Pobreza mental


El #Rapidín por Edel López Olán

En #México la política es negocio, y cualquiera que piense lo contrario se encuentra muy lejos de la realidad de un país con dirigentes que se han favorecido de la necesidad para mantenerse en el poder.

Y es que la pobreza cala y en nuestro país la generación de “riqueza” para una persona que trabaja 8 horas para medio trabajar y las otras 8 horas para medio sobrellevar el día es casi imposible. El nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador rebautizó los programas sociales de antaño y los ha puesto sobre la mesa como una salida “fiable” de la pobreza, una herramienta para el progreso y un sustrato para el repunte económico del país, cuando ello, es completamente incorrecto.

El primer año de gobierno fue catastrófico económicamