En 1967 Sidney Poitier, protagonizo una película épica; de proporciones inimaginables, y emotiva hasta la medula. El protagonista, un hombre frustrado que encontró en la docencia una forma de ayudar, encausar y sobre todo, inspirar a más de uno, con un metraje impresionante. Hoy, en Permanencias Voluntarias, queremos ocupar esté «ejemplo» para rendirle honor…