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México: Entre la Trump y la Reforma Laboral.


El #rapidín por Edel López Olán

#México se ha convertido en rehén de todos. El gobierno federal se ha convertido en el mejor carcelero de las esperanzas de un pueblo que sigue confundido en sus ideales. Los #ProgramasSociales que el oficialismo pretende disfrazar como empleos formales, fueron la punta de lanza de las aspiraciones electoreras de un presidente sin escrúpulos y fuera de sí. Pero más allá de lo interno, ahora, los mexicanos se encuentran presos en medio de un fuego cruzado que se cocina en la alta escala de las negociaciones comerciales.

La presión de los demócratas en Estados Unidos al gobierno de México para autorizar el famoso #TMEC comienza a tomar tintes preocupantes. Uno de los grandes rezagos que existen en el vecino del norte ha sido el empleo y el presidente #Trump ha mantenido su base de votantes gracias al asistencialismo y su demagogia eterna de un mejor América, cuando, la realidad dista mucho de ello. Solo en la primera mitad del año la economía de EE.UU. agregó solo 75.000 empleos, una cifra sorprendentemente baja por debajo de lo que los expertos habían pronosticado. Mientras tanto, la tasa de desempleo se mantuvo en 3,6%, lo que significa que el desempleo todavía está cerca de un mínimo de medio siglo con una economía estancada completamente.

México hace unos meses aprobó la Reforma Laboral, uno de los principales puntos en ella, fue la elección democrática de líderes sindicales de cada una de las empresas y así, obtener mejoras a los contratos colectivos de trabajo en un sindicalismo que sigue a las órdenes de un oficialismo depredador y sin escala. Hoy, decenas de mini líderes sindicales saldrán a la luz como parte de este nuevo entramaje a favor del oficialismo que promueve una protección condicionada, por tal motivo, Estados Unidos pretende supervisar la correcta aplicación de la #ReformaLaboral aprobada condicinando así la aprobación del #TMEC enviando inspectores que vigilen que las reforma se lleve acabo y así seguir moderando desde la Casa Blanca la forma en como las empresas americanas no emigren hacía #México, que se habían convertido en un paraíso para empresarios que buscaban mano de obra barata y sin ningún tipo de supervisión, todo esto, en pleno año electoral americano.

La contrapropuesta de México es que las controversias en materia laboral por el cuestionamiento de una elección de un líder de un sindicato es que se haga un panel de expertos con un representante de Estados Unidos y uno de México, así como un tercero, que evalúe cuando en un caso concreto de una empresa haya dudas sobre el proceso de elección. En ese caso, el proceso electoral puede ser repuesto y, en dado caso, será ese panel el que determine si hubo violaciones a la ley o no.

Por otro lado, el otrora líder sindical y capo del hampa sindicalista en México Napoleón Gómez Urrutia, junto con los senadores de #MORENA, aprobaron en fast track la ley que impide a los empresarios la contratación vía outsourcing, algo que lo sigue beneficiando a él y a todos los sindicatos que aparecerán con la nueva Reforma Laboral y que obviamente son el reducto de dinero para decenas de líderes sindicales que como él, se han enriquecido del pueblo y favorecido al partido en el poder, algo que desafortunadamente, también, pone en jaque el famoso tratado con Estados Unidos y Canadá.

Mientras tanto, en este estira y afloja, los trabajadores mexicanos siguen presos entre pretensiones y medios hechos. El TMEC, así como ha sido el TLC será ese puente comercial que beneficiará a miles de trabajadores y productores mexicanos así como también a decenas de inversionistas que hoy, siguen viendo en el país, un polvorín de inversión que lentamente los aleja de esteas tierras mientras se busca una igualdad laboral tan vociferada pero poco buscada.

Hoy, México sigue preso (como lo estuvo 18 años) de las pretenciones electoreras de un candidato que quiere jalar agua para su molino, sin darse cuenta, que con eso desconfigura todo, incluso lo más importante: El trabajo de todos los mexicanos, y eso, es #lamentable

Hasta la próxima.

