La matemática de la pandemia


Por Enrique Quintana (El Financiero)

Seguramente usted ha escuchado el término ‘viralizar’ alguna vez cuando algún mensaje en redes sociales crece extraordinariamente.

Bueno, pues ahora, con la pandemia del Covid-19 ya sabemos lo que eso significa: crecimiento exponencial.

Estamos más acostumbrados a observar el crecimiento aritmético. Así que, cuando hay fenómenos que producen crecimiento geométrico o exponencial, éste resulta a veces poco comprensible.

Un crecimiento aritmético ocurre cuando se trata de una cifra constante. Por ejemplo, si usted adiciona 10 unidades cada vez obtendrá una serie en la que la secuencia es 10, 20, 30, 40, etcétera.

Pero si el crecimiento es exponencial, entonces lo que es constante es el múltiplo en el que crece la serie y no la diferencia.

En ese mismo ejemplo, si 10 crece a un exponente de 2, la serie sería entonces 10, 100, 1,000, 10,000, etcétera.

Eso es precisamente la ‘viralización’. Y se usa como equivalente del crecimiento exponencial por el tipo de contagio que se presenta en las epidemias o pandemias que, por cierto, no siempre son virales, pueden ser también bacterianas.

Por ejemplo, en el caso del Covid-19, usted seguramente ha escuchado que la tasa de contagio es de 2.5, lo que quiere decir que un portador del virus, en promedio, contagiará de dos a tres personas.

Y cada una de las personas infectadas contagiará a dos o tres más, y así sucesivamente.

Por eso, el crecimiento es exponencial.

A nivel mundial, entre la fecha del primer enfermo reportado y las cifras por la tarde del día de ayer, cuando se llegó casi a 860 mil casos, han transcurrido 81 días. Esto implica una tasa de crecimiento diaria de 16.9 por ciento.

En México, la tasa desde el 27 de febrero, cuando fue notificado el primer contagio, hasta el día de ayer, con mil 215 casos confirmados, la tasa es de 22.9 por ciento.

Si estas tasas se mantuvieran –subrayo este supuesto–, tendríamos alrededor de 92 millones de casos en el mundo al finalizar el mes de abril y 590 mil casos en México.

Desde luego que ese es el escenario inercial, el que ocurriría si el crecimiento exponencial no logra amortiguarse.

Hay quien no entiende que estamos en una guerra contra el virus. Pero guerra, literalmente. No es metáfora.

El virus, por su genética, busca reproducirse. Y solo puede hacerlo parasitando las células del huésped. No lo puede hacer por sí mismo. Nosotros somos su huésped. En su naturaleza está el buscar infectar a más y más células, y eso solo puede hacerse a través del contagio.

El distanciamiento social es la estrategia que tenemos al alcance en esta guerra –por lo pronto– para que el virus sea derrotado, sea porque desarrollemos inmunidad al sanar o bien porque el huésped falleció.

Los números que le presento arriba, y que son terroríficos, son los que se presentarían si no logramos cambiar la tendencia.

Afortunadamente parece, solo parece, que el pico de casos nuevos ocurrió hace pocos días. Fue el 28 de marzo, cuando llegamos a 66 mil 761 nuevos casos, el día de mayor número. El 30 de marzo la cifra bajó a 61 mil 348.

Pero el indicador no es suficientemente robusto. Podríamos tener un repunte si otros países u otras ciudades en los países afectados, repuntan próximamente.

Más nos vale imaginar que si no logramos evitar que el virus siga saltando de una persona a otra, como ha sucedido hasta ahora, tendremos ese escenario impactante que las tendencias reflejan y que nos llevarían a casi 600 mil casos en México apenas en el lapso del mes que hoy comienza.

Decidamos.

¿La acusación contra Maduro es algo más que una manipulación estadounidense?


