La “transformada libertad” en México


Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

La libertad de expresión en México es prácticamente un lujo. La vida de nuestro país ha transcurrido siempre entre la realidad oficial, que casi siempre es inventada, y la realidad que se palpa desde los datos y las pruebas.

En los 70´s, el priismo reinante en el país marcaba la pauta de lo que se decía y como debía decirse a todos los niveles de gobierno. El que se alineaba era consagrado por el poder y era prácticamente intocable; el que no, en el mejor de los casos, era bloqueado y lanzado a una congeladora que se convertía en el epitafio de su carrera.  El priismo busco de muchas formas callar las voces que murieron sedientas de cambio en un país tan surreal como apabullante.

En el panismo, la libertad de expresión se convirtió en un arma de doble filo para el periodismo y la sociedad en general. La Guerra contra el Narco amenazaba la vida de las personas, y la apertura de los medios y redes sociales a millones de videos sobre la barbarie que reinaba en el país, mantuvieron a raya y aterrorizada a una sociedad que debía susurrar en restaurantes para que sus comentarios no llegasen a “malos oídos”  o simplemente por no saber quien era la persona que estaba sentada al lado y que pudiera poner en peligro su vida. El panismo, ese verdadero infierno azul que consumió la realidad de todos los mexicanos a cada instante del sexenio nos relegó a contemplar silentes como las montañas de cuerpos se apilaban (y se apilan) en cada esquina del territorio, en una libertad simulada que solo el gobierno federal ponderaba y que ningún mexicano gozaba.

Pero el priismo regresó, y la libertad de expresión fue utilizada por la oposición para evidenciar, de la misma forma vulgar en la que ocurrían, todos los hechos y deshechos de un país que seguía cayéndose a pedazos entre violencia y falta de estado de derecho. La corrupción a gran escala era colocada en cada uno de los templetes por una oposición que hasta ese momento, no recordaba que buscaba el poder para terminar con ella. La falta de justicia y la increíble impunidad del país, ponían literalmente una diana en la espalda de cada reportero y ciudadano que osara en apuntar, por pequeño que fuera, cualquier mala jugada del gobierno. El priismo regresó y se mantuvo tan cínico como el mismo de los 70´s, solo que ahora, prefería ver como al gente moría en lugar de enfrentarse a una opinión que evidentemente nunca le importó.

Pero México siempre ha sido un país donde las fuerzas se miden desde el templete y todas se olvidan al llegar al poder. México no cambia ni cambiará a pesar de las mentadas transformaciones.

Andrés Manuel López Obrador siempre ha sido un tipo que conoce perfectamente la forma de manipular la opinión pública. Marrullero, controlador y de bases priistas, el macuspano siempre entendió que el mexicano se mueve mientras exista dinero de por medio disfrazado de causas sociales. El tipo ha insertado desde hace muchos años (propiciado también por los malos gobiernos priistas y panistas) la idea de que él era la solución y los demás eran el demonio en persona, mientras el negociaba desde la oscuridad una presidencia de la república.

El arma del presidente como oposición siempre fue la libertad de hacer todo lo que pudiera sin ser juzgado por nada. El tipo se pavoneaba de haber parado Paseo de la Reforma mientras sus adeptos le aplaudían y los comercios perdían cantidades exorbitantes de dinero, todo esto, con la impunidad que le caracterizaban sus actos. El hombre utilizó el escarnio para llegar a miles de mexicanos y sacudía a cualquier político que estuviera en la mira de sus aspiraciones partidistas. Él, chapulin* de alta escala, llegó a la presidencia utilizando los medios que tuvo a su alcance, manoseando la opinión pública, demeritando las instituciones y erigiéndose como un hombre democrático, cuando, a la postre con el poder en la mano, se olvidaría de ello.

Pero, como bien reza el viejo adagio mexicano: “No es lo mismo ser borracho que cantinero”

El gobierno de la “Cuarta Transformación” ha tomado en serio su eslogan y ha convertido la realidad nacional en una antítesis de lo que ellos mismos batallaron por décadas. El presidente se ha olvidó rápido del como enseño al pueblo a utilizar todo tipo de herramientas para incomodar al poder. Se le olvidó que llamó al pueblo a mandar al diablo a las instituciones si no cumplían, se le olvidó que les pedía a cada momento álgido del país su renuncia, se olvidó de todo lo que un buen opositor es: alguien incómodo al poder, y se convirtió en un guiñapo de sus ideas.

AMLO al crear su negocio personal disfrazado de Movimiento, creo una base leal de seguidores (reales y inventados) que lo llevaron al poder de forma mediática y lo apuntalaron de muchas formas como el presidente “más votado” de la historia, cuando la realidad es otra completamente distinta. El régimen en el poder, utilizó como oposición de muchas formas las redes y la opinión pública para crear “grupos de choque” y que hoy trabajan en conjunto con el gobierno federal para golpear a todos lo que sea de otro color u otra ideología. Hoy en México,  ni siquiera es necesario la bala y la sangre para amedrentar a un grupo de personas que pretendan contradecir al presidente y sus ideas, hoy, solo es necesario un click y los canales necesarios para que el presidente golpee a todo el que no esté a su lado o se atreva a cuestionarlo  como sucedió con la misma Carmen Aristegui.

¿Ven como nada ha cambiado?

Hoy, como en aquel priismo de antaño, el gobierno federal ha puesto la mano sobre la mesa y en palabras del presidente, se debe estar “con ellos o contra ellos” en una forma de presionar la tibieza de los indecisos y amedrentar a los que valientemente apuestan por levantar la mano contra las injusticias, la corrupción y los malos manejos de un gobierno que solo ha transformado la opinión pública a su antojo erigiendo una nueva “Mafia del poder” para controlar todo y controlarnos a todos. 

La democracia conoce de opinión, de análisis, de escrutinio, de verdad, y manipular la verdad y después en el mismo discurso decirle al pueblo que el que no esté en su favor es un “adversario” o un “enemigo de la nación” (como decimos en México: “tira la piedra y esconde la mano”) siempre será una forma de seguir coartando esa libertad de expresión que ha sido defendida con letras y sangre por miles de personas en este país.

La libertad en el nuevo México, transformado, morenista y “democrático”, se mide en que tan fuerte aplaudes al gobierno y que tan bajo es tu silencio al momento de criticar, en una “nueva normalidad”,  donde tienes que estar, olvidando todo lo prometido, para no ser aniquilado o sino, en palabras del presidente, te atienes a las consecuencias de que el pueblo, utilizado como juez corrupto y un verdugo manipulado desde el púlpito, te lo conmine.

Y eso, es muy lamentable.

Hasta la próxima.

*definición en México de personas que saltan de un partido político a otro

 

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