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Países sin ejército, paraísos fiscales


Por Luis Gonzalo Segura (RT noticias)

En los sectores más progresistas de la sociedad se sostiene de forma casi impertérrita la máxima de ‘sin ejércitos no hay guerras’, cuestión que podría dar lugar a un interminable y acalorado debate. Pero el objetivo de esta cuestión no es resolver tal debate, ni tan siquiera desequilibrarlo, sino añadir de forma un tanto malévola unos cuantos ingredientes más a la disputa mediante el análisis de aquellos países que a día de hoy no poseen ejército —31 en total—: porque sí, efectivamente, los progresistas tienen gran razón al aseverar que sin ejércitos no hay guerras… hay paraísos fiscales.

El análisis de estos países revela ciertas coincidencias:

1- Casi todos cuentan con una particularidad en común: son pequeños.

Sin duda, de todos los países sin ejército, el que posee mayor tamaño e importancia es Costa Rica —4,9 millones de habitantes—. Tras este país centroamericano, la mayoría de estados sin ejército no alcanzan el millón de habitantes —solo Costa Rica, Panamá y Mauricio superan esta barrera— y solo la mitad de estos estados superan los 100.000 habitantes —junto a los tres anteriores: Aruba, Curasao, Polinesia Francesa, Granada, Islandia, Kirbati, Micronesia, Santa Lucía, San Vicente y Granadinas, Samoa, Islas Salomón y Vanuatu—.

2- Por lo general, se dividen en islas o enclaves territoriales particulares

Como hemos comprobado, salvo en el caso de Costa Rica y Panamá, países con una cierta entidad, el resto de estados se caracterizan por ser islas o enclaves territoriales con una historia particular que les permitió mantener no ya una soberanía plena, pero al menos una independencia formal. Destaca Groenlandia e Islandia, las cuales, aun siendo islas, se encuentran en mitad del territorio OTAN y por tanto resultan extremadamente apetitosas para Occidente. Recuerden la última proposición indecente de Donald Trump sobre Groenlandia —comprarla—, la cual fue tildada como absurda por la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.

3- Han cedido su defensa a un país de mayor tamaño.

Si analizamos la situación defensiva de los países sin ejército podemos comprobar que la mayoría de ellos tienen cedida la defensa a un país de mayor envergadura. Un ejemplo de ello es Costa Rica, la ‘Suiza Mesoamericana’ —denominada así por su declarada neutralidad—, país que siempre es referido como un ejemplo de un mundo mejor en el que los ejércitos no son necesarios. Sin embargo, este país tiene cedida su defensa a Estados Unidos, país que no se caracteriza precisamente por su condición de valedor de los derechos humanos y el derecho internacional, sino mas bien por lo contrario: por generar estados fallidos para expoliarlos y tumbar regímenes socialistas. ¿Contribuye Costa Rica a un mundo mejor? Ahí dejo la cuestión.

Otros países que adoptan la defensa de estados sin ejército son España, Francia, Holanda, Nueva Zelanda, Reino Unido, Dinamarca, Austria, Suiza, Australia e incluso la OTAN. Un somero análisis del listado, a excepción de los casos de Australia y Nueva Zelanda, aceptables por su propia esencia geográfica, desprende un cierto aroma a añejo colonialismo. Una especie de síndrome de Estocolomo histórico-geográfico. ¿No debería ser la ONU en lugar de los países colonizadores los responsables de la defensa de estos estados tan particulares?

4- Y, lo más importante: son en su mayoría paraísos fiscales.

Sin embargo, con todo, la cuestión más alarmante, para pacifistas y no pacifistas, supone con mucho que la mayoría de estos países son paraísos fiscales. Espacios en los que se extraen los capitales del resto del mundo para ser ocultados a la ciudadanía. Una especie de fortalezas de oro en las que se guarda el dinero que el capitalismo salvaje, tan liberal él, nos sustrae. Unos estados en los que confluyen abogados, empresarios, multimillonarios, políticos, deportistas, banqueros, monarcas, traficantes de armas y todo tipo de delincuentes y mafiosos. Todos juntos y en ocasiones revueltos, obteniendo beneficios en los mismos mercados.

