Redes Sociales y salud: El nuevo dilema


Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

Hablar del internet es prácticamente hablar de todo. La globalización de la información se convirtió  en la materialización de muchas historias que leíamos en novelas como 1984, de George Orwell o Yo, Robot de Isaac Asimov, donde la tecnología, la información, el trato de ella y sus implicaciones en nuestro día a día, se convierten en una  paradoja que se materializa con cada click y cada nuevo usuario que se conecta a la red.

Y como era de esperarse después de que los avances tecnológicos caminan de la mano con nuestra cotidianidad, el entorno digital y el sector salud avanzan unidos de muchas formas que en ocasiones ni siquiera entendemos como cotidianas y por citar un ejemplo, en la actualidad, el 80% de los pacientes que consultan sus signos y síntomas en el internet antes que llegar al médico el 74% terminaron preocupándose más por su salud.

La relación de la biomedicina con la tecnología es un aparte constitutiva del desarrollo histórico del hombre con la máquina englobando al mundo en redes de instrumentalidad y al mismo tiempo, interdependientes.

La E-Heatlh Engloba diferentes productos y servicios para la salud, es el uso rentable y seguro de tecnologías en apoyo de los campos relacionados con la salud, incluida la atención médica, la vigilancia de la salud y la educación para la salud así como el conocimiento y la investigación. creando aplicaciones móviles y utilizando la telemedicina, los dispositivos para la monitorización que se integran en ropa y accesorios, el Big Data y los sistemas de apoyo para la toma de  la decisión clínica.

Dentro de esta globalidad, y siguiendo la tendencia específica de concentrar los esfuerzos de crear comunidades integrales, la redes sociales fueron concebidas como estructuras  formadas en Internet por personas u organizaciones que se conectan a partir de intereses o valores comunes creando a través de ellas relaciones entre individuos o empresas de forma rápida, sin jerarquía o límites físicos. Su estructura se encuentra relacionada de una forma intima con factores de conducta y sociales y son, por tanto, una herramienta que  siempre camina entre la popularidad y la credibilidad en un increíble mundo digital cercano a la tecnología pero que se aleja del buen ánimo en su uso.

Ante las cifras exorbitantes de información que provoca cada algoritmo por cada usuario que circula en la red alteran todos los esquemas de nuestro día y día en una constante inquebrantable de: Información – Espacio – Tiempo – Accesibilidad

Pero, para nuestro beneficio o “desgracia”, las redes sociales “mutaron” y se convirtieron en un nuevo medio de comunicación, donde los datos se han convertido en su talón de Aquiles, y  todos los días se tiene la doble tarea de informar, pero al mismo tiempo desmentir los datos emitidos por ellas mismas en un círculo vicioso motivo que se convierte en el nuevo dilema de la comunicación global.

La falta de jerarquías es el grave problema que hoy enfrentan las redes sociales, por lo tanto, es complicado responsabilizar a una persona en específico por el uso de la información, y en una paradoja,  como medio de comunicación, la regulación de las redes sociales es un asunto muy discutido en los últimos años, donde especialistas aseguran que no es conveniente una regulación estricta porque se corre el riesgo de que pierdan lo más valioso que tienen: su libertad de expresión, su capacidad de  comunicación y organización de las sociedades como nunca había ocurrido con otro medio.

De forma paradójica, las redes sociales propician discusiones que crean la agenda pública que después alimentan incluso a los medios tradicionales. Lo conveniente desde este punto según expertos como la doctora Delia María Crovi Druetta, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM y sería regular y poner agendas especiales a las grandes empresas que han acumulado formidables fortunas a partir de sus propios desarrollos tecnológicos y de sus propias normas en el trato de la información y aprobar algunas leyes que las hagan más responsables de sus acciones, las cuales tienen un enorme peso en todo el mundo.

Hoy,  un sector de la sociedad asegura que dar  like a una publicación, reenviar un mensaje o introducir pequeños cambios en otro recibido y reenviarlo a los amigos es más fácil que participar en el mundo real. Sin embargo, las protestas recientes en Chile, Ecuador y Bolivia han demostrado lo contrario  donde miles de usuarios no se han quedado en casa enviando y recibiendo mensajes con su celular, sino han salido a las calles para manifestarse, con el peligro personal que ello les puede acarrear.

Es un hecho indudable que falta investigar más el uso y la apropiación de las redes sociales como medios de comunicación, ya que los innumerables cambios culturales que han propiciado cada día se renuevan. Hasta la fecha, la mayoría de los estudios se ha centrado en el acceso a ellas, en el número de usuarios que abren o cancelan una cuenta y a pesar de que este conteo matemático es sin duda importante, no basta.