Texto original por Jorge Castañeda (The New York Times)

El jueves 19 de marzo, en medio de lo que quizás es la mayor crisis sanitaria y económica del mundo desde la Gran Depresión, el gobierno del presidente Donald Trump acusó al dictador venezolano Nicolás Maduro de narcoterrorismo, narcotráfico y lavado de dinero. El Departamento de Estado de Estados Unidos ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que conduzca a la detención de Maduro y también acusó a otros altos funcionarios, incluido el ministro de Defensa del país, Vladimir Padrino López, de conspiración para el contrabando de narcóticos.

Hay diferentes maneras de interpretar este giro de acontecimientos. Maduro podría ser culpable, pero también es posible que Donald Trump esté jugando a la política en un año electoral.

La primera pregunta es si estas acciones se mantendrán, lo cual no siempre es el caso cuando Estados Unidos está involucrado. A pesar de las afirmaciones estadounidenses, su supuesto excepcionalísimo con respecto a la democracia y el Estado de derecho siempre está en duda. En mi próximo libro, America Through Foreign Eyes, analizo de manera crítica la insularidad latente de Estados Unidos desde mi propia experiencia como extranjero, en un momento crítico cuando la creencia de que la nación es inmune a los desarrollos en el extranjero ha vuelto a surgir y, simultáneamente, está siendo cuestionada.

Los fiscales federales en Nueva York y Miami presentaron cargos contra Nicolás Maduro y algunos de sus aliados. Pero esa acción, en sí misma, no es una razón suficiente para suponer que esos cargos son válidos. El historial de Washington en ese tipo de medidas no es confiable. Estados Unidos tiene una larga historia de intervención en América Latina, desde las acciones que involucraron a Manuel Noriega en los últimos tiempos, hasta Augusto César Sandino en Nicaragua en la década de 1930 y Pancho Villa en 1917.

Sin embargo, la esencia de estas acusaciones condenatorias contra Maduro ha estado en el aire durante años; a nadie le sorprendería, ciertamente a mí no, que se demostrara su culpabilidad.

En Florida y Nueva York, los equipos que dictan las acusaciones, que incluyen a Brian Allen Benczkowski, el fiscal general adjunto que acusó a Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera, el célebre capo mexicano de la droga, no son considerados como funcionarios influenciados por Trump. Y este no es un simple asunto legal relacionado con cargos de tráfico de drogas que serán dictaminados en un tribunal estadounidense. Durante el gobierno de Maduro, el régimen chavista ha perpetrado atroces violaciones a los derechos humanos y ha destruido la economía de Venezuela, lo que ocasionó la mayor crisis humanitaria de la región.

La nueva ofensiva del gobierno de Trump contra el mandatario venezolano y sus colaboradores es, en esencia, de índole diplomática y política. El problema no es si los cargos son verdaderos. Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas cordiales con los gobiernos de Afganistán y Honduras que, como ya se sabe, son cómplices del narcotráfico. Es probable que las nuevas acusaciones se hayan estado gestando desde hace años, durante los cuales Venezuela le vendió a Estados Unidos miles de millones de dólares en petróleo. La pregunta es si la acusación acelerará la caída de Maduro, que seguramente es el objetivo de Estados Unidos, o si simplemente alimentará el nacionalismo antiestadounidense siempre presente en ciertos sectores de la sociedad venezolana.

Si la medida del gobierno de Trump es una apuesta por la devastación que causará el coronavirus en Venezuela, el brutal impacto que tendrá el colapso de los precios del petróleo en su economía y el creciente aislamiento de Maduro en América Latina —como lo demuestra la reciente reelección del némesis de Maduro, Luis Almagro, como secretario general de la Organización de los Estados Americanos—podría resultar eficaz a pesar de su cinismo. En particular, si los oficiales militares venezolanos de alto rango que no están incluidos en la reciente acusación se sienten tentados por las circunstancias cambiantes y las recompensas sustanciales ofrecidas por la cabeza de Maduro. Se trata de una posibilidad remota, pero ciertamente no es una hipótesis absurda.

Por otro lado, es posible que la acusación no sea más que la habitual manipulación y fanfarronería estadounidense, sin ningún cálculo estratégico más allá de la búsqueda de votos para las elecciones presidenciales de noviembre. Después de que el huracán María devastó a Puerto Rico, muchos votantes se reubicaron en Florida. Una encuesta realizada por Univisión a principios de este mes reveló que el electorado puertorriqueño de ese estado respalda por mucho a Joe Biden y podría ser cruciales para ganar allí. Trump necesita que su base cubano-estadounidense y venezolana sea fuerte para seguir en la contienda. Los cargos contra Maduro podrían proporcionarle el impulso que necesita para captar esos votos.

¿Y cuando se declarará la emergencia económica?


Por Enrique Quintana (El Financiero)

El día de ayer se declaró la emergencia sanitaria por lo que habrán de acentuarse las restricciones a la movilidad, como producto de la pandemia del Covid-19, y del hecho de que estamos a punto de entrar en la fase del llamado contagio local, etapa en la que el número de casos va a crecer con más rapidez.

El día de hoy aparecerá en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el listado preciso de las actividades esenciales y que por lo tanto se suspenderán hasta donde sea posible.

Además, se extendió el plazo de esta suspensión, que estaba limitada al 19 de abril hasta el final del próximo mes, alineándonos con los tiempos que también se fijaron en Estados Unidos.

Sin embargo, no imagine que el 1 de mayo todo mundo va a regresar a sus actividad normal. El retorno, si las cosas suceden conforme a lo previsto, va a ser escalonado.

La expectativa es que esta reducción de las actividades productivas traiga consigo también una disminución de la movilidad y del contacto entre la población y, como resultado de ello, un achatamiento de la curva de crecimiento de los contagios en las próximas semanas.

Como le hemos comentado en diferentes ocasiones en este espacio, era ya indispensable que se tomaran estas medidas. De hecho, le he referido que, a mi juicio, empezaron tarde.

Sin embargo, ahora que ya se aplican, deben respaldarse de manera plena.

Pero, así como se están tomando medidas derivadas de la emergencia sanitaria urge que se tomen otras que derivan de la emergencia económica.

Al mismo tiempo que se restringe la presencia de los ciudadanos tanto en la vía pública como en los centros laborales, también se restringirá el consumo y con ello probablemente también la producción y los ingresos de segmentos cada vez más amplios de la población.

Ya el presidente López Obrador señaló en la conferencia mañanera del lunes pasado que se está preparando el programa económico de emergencia. Sin embargo, ya es tiempo de pasar de la preparación a la realización.

A la economía hay que verla como si fuera un paciente.

Si los ‘doctores’ se tardan demasiado en hacer el diagnóstico, en prescribir el tratamiento o peor aún, en ejecutar una cirugía, es probable que cuando ésta se realice, el daño que tiene el paciente sea mucho más grave.

En el caso de la emergencia económica se trata de proveer de ingresos a amplios segmentos de la población que los van a perder, pero también de darle viabilidad a las unidades productivas que generan la mayor parte del valor agregado en México.

Si el rescate de la economía se limitara exclusivamente a entregar dinero a las familias, como a veces han querido sugerirlo las declaraciones de los funcionarios, se estaría condenando a cientos de miles o quizás millones de empresas al deterioro o incluso a la bancarrota.

Por esa razón, la emergencia económica debe correr al parejo con la emergencia sanitaria.

No nos cansaremos de afirmar que en esta perspectiva debe haber el entendimiento necesario para adoptar políticas financieras y fiscales que aseguren la sobrevivencia de la mayor cantidad de empresas.

Imagine usted por un momento que sufre un accidente o una enfermedad grave. Así haya sido siempre su filosofía ‘vivir con lo que uno tiene’, en esa condición, no puede haber ninguna duda de que se requiere usar financiamiento.

En el caso de México, tenemos márgenes de maniobra.

Los niveles de déficit público, que son los que reflejan el nivel de endeudamiento, están relativamente bajos con relación a los que se ven en otras partes del mundo.

Si no hay pronto respuesta a la emergencia económica, nos va a costar muy caro a todos.