De hecho, del extenso listado, tanto la ONG Oxfam como la Unión Europea consideran paraísos fiscales a todos los países salvo a Mónaco, Liechtenstein y Andorra. Y eso que estos últimos no se rigen precisamente por un comportamiento ejemplar en la cuestión.

Son precisamente estos paraísos fiscales los que guardan una estrecha relación con la venta, tanto legal como ilegal, de armas y, por tanto, deben ser considerados como motores fundamentales de la industria armamentista mundial, de la que Estados Unidos es la mayor potencia.

Suiza, el caramelo envenenado para los pacifistas

En el paraíso centroeuropeo suizo casi la mitad de los habitantes poseen un arma —46 de cada 100— y todos los varones están obligados al cumplimiento del servicio militar —las mujeres pueden acudir de forma voluntaria—. Datos a los que si añadimos que en el país existe un arma privada por cada cuatro habitantes —2 millones de armas privadas para 8,3 millones habitantes— demostrará a las claras que Suiza, siendo muy pacifista, es un país militarizado. Además, también es un paraíso fiscal y un país que obtuvo un gran lucro durante los conflictos armados que devastaron el mundo.

Un pacifismo de aquella manera que permite desmontar dos mitos de una sola tirada: ni las armas ni los ejércitos son el problema, el problema son aquellos que controlan a ambos. Ello no quiere decir que este sea un alegato a favor de la libre circulación de armas, un problema que está completamente descontrolado en Estados Unidos y que necesita urgentemente de una prohibición, sino que lo que subyace en los atentados no son las armas —Suiza solo ha sufrido una masacre en los últimos veinte años—, sino los bajos niveles educativos, económicos y sociales y la marginalidad, pobreza y desigualdad que ello genera. En Estados Unidos no deberían restringir la circulación de armas por el peligro en sí mismas de estas, sino porque el máximo exponente del capitalismo es un fracaso de tamaña magnitud que sus ciudadanos no pueden ser armados ante el riesgo de liberar sus frustración mediante el uso de estas.

Por la misma razón, los ejércitos no son el problema ni el motor de las guerras, sino los poderosos —gobernantes, empresarios, banqueros, multimillonarios— que se lucran con la muerte. Son los poderosos los que se interponen entre la paz y los ciudadanos, no los ejércitos ni las armas. Y son los poderosos los que usan desde hace décadas los países sin ejército como La Tapadera —The Firm; 1993; Tom Cruise, Gene Hackman, Holly Hunter y Ed Harris— de sus negocios sucios, guerras incluidas. Hasta Hollywood lo sabe.

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La trampa del discurso


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Un año después, lo que sostiene al gobierno de Andrés Manuel López Obrador es su palabra. Es poderosa y persuasiva, que sin pudor alguno le permite decir mentiras, aceptar que ha incumplido sus promesas de campaña, y actuar igual en muchos aspectos como los gobiernos del pasado que trata con desprecio, y ser peor, en otros aspectos, que todos ellos. Pero la forma como comunica y la maquinaria detrás de su mensaje para machacar el discurso, ha hecho magia para evitar el colapso de su gobierno, que al cumplir un año es un desastre, en función de los resultados. El teatro montado en Palacio Nacional todas las mañanas le ha permitido la gobernanza. No será sexenalmente eterno, pero por ahora, le ha dado el oxígeno suficiente para mediatizar a millones de mexicanos que no alcanzan a ver las contradicciones de su verbo, y permanecen engañados por su eléctrica personalidad.