Redes Sociales y la Salud

Pero la salud pública enfrenta grandes riesgos frente a la globalización de la salud. Muchas enfermedades que antes se circunscribían a un área específica, hoy, se diseminan en menor tiempo y con mayor extensión territorial supeditadas a diferentes conceptos que, de igual forma, siguen la tendencia de cada región confundiendo los conceptos generales de cada enfermedad y la forma combatirlas, por lo tanto, las redes sociales como medio de conexión se han convertido en una herramienta esencial para detectar, contener, predecir muchas enfermedades.

En el 2009, la Organización Mundial de la salud llamaba a atender la importante relación de las redes sociales en el entorno de la salud, donde, la información había cambiado de esquema convirtiéndose en grupos de personas creadoras de contenido que establecían nuevos parámetros de información con intereses similares ayudando a las comunidades a entender cuáles son los factores que inciden en el trato de una enfermedad o concepto.

Pero la incorporación de las redes sociales al ámbito de la salud ha tenido una evolución más lenta que en otros sectores. La controversia al incorporar servicios de salud específicos  a las redes sociales se basa a que los datos en la atención sanitaria (privacidad, confidencialidad, trato personal, y procedimientos formales) pueden colisionar con los valores abiertos subyacentes en las redes sociales que ya está centralizado en apoyar la comunicación horizontal entre instituciones, pacientes, médicos y comunidades, y en esa misma dinámica, pueden detectar de forma automatizada el tráfico de información compartida a través de patrones y comportamientos asociados a la búsqueda y suministro de información sobre salud.

La doctora Anne Moorhead, estableció seis beneficios generales de las redes sociales para la comunicación en Salud en su artículo A new dimension of health care: systematic review of the uses, benefits, and limitations of social media for health communication

  1. Incremento de la interacción con otros usuarios con necesidades afines.
  2. Información más personalizada.
  3. Aumento de la accesibilidad.
  4. Soporte emocional para los usuarios.
  5. Vigilancia de la salud pública.
  6. Potencial para influir en las políticas de salud.

Para muchos profesionales de la salud y académicos es esencial que los sistemas sanitarios ya no se encuentren al margen de los avances tecnológicos. Sin embargo, apuestan a la necesidad imperativa que desde la Organización Mundial de la Salud, las instituciones de salud y ministerios se establezcan los márgenes de acción a nivel de las redes sociales e incorporar marcos jurídicos para su marco de control.

El reto conjunto del uso de las TICS y las redes sociales en los servicios de salud se ha centrado particularmente hacía el paciente empujando al profesional de la salud a entender que es imperativo la adquisición de competencias digitales en el ámbito de la salud como un subsecuente ante la demanda del uso del internet y las redes sociales como nuevo puente de contacto entre los pacientes y los servicios de salud.

 Las Fake News: El gran reto

Ante el incremento en los últimos años de las fake news y la difusión masiva de teorías conspiratorias (véase los anti-vacunas) y  demás  pseudociencias que han encontrado en las redes sociales un terreno fértil, el personal de salud  tiene el gran reto de ofrecer información de valor seria y contrastada que permita educar al público y luchar contra la difusión de noticias falsas.

Como podemos advertir hasta el momento, el internet, las redes sociales, la salud y la información van de la mano con muchos bemoles que le restan seriedad a su uso, y en este sentido es importante entender la importancia de las fake news en este momento digital en qué vivimos, y que solo nosotros podemos entender y garantizar que exista un correcto tráfico de información.

Con las Fake News, un mecanismo en nuestro cerebro nos mantiene expectantes tratando de entender cuál es el origen de la información.

La posverdad está sobre nosotros, y aunque las mentiras han existido siempre, en este momento nos encontramos de frente a un neologismo que parece producto de un capricho digital empujado por la tecnología, el acceso ilimitado a la información y la terrible falta de criterio de sectores  enormes de la sociedad.

Los medios de comunicación han acuñado este  tipo de ideas desde la época de grandes escándalos políticos como el Watergate y la Segunda Guerra mundial, donde  la manipulación creativa nos llevaba a fronteras de  incertidumbre más allá de la exactitud de los hechos, siempre auspiciados por una narrativa arbitraria que nos aleja de la realidad que vivimos.