La estrategia y Barbosa


Por Javier Risco (El Financiero)

Confío en las autoridades de Salud de este país. Confío en la capacidad del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el Dr. Hugo López-Gatell; no hay ningún especialista en este país que no valore su experiencia y su conocimiento. Desde los medios tienes la oportunidad de escuchar todo el tiempo voces y situaciones en otros países, distintas estrategias de gobierno y mensajes para detener esta crisis mundial. Esto permite comparar e investigar. En nuestro país, desde hace varias semanas, se ha explicado hasta el cansancio a lo que le ha apostado el gobierno de López Obrador. La estrategia del gobierno para hacer frente al Covid-19 parte de las predicciones de un modelo matemático con el cual se asume que NO SE PUEDE DETENER la pandemia, pero sí se puede ADMINISTRAR para que dure más, de esta manera se evita un colapso al sistema de salud y no se hunde la economía del país, sobre todo de los que viven al día. Ahí está el planteamiento. Para explicarlo mejor han dicho que lo que quieren es “aplastar la curva”. Incluso ayer, el Dr. Juan Luis Mosqueda, director general del Hospital del Bajío y uno de los voceros del gobierno ante la crisis, ha señalado que si funciona esta estrategia de contención, la reclusión en nuestro país durará mucho más, podría llegar hasta agosto –estamos a cinco meses de esto–. ¿Funcionará? Hoy nadie lo sabe, cualquier mexicano, estoy seguro, reza porque así sea, porque las autoridades logren administrar esta epidemia y que México se convierta en un caso de éxito, que este país le dé una lección al mundo, ojalá suceda… si no también habrá tiempo para señalar a los responsables de los errores y omisiones.

Para lograr “aplastar la curva”, están en marcha varias medidas propuestas por el gobierno: la jornada nacional de sana distancia, la suspensión de clases a nivel nacional, la suspensión de eventos y reuniones de más de 100 personas, y la suspensión de actividades laborales que requieran movilización. En resumen, es el aislamiento, permanecer en casa la mayor cantidad de tiempo posible, salir a la calle sólo a lo indispensable.

Mientras las autoridades se quiebran la cabeza para comunicar esto con campañas que incluyen a la heroína ‘Susana Distancia’ y dan todos los días una conferencia a las 19 horas, hay voces irresponsables e ignorantes que, dada su importancia, podrían tener eco en una población que está expuesta a todo tipo de mensajes sin filtros. Me refiero a la declaración hecha ayer por el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa: “¿Quiénes están contagiados ahorita? Seguramente hay mucha gente de las 40 personas, algunos son padres de familia, sí, la mayoría son gente acomodada, eh, ¿sí lo saben o no? Si ustedes son ricos tienen el riesgo, si ustedes son pobres, no; los pobres estamos inmunes”. Qué peligroso es gobernar desde la ignorancia. Dar declaraciones como ésta puede tirar todo un proyecto de comunicación responsable. Podría sonar absurdo, pero las autoridades nacionales deben salir a desmentir estas declaraciones y advertir la ignorancia en las palabras del gobernador de Puebla.

Sigamos escuchando las voces de los especialistas que todos los días a las siete de la noche tratan de resolver una crisis que apenas comienza en este país. Ojalá funcione la estrategia, tomarán más tiempo las medidas, pero no se colapsará el sistema de salud; pronto sabremos si fue la mejor decisión. En tanto, señalemos a esos funcionarios públicos, empresarios y gobernadores que han usado sus plataformas para engañar e irresponsablemente mal informar en tiempos donde lo más valioso es poner en la primera fila a científicos y especialistas.

El Waterloo de Napito


Por Darío Celis (El Financiero)

El lunes por la tarde hubo un intenso jaloneo en la Cámara de Senadores entre Napoleón Gómez Urrutia y su grupo de cuatro senadores de Morena, con la presidenta de la mesa directiva, Mónica Fernández.

La tabasqueña, aliada con Ricardo Monreal, fue muy clara con el líder minero: “si no cambias tu dictamen para modificar el 15-A de la Ley Federal del Trabajo y no respetas los acuerdos con el Ejecutivo, los sindicatos y los empresarios, el dictamen no pasa al Pleno”.