Lo que para muchos parece una retórica chocante, para la mayoría, a decir de las encuestas de aprobación presidencial, les sigue pareciendo una realidad. Lo más sorprendente es cómo la contradicción más evidente sigue siendo el engaño más notable para los mexicanos. Se trata de su estribillo retórico del neoliberalismo. Ayer se volvió a referir despectivamente a los “gobiernos neoliberales” de los últimos 36 años. Varios funcionarios en su gobierno fueron parte de ese cambio, pero es secundario. Lo relevante es que el sustento del proyecto de López Obrador es tan neoliberal, o más, que los anteriores: el Presupuesto es el más draconiano de este siglo, y el dogma fiscal es el más riguroso. Se ha endeudado como los gobiernos sobre los que vomita todos los días –500 mil millones de pesos este año, mayor para el próximo–, aunque insiste que eso no sucede.

La mentira diaria es parte del estilo para mantener el consenso. López Obrador es políticamente liberal en el discurso, pero profundamente conservador en los hechos. Su política de transferir recursos directamente a la gente es lo más alejado a una visión progresista y de izquierda. Es el ideal de los neoliberales, donde la reducción del papel del gobierno en la vida diaria es fundamental para el modelo. Milton Friedman, premio Nobel de Economía y padre de la Escuela de Chicago, donde la tecnocracia –que critica López Obrador– fue llevada a un nivel superior, propuso en los 50 el “cupón educativo”, donde, como en los programas sociales actuales, se transfería directamente el dinero a los padres para que escogieran las escuelas de sus hijos. La diferencia es que en aquel modelo había supervisión del gasto; en el del Presidente, no la hay, lo que abre las puertas a la corrupción.

La corrupción, precisamente, es la otra trampa del discurso. El mensaje que amartilla su aparato de propaganda es que la falta de crecimiento y desarrollo estaba totalmente asociada con el dinero que se embolsaban en el viejo régimen, que ha demolido, no resuelve la contradicción de por qué sin ese sistema putrefacto, donde todos robaban, el país está hoy peor que hace un año en términos económicos. Si ya no se roban nada, porque López Obrador aseguró hace unos días que la corrupción se había erradicado, por qué se crece a cero por ciento –de más de 2 por ciento el año pasado–, se desplomó la construcción, aumentó el desempleo, hay menos consumo, la producción industrial disminuyó, y la actividad económica en general viene en retroceso. Si la corrupción se acabó debería haber más dinero. ¿Por qué entonces hay menos? Si se cortó la sangría, ¿por qué los recursos no alcanzan? La duda es si es porque la corrupción continúa o porque la incompetencia del gobierno es de epopeya.

Hay un argumento que permite plantear la hipótesis de que no es sólo por incompetencia, sino por corrupción o desvío de dinero para fines electorales, que se puede discutir a partir de otra actitud regresiva que lo caracteriza, la opacidad. La principal herramienta para combatir la corrupción es la transparencia. La mayor urticaria que tiene López Obrador desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México es la transparencia. Hay un asalto y hostigamiento sistemático a los órganos de transparencia y anticorrupción para ser desacreditados, mientras va remplazando a sus titulares por sus empleados. En el discurso, quienes pueden representar un contrapeso o lo critican, son denunciados como corruptos que reaccionan ante la pérdida de privilegios. La maquinaria propagandística de Palacio Nacional trabaja para martillar el adoctrinamiento.

La forma como está transformando un sistema democrático en uno autoritario ha cambiado la visión romántica que se tenía de él en el mundo, y gradualmente está generando dudas en México sobre su honestidad. Aunque se mantiene su aprobación en el rango de 68 por ciento promedio, todas sus políticas públicas han sido reprobadas. Su personalidad, su magia como comunicador, y la propaganda que lo respalda, muestran desgaste.

Un ejemplo fue el mitin que celebró ayer en el Zócalo, donde todo el gobierno presionó a sus burócratas para que acudieran a celebrarlo. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, habló con los legisladores y operadores políticos en la capital para decirles que tenían que llevar contingentes para mostrar músculo, necesario para que López Obrador proyecte fuerza. Pese al esfuerzo inhibitorio para llevar al mayor número de gente, las autoridades capitalinas estimaron en decenas de miles de personas la asistencia.