Las Fake News de esa época  se convertían en un punto de debate interesante en cualquier mesa. ¿la razón? Solo se contaba con dos realidades que se topaban de frente desde la opinión arbitraria del otro. Pero ahora, en la era digital, el complejo esquema de las fake news se da desde  el exceso de información a nuestro alcance.

La directora de The Guardian Katharine Verner asegura en su artículo: “How technology disrupted the truth” :

”La información se encuentra en el camino con la mal intencionada verdad gracias a posturas sociales y políticas de ciertos sectores sociales o gubernamentales, donde los esfuerzos se centran más en crear tráfico y vistas hacía ciertos medios comunicación con la intención de mantener un negocio que vende lo que el público desea encontrar; esto significa que la versión del mundo que encontramos cada día al entrar a través de nuestros perfiles personales, o en las búsquedas que hacemos en Google ha sido invisiblemente filtrado para reforzar nuestras propias creencias”

Hoy, con la pandemia del Covid -19, las redes sociales se han convertido en ese terreno donde todos los días se abren debates estériles ante realidades específicas que parecen confrontarse con años y años de investigación y también, la manipulación mediática desde los gobiernos, han convocado a decenas de personas a pensar que existe una realidad alterna a la misma que consume al mundo entero.

Infodemia: La gran amenaza

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva tiempo usando la palabra infodemia para referirse a la sobreabundancia informativa falsa y a su rápida propagación entre las personas y medios. Recientemente, el director general de la OMS señaló con motivo del coronavirus que «la gente debe tener acceso a información precisa para protegerse a sí misma y a los demás».

En su estudio: Infodemia: noticias falsas y tendencias de mortalidad por COVID-19 en seis países de América Latina, la organización estableció que existen factores predominantes en la población que se ve afectada por el bombardeo constante de noticias falsas en América latina y se exploraron tres aristas para entender cuál es el problema per sé  en la diseminación de las noticias falsas con resultados fulminantes y preocupantes:

  1. En América Latina existe una gran incapacidad para reconocer las noticias falsas.
  2. Existe una alta confianza en el contenido de  las  redes
  3. Muchos países usan las redes sociales y medios alternativos como única fuente de noticias a diario.

El estudio evidenció la baja capacidad en América Latina para reconocer las noticias falsas en más de la mitad de la población de países como Argentina, Chile, México, Perú, Colombia, Brasil, donde más del 70% de la población en conjunto utiliza medios como Facebook y Twitter para informarse, así como los mensajeros digitales para diseminar la información, siendo, de una forma preocupante, que los países con mayor índice de confianza en el contenido de las redes sociales, tenían por lo general altas tasas de mortalidad por Covid-19.

Algo positivo que ha traído en muchos países es que, en países como Brasil, Chile, Colombia y Perú, se dirigieron esfuerzos para penalizar las malas conductas relacionadas en la generación y transmisión de informaciones falsas o engañosas sobre la pandemia.

Es imperativo formar a la población en general para que sea capaz de evaluar la calidad y la veracidad de la información que circula en los canales digitales y tome conciencia de las implicaciones que tiene para la salud pública la propagación de contenidos falsos.

El dilema que enfrentan las redes sociales y la salud tiene aún mucho camino que recorrer. Su esquema y sus complejas redes siguen escudriñando innumerables niveles que seguimos sin explorar, ya que sigue existiendo una narrativa arbitraría que se utiliza para satisfacer el conocimiento, dónde, desafortunadamente, y a pesar de que pensemos que controlamos la información, los algoritmos presentes en la red nos llevan de la mano hacia lo que otros quieren que pensemos y no a la información que necesitamos según nuestras búsquedas.

El dilema de las redes sociales y la salud radica principalmente en el compromiso que como profesionales debemos imprimir ante la creación de contenidos que contrarresten con la difusión de noticias falsas y contener su desarrollo. Como profesionales tenemos la obligación de, a pesar de la informalidad de estar en nuestra sala o cama leyendo una noticia, buscar fuentes confiables y mantenerse  al tanto desde muchos puntos de vista académicos, profesionales, administrativos y crear comunidades cibernéticas dentro de las mismas redes sociales, que nos permitan estar al tanto de todo lo que sucede a nuestro alrededor de la mano del profesionalismo, las ideas y los conceptos apegados a la ética y que nos mantendrán, por lo menos, al margen de una escalada de información malintencionada que lleva a muchas personas en este mundo a pensar, por ejemplo, que las vacunas contra el Covid-19 tienen un chip para controlarnos o que el dióxido de cloro cura  enfermedades.

Hasta la próxima

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