‘Napito’ ya había convocado a las comisiones unidas de Trabajo y Puntos Constitucionales para una reunión el martes por la tarde, pero ante el enfrentamiento con la presidenta del Senado, la Junta de Coordinación Política y la mayoría de los senadores de estas comisiones le hicieron vacío y lo dejaron solo.

El senador plurinominal no tuvo más remedio que aplazar la reunión, culpar a “fuerzas oscuras” y frenar la iniciativa sobre la casi desaparición del outsourcing y sus ocho millones de empleos.

Muchos miembros de la Junta se preguntan ¿por qué Napoleón se empecina en sacar adelante un dictamen parcial que ya fue rechazado, no obstante que ese mismo órgano le habían pedido modificarlo e incluir las conclusiones del Parlamento Abierto y del grupo de expertos?

Más de un senador dijo que el verdadero interés del ‘Napito’ es hacer una ley a modo para que sea su sindicato y otros dirigentes sindicales quienes ofrezcan el esquema de subcontratación en las plantas maquiladoras, sobre todo en la industria automotriz.

La controversia entre Gómez Urrutia y Fernández se dio cuando la presidenta del Senado conoció el ‘nuevo’ dictámen con el que aquél quería sorprender al Pleno presentando casi el mismo dictámen aprobado por la Comisión del Trabajo que él preside, pero rechazado por los partidos de oposición y por el líder de los senadores de Morena.

Las “fuerzas oscuras” que detuvieron el madruguete de ‘Napito’ tienen nombre y apellido: la Secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde; el director del IMSS, Zoé Robledo; la Secretaría de Hacienda, de Arturo Herrera; la CTM, de Carlos Aceves del Olmo; y los organismos empresariales aglutinados en el Consejo Coordinador Empresarial, que preside Carlos Salazar, entre otros.

En la Junta de Coordinación Política y en el Senado en general hay un grupo de legisladores que saben que ‘Napito’ no va a detener sus sueños de grandeza de utilizar su curul para pasar leyes que fortalezcan el tipo de sindicalismo antidemocrático que representa, aún por encima de los trabajadores.

En las vísperas de la ratificación del T-MEC entre los gobiernos de Andrés Manuel López ObradorJustin Trudeau y Donald Trump, quiere lograr por la puerta de atrás del Senado lo que nunca ha podido ser por la buena: un dirigente sindical que parezca demócrata.

AMLO-Permanencias-Voluntarias

Ya no le hagamos caso


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Por segundo día consecutivo, el presidente Andrés Manuel López Obrador se abstuvo de limpiarse las manos con líquido antes de iniciar su comparecencia en Palacio Nacional. Tampoco se mantuvo la distancia de un metro mínimo entre personas, como sugiere el estándar de distanciamiento social.

Todo esto, 24 horas después de que se recomendara, en el mismo foro, que eso tendría que hacerse. Las palabras sí se las lleva el viento. El presidente ocupó 56 palabras en el arranque de su comparecencia para hablar en general del Covid-19, y dedicó 381 para hablar de su agenda, de sí mismo y de lo que hace para no dar pie a sus ‘adversarios’.

Una vez más, como lo reitera siempre, antepuso la fe a la ciencia –y respaldó ampliamente al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, que en la víspera sacrificó el conocimiento para rendirle tributo a las creencias presidenciales. “Vamos a salir adelante”, dijo López Obrador en su comparecencia del martes.

“Hay que tener fe en nuestro pueblo y actuar de manera consciente (sin) caer en la desinformación”. La fortaleza está “en nuestro pueblo y en su cultura”. Nada de reforzamiento sobre las medidas de prevención. No son necesarias. Dijo que estamos en la primera etapa de la pandemia, lo que es cierto, y actuando con “serenidad y no dejarnos manipular”. En pocas palabras, actuarán para evitar el contagio cuando el contagio ya esté dentro.

La reacción tardía del gobierno de López Obrador, que resiente y critica el Presidente, no es observada y cuestionada en México sólo, sino en el mundo. Él no va a cambiar. El subsecretario a modo que tiene en Salud, le hace segunda. ¿Qué se puede hacer? Sólo una cosa: ya no le hagamos caso.