López Obrador dijo ante ellos que se ha instaurado una nueva forma de hacer política y un cambio de régimen. La realidad es que no hay una nueva forma de hacer política, ni un nuevo régimen, ni es diferente. Es más de lo mismo y en algunas políticas, peor que antes.

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Pésimas noticias: no hay remedio


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

El discurso del Presidente ayer en el Zócalo confirmó lo que muchos temíamos: no habrá cambios en política económica ni en la estrategia seguridad.

Cree que vamos muy bien, que está haciendo historia, cuando en realidad caemos en prácticamente todos los rubros.

Los que esperaban anuncios de cambios luego de un año de errores y fracasos se toparon con la realidad: AMLO va derecho, no se quita ni corrige.

Son noticias preocupantes para México, aunque también malas para el líder social que atiborraba plazas con su sola convocatoria. Esta vez no pudo llenar el Zócalo con sus partidarios, a pesar de contar con todos los recursos del Estado para hacerlo.

Se redujo el espacio disponible del Zócalo, y la mayoría de los que acudieron fueron acarreados de distintas entidades. Al llegar en los autobuses rentados por quién sabe quién, bajaron penosamente sus bolsas de plástico con sándwiches y frutsis.

Durante el discurso de AMLO la gente estaba distraída, se volteaba, conversaba, y su preocupación era protegerse del sol. Tenían razón, pues no había nada qué festejar.

Sorprendente fue el contraste con la marcha opositora sobre el Paseo de la Reforma, con cerca de 40 mil personas que llegaron por su propia voluntad y sin acarreados.

Triste, vacío de contenido y tramposo fue el discurso del Presidente.

La realidad es que tenemos crecimiento económico de cero por ciento, es decir nada, sin crisis externa por ahora.

Vimos a un Presidente de México con un discurso que lo postró a los pies de Donald Trump, el mandatario estadounidense más cruel y antimexicano que tengamos memoria. Lo colmó de elogios porque “ha sido respetuoso” de nuestro país, cuando no es así.

Trump nos ha impuesto su agenda y sus odios contra los migrantes centroamericanos. En su país separa a madres de hijos a los que encierra en jaulas alambradas.

¿Gracias, presidente Trump, por respetar a los mexicanos?

El gran golpe de timón para devolver la confianza de los inversionistas era el relanzamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y no hubo tal rectificación sino regocijo por una “estupidez económica”, como la calificó el Financial Times.

“Los conservadores corruptos no pudieron detenernos para construir el aeropuerto de Santa Lucía”, presumió el Presidente en el Zócalo, al referirse a los amparos que revocó el mismo juez que los había otorgado.

Texcoco ya estaba construido en una tercera parte, con la torre de control incluida. Todo para abajo. AMLO le ordenó al Ejército hacer un aeropuerto en Santa Lucía porque ninguna compañía seria lo quiso construir.

Actualmente el aeropuerto de la capital transporta entre 45 y 50 millones de personas al año. Santa Lucía, en 2032, sólo moverá a 19.2 millones de pasajeros. Con un agravante, según el reciente reporte encargado al Grupo Aeroportuario de París: las pistas uno y tres no podrán funcionar simultáneamente. O sea no será posible tener despegues y aterrizajes al mismo tiempo.

No hay en el discurso presidencial ningún signo de que vamos a mejorar. Olvídenlo.

En violencia llevamos cerca de 35 mil muertos en su primer año de gobierno.

Hubo condolencias en el mensaje de López Obrador, aunque no para los miles de asesinados en México, sino para los muertos en Texas.

La estrategia del avestruz seguirá, por lo que no debemos esperar una mejoría en seguridad. Al contrario, los grupos criminales aumentan su poder. (Veintiún asesinados en una matanza en Coahuila el sábado).

