlas desde el púlpito, sino acciones concretas basadas en hechos, no en pretensiones políticas sin sentido.

Hoy, en un esfuerzo por insertar un chip de “normalidad” en la sociedad, el gobierno federal ha iniciado esta campaña de la mano de su slogan “transformador” en un país donde, según las palabras del subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, está en su máximo nivel de intensidad.

En México estamos lejos de la Nueva Normalidad, porque ni siquiera conocemos el concepto. Vivimos en un país que se sigue debatiendo entre esas realidades que dictan la vida millones de mexicanos que ven como lentamente los muertos se acumulan y los casos multiplican. Vivimos en un país que la única normalidad que tenemos es la de un gobierno que sigue campaña desde el primero de diciembre y sacrificará a los que sean necesarios para mantener una popularidad que se desmorona, en un país que necesita soluciones más plausibles que solo regresar a la “Nueva Normalidad” por unos días sin ton ni son y regresar a la crisis por otras semanas más.

Hoy, nuestro país sigue debatiéndose entre un gobierno indolente y una sociedad más preocupada por luchar unos contra otros que por el bien común en una “Nueva normalidad” tan ficticia como la Cuarta transformación.

Y eso…¡Es lamentable!

Hasta la próxima.