Hagamos caso a quienes en la comunidad científica actúan sin estar cuidando su empleo o buscando promoción, a lo que están diciendo las autoridades en la materia en el mundo y a reflexionar críticamente sobre el porqué los gobiernos –salvo Brasil y México– están alineados en sus medidas para romper la cadena de contagios. López-Gatell dice, a contracorriente del mundo, que las medidas que han tomado no sirven para nada. Tal para cual.

El lunes pasado, el Imperial College de Londres, que tiene un Equipo de Respuesta y asesora al gobierno británico, dio a conocer un informe sobre el Covid-19 (https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/sph/ide/gida-fellowships/Imperial-College-COVID19-NPI-modelling-16-03-2020.pdf), con nueva información sobre la pandemia en Italia, que concluyó que las medidas limitadas que impusieron en un principio, podría resultar en un “mucho mayor número de muertes”. López Obrador está convencido de que la pandemia es una exageración y que el manejo de la información sobre ella es político. No es así.

La información se sustenta en análisis matemáticos o el procesamiento de estadísticas –como se hizo en el caso italiano–, para poder hacer proyecciones que ayuden a formular políticas públicas.

“El mundo está viviendo la crisis de salud pública más seria en generaciones”, dijo el profesor Neil Ferguson, jefe del Equipo de Respuesta y director del Instituto Abdul Latif Jameel para Enfermedades y Análisis de Emergencia (http://www.imperial.ac.uk/news/196234/covid-19-imperial-researchers-model-likely-impact/). El informe estudió las razones por las cuales el virus se salió de control y saturó los hospitales, donde han muerto más de dos mil 200 personas y arriba de 28 mil están infectados, aunque la cifra probablemente sea “considerablemente” más alta. Esto obedeció a que la estrategia para aplanar la curva de crecimiento de contagios y controlar la pandemia, fue muy optimista.

“Utilizamos las últimas estimaciones de severidad para mostrar que las estrategias políticas que buscan mitigar la epidemia, podrían haber reducido a la mitad las muertes y reducido el pico de la demanda de atención médica en dos tercios, aunque no sería suficiente para prevenir que los sistemas de salud se saturen”, agregó el doctor Ferguson. “Intervenciones más intensas y socialmente disruptivas tendrían que ser requeridas para suprimir la transmisión a bajos niveles. Probablemente tales medidas, principalmente un distanciamiento social a larga escala, se necesitaría llevar a cabo por meses, quizás hasta que una vacuna está disponible”.

López Obrador ha dicho que México está preparado para la pandemia. La información que le han dado no es totalmente correcta. López-Gatell ha dicho en las reuniones en Palacio Nacional que se tiene capacidad hospitalaria suficiente para la etapa dos, con la experiencia de la influenza estacional. No le han explicado al Presidente la duración de la influenza, que en la temporada 2019-2020, hasta finales de febrero, tuvo cuatro mil casos positivos. En diciembre, por ejemplo, encontrar una cama para neumonía, que es la patología de la influenza y el Covid-19, demoraba cuando menos 10 días. Otra mentira que ha dicho el subsecretario de Salud, es que existen 35 hospitales desplegables, cuando en realidad hay cinco en el gobierno federal.

La desinformación de que se queja el Presidente encuentra un foco claro dentro de Palacio Nacional. Le han dicho que tienen los insumos para enfrentar la pandemia, pero no hay respiradores porque no se compraron. Apenas en la última semana comenzaron a adquirir medicamentos para aplicárselos como refuerzo a doctores y enfermeras en la primera línea de combate al virus. El Presidente descalifica pero, como admiten con resignación colaboradores, no escucha recomendaciones que puedan ir en contra de sus fijaciones. Pelearse con sus ‘adversarios’, que en los últimos días parecen encontrarse en los medios, podrá ser una gran victoria, aunque pírrica. Sus cruzadas públicas no asustan ni frenan el coronavirus. Este debía ser la preocupación de todos.