No mencionó a Pemex –la niña de sus ojos– en el discurso del primer año de gobierno.

En realidad no tenía nada qué decir. Fue una forma de eludir que la producción cae más que en el sexenio anterior, y que en el tercer trimestre del año esa empresa del gobierno perdió 88 mil millones de pesos, contra 26 mil 770 millones de pesos en utilidades que tuvo en el mismo periodo del sexenio anterior.

En lo que va de su gobierno se han dejado de crear 328 mil empleos.

Promocionó como justicia social los apoyos económicos directos que otorga su administración. Eso no genera desarrollo, sino dependencia política hacia el gobierno que entrega los recursos.

En Brasil se inició un programa con rebajas, a las empresas, de 30 por ciento del costo que implica contratar a una persona de entre 18 y 29 años de edad. Así se generan empleos permanentes para gente joven y no le deben el favor político al gobierno.

Dijo el Presidente que en su gobierno había aumentado la recaudación fiscal. Es tramposo ese dato.

Sí crecieron los ingresos tributarios en 1.6 por ciento respecto al año anterior, pero…: la recaudación por IVA (consumo) cayó 3.2 por ciento. También cayó el ingreso tributario por ISR (ingresos), en 1.2 por ciento.

¿Qué pasó entonces? Muy sencillo: aumentó el IEPS a combustibles en 61 por ciento. Sí, sesenta y uno por ciento subió el IEPS a gasolinas y diésel, luego de que dijeron que lo iban a bajar.

El apoyo a la gente necesitada es dinero en efectivo, pero han destruido el sistema de salud: acabaron con el Seguro Popular a cambio de nada. Recortaron 118 millones al Programa Nacional de Vacunación. Quitaron 132 millones de pesos en Prevención y Control de Enfermedades. 231 millones de pesos al Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras. Menos dinero a Control y Prevención de Obesidad y Diabetes. Los hospitales de alta especialidad están deficitarios en todo.

Al campo, entre subejercicios y recortes, lo golpearon como en décadas no ocurría.

Crear clientelas electorales con dinero en trasferencias directas, es la estrategia.

Esas clientelas quedarán atrapadas de por vida, porque el Presidente presumió la demolición de la reforma educativa como un logro. Enterrada está.

No habrá cambios que devuelvan la confianza para invertir (lo anunciado por la IP la semana pasada sólo significa 0.7 por ciento del PIB anual, y necesitamos inversiones en infraestructura por cinco por ciento del PIB)

La seguridad queda como hasta ahora: a mano de los criminales y a esperar que se conviertan en buenos gracias a programas sociales que no generan desarrollo.

El Presidente dice que vamos bien y en un año no habrá reversa. Pésimas noticias.

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Las narrativas de la seguridad


Por Eduardo Guerrero Gutiérrez (El Financiero)

La seguridad del país se nos fue de las manos en 2008. Desde entonces, con la excepción de algunos meses de tregua en 2012 y 2013, las cosas han ido siempre de mal en peor. Ante el fracaso, los altos funcionarios del gobierno no han sabido que hacer. Así que buscan, por lo menos, tener algo que decir. Lo mismo con Calderón, que con Peña Nieto, que ahora con López Obrador, el gobierno se ha volcado ansiosamente a buscar narrativas.

La palabra narrativa, muy en boga en las áreas de comunicación social, se ha convertido en el eufemismo perfecto para no decir justificación. Sin embargo, las narrativas de la seguridad han sido sólo eso, argumentos que se construyen para justificar los malos resultados, siempre a partir de causas ajenas al gobierno: la geografía, las presiones migratorias, o el consumo y los precios internacionales de las drogas (lo mismo si suben que si bajan). Las narrativas no tienen que probarse con evidencia. Deben sonar creíbles, eso sí. Pero lo más importante es que deben generar empatía. Por eso, las narrativas apelan a emociones, a lugares comunes y a causas honorables. Sin embargo, no necesariamente tienen que ver con los factores relevantes para explicar, y eventualmente resolver, la espiral de violencia en la que vivimos.

En las últimas semanas, Marcelo Ebrard revivió una de las narrativas más socorridas, la del tráfico de armas. Calderón usó esa misma narrativa después del ataque al Casino Royal de Monterrey, en 2011, donde murieron 52 personas. El cuento del tráfico de armas es irresistible. Casi por instinto, a los mexicanos nos gusta culpar a los gringos de nuestras desgracias. También se apoya en una verdad irrebatible y en una causa justa. Al norte de la frontera se venden armas de fuego con extrema facilidad, y algunas de esas armas terminan en manos de delincuentes en México. Además, el fácil acceso a armas es responsable del alto número de masacres en colegios y de homicidios en hogares que ocurren todos los años en Estados Unidos.

Desafortunadamente, la disponibilidad de armas en Estados Unidos, y por extensión en México, no se va a terminar. No importa cuántas reuniones celebre nuestro canciller. Hay, al respecto, una intocable segunda enmienda. Sin embargo, incluso en el remoto caso de que se pudiera hacer algo para evitar que las armas entraran tan fácilmente de Estados Unidos a México, es poco probable que ello redundara en una disminución en nuestros niveles de violencia. Lo único distinto es que tendríamos un mercado multimillonario de tráfico de armas, tal como ocurre en Sudán y otros países africanos que llevan décadas en conflictos civiles. Las ametralladoras Browning, como las que se usaron en los ataques en Culiacán, costarían el doble o el triple. Aun así, nuestros cárteles las seguirían comprando al por mayor. De algo podemos estar seguros: la guerra en México no va a detenerse por falta de parque.

Sin embargo, la verdadera narrativa con la que el gobierno de AMLO busca justificar el fracaso es otra. Se viene cocinando desde hace meses y tiene que ver con la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. Es una narrativa muy útil, pues implica que este gobierno va por una solución de fondo. También implica que el problema, comprensiblemente, tardará años en resolverse. Como ocurre con el tráfico de armas, esta narrativa engañosa se apoya en una premisa cierta y en una causa justa.

Es cierto que México es un país terriblemente desigual. Además, hay estudios serios que demuestran que la desigualdad es uno de los factores que propicia la delincuencia. Sin embargo, esta evidencia se refiere a fenómenos delictivos como los robos y asaltos, el narcomenudeo y la violencia de las pandillas. En las zonas urbanas marginadas, donde la economía formal y las instituciones educativas rechazan a muchos adolescentes y hombres jóvenes, la delincuencia ofrece una de las pocas alternativas para generar ingresos y algún sentido de pertenencia. En las ciudades mexicanas, especialmente en la capital, padecemos desde hace décadas este fenómeno.

Esta delincuencia de los barrios pobres tiene muy poco en común con las milicias criminales de élite que actualmente están destruyendo al país. Tampoco queda claro que “todo esté interconectado” en un “caldo de cultivo criminal” o que exista una misteriosa escalinata delictiva donde el adolescente que inicia robando en el transporte público termine como sicario. Basta con ver las estadísticas que año con año se publican en las encuestas de victimización del INEGI. Simplemente no hay una correlación entre la incidencia delictiva y las ejecuciones y enfrentamientos del crimen organizado.

Es inevitable que el gobierno busque justificaciones y narrativas. Más en estos tiempos de debate público mañanero. Sin embargo, se corre el riesgo de que el mensaje que se prepara para la opinión pública sustituya el verdadero análisis de las causas y, sobre todo, a la construcción de soluciones viables a la crisis de violencia. Esas soluciones ya se han pospuesto demasiados años. Ojalá este gobierno no se compre su propio cuento.

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La Desinformación


Por Jorge Berry (El Financiero)

La imagen que queda grabada en la mente después de una caótica semana en Washington, es la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vociferando esquizofrénico, “No quiero nada, no quiero nada, no hay quid pro quo.” Se refería, por supuesto, al proceso de destitución en su contra que el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes tiene abierto.