NOTA: El embajador de Estados Unidos, Christopher Landau, desmintió que funcionarios de alto nivel hayan hablado del coronavirus en una reciente reunión en la Ciudad de México. La información fue proporcionada por personas que participaron en ese encuentro. Se entiende la insólita energía con la que reaccionó, proporcional a la gravedad de lo que sucedió en esa reunión.

A la distancia


Por Macario Schettino (El Financiero)

Ya usted sabe que las bolsas de Estados Unidos cayeron 10% ayer, mientras que las europeas lo hicieron en 12%. El dólar FIX cerró en 22.15 pesos, y el barril de petróleo de la mezcla mexicana, en 25 dólares. La combinación de la pandemia de coronavirus y la guerra comercial petrolera ha devastado los mercados financieros.

Conviene agregar que los refugios tradicionales también se vinieron abajo. El oro perdió -5%, y el bono del gobierno estadounidense a 10 años, -7%. Refugios novedosos, como Bitcoin, perdieron más de 20%. En pocas palabras, nada dentro de los mercados es atractivo.

Esto significa que no tenemos una crisis originada en esos mercados, sino externa. Creo que las caídas de ayer se explican por el mensaje de Donald Trump del miércoles por la noche, con medidas absurdas, discurso confuso y lenguaje no verbal que transparentaba nerviosismo. Justo lo que no debe hacer un líder en estas circunstancias. Para sumarle, Christine Lagarde tuvo dos intervenciones ayer, ambas malas, que profundizaron el nerviosismo.

La pandemia de coronavirus fue atendida tarde y mal. Debió declararse mucho antes, y debió ser tomada en cuenta con seriedad por los gobiernos. No hacerlo ha significado un crecimiento en casos y en fallecimientos, que no debieron ocurrir. En Italia, pero también en España, Francia, Alemania y en Estados Unidos. México ha actuado posiblemente peor que todos ellos, porque prácticamente no se han aplicado pruebas para saber cuántos casos enfrentamos.

En cualquier caso, la pandemia no fue contenida, y ahora es un asunto de administrar el crecimiento lo mejor posible y esperar el contagio de proporciones muy elevadas de personas, tal vez entre la mitad y tres cuartas partes de los seres humanos.

Impedir que esto sature los servicios de salud implica políticas de distanciamiento social, que obligadamente van acompañadas de menor actividad económica. Eso es lo que los mercados están descontando, en exceso por sus dudas sobre la capacidad de liderazgo actual. En el mejor de los casos, hay que considerar que durante el próximo mes debemos reducir significativamente nuestra comunicación con otras personas. Si hacemos las cosas bien, tal vez regresando de Semana Santa podamos iniciar el proceso de normalización de la vida, que tardaría otro mes.

Esto significa que por una sexta parte del año, si todo sale bien, la actividad económica global estará a medio vapor. Eso es una recesión, aunque se le puede poner otro nombre, porque esa palabra los espanta mucho. Todos creceremos menos de lo esperado, México seguramente tendrá una contracción. El Presidente, mentiroso como es, ha dicho que la pandemia nos tomó en momento de crecimiento. No es así, nos tomó vulnerables gracias a las decisiones absurdas de su gobierno. Pero no tiene mucha importancia.

El otro golpe en los mercados, la guerra comercial petrolera, debe durar mucho tiempo más. Si Arabia Saudita y Rusia están intentando derrumbar al fracking estadounidense, debemos esperar al menos un año de precios bajos. Si, además, tienen visión estratégica y están considerando el fin del petróleo como combustible, esto durará mucho más tiempo.

Con esas perspectivas, lo mejor que podríamos hacer en México es olvidarnos de los sueños guajiros del gobierno actual y regresar a la reforma energética, promoviendo el cierre de Pemex lo más pronto posible y la transición acelerada a tecnologías limpias. Convendría, adicionalmente, tomar en serio las finanzas públicas. Esto significa recaudar más y mejor, pero también orientar el gasto de forma más inteligente. El sistema de salud ya fue pauperizado por este gobierno, y temo que durante el crecimiento de casos de coronavirus, tengamos serias dificultades.

Es trágico que en estas circunstancias tengamos presidentes como Trump o López Obrador.