Una vez más, Trump miente. Esto es claro con solo leer el contenido de la famosa llamada del 25 de julio entre el presidente de Ucrania, Vlodomyr Zelinskiy, y el propio Trump, en donde, con todas sus letras, Trump solicita a Zelinskiy investigar al ex-vicepresidente de EU Joe Biden y a su hijo Hunter. Además, le pide al ucraniano averiguar detalles sobre una supuesta intervención ucraniana en las elecciones presidenciales de 2016 en EU en apoyo a Hillary Clinton.

Esto último es una versión originada en el Kremlin en 2017, para tratar de desviar la atención sobre la evidente intervención de Rusia en ese proceso, pero, claro, a favor de Trump. Una clásica estrategia de desinformación, en la que el propio Vladimir Putin participó, expresándola públicamente, en una conferencia de prensa en febrero de ese año.

Esta extraña narrativa, a pesar de lo francamente fantástica, se ha vuelto uno de los ejes de la defensa de Trump en las audiencias, y es vigorosamente impulsada por los republicanos. En ese marco, el jueves pasado la Dra. Fiona Hill compareció ante el comité.

La Dra. Hill trabajaba en la Casa Blanca para el Consejo Nacional de Seguridad, y su jefe era John Bolton, recientemente despedido como asesor de seguridad nacional. Ella nació en Inglaterra, pero emigró a Estados Unidos, donde se graduó summa cum laude de Harvard, y lleva años siendo considerada la máxima autoridad sobre Rusia y los países que emergieron con el derrumbe de la Unión Soviética, entre los cuales, por supuesto, está Ucrania. Es, además, autora de la más completa y analítica biografía de Vladimir Putin publicada en occidente.

Abrió su declaración haciendo una aguda crítica a varios legisladores republicanos que impulsan la versión de la intervención ucraniana. Les dijo que, al esparcir esa narrativa falsa, le están haciendo el trabajo a Putin, quien pretende no solo culpar a Ucrania de la intervención que él mismo ordenó, sino también desestabilizar la relación entre Ucrania y EU, que le resulta estorbosa para sus planes expansionistas. En pocas palabras, la Dra. Hill les hizo ver que su desesperada defensa de Trump se contrapone diametralmente a los intereses estratégicos y de seguridad nacional de Estados Unidos.

¿Qué hicieron los republicanos? Empezando con Devin Nunes, el impresentable equivalente gabacho de Mario Delgado, continuaron exactamente con la misma narrativa, aunque tuvieron cuidado de no hacerlo en forma de pregunta, para evitar lo que hubiera sido una lacerante respuesta de Fiona Hill, una mujer que no se intimida ante el poder.

El señor Nunes, además, quedó exhibido, cuando el viernes CNN reportó un viaje de Nunes a Vienna, donde se reunió con ucranianos pro-Rusia a instancias de Rudy Giuliani. CNN obtuvo la información del abogado de Lev Parnas, el socio de Giuliani, quien enfrenta cargos federales por contribuciones ilegales al partido republicano, y quien parece estar dispuesto a soltar la sopa a cambio de inmunidad.

Total, un cochinero. Así como Trump tiene muchas similitudes con el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, los republicanos se comportan de forma muy parecida a los legisladores de Morena. No importa la realidad, ni los intereses nacionales. Lo que importa, es seguir ciega e incondicionalmente al líder, y al diablo con las consecuencias.

Esta semana, aunque los legisladores no sesionan porque el jueves es el día de Acción de Gracias, la información seguirá fluyendo, y aparecerán las primeras encuestas levantadas después de las dramáticas audiencias de destitución. Dependiendo de esos datos, veremos si modifican posturas por lo menos, algunos republicanos. No hay, hasta el momento, nuevas comparecencias programadas.

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La mano de obra en México: Un ente olvidado


En México existe un grave rezago en materia laboral y ningún gobierno ha hecho nada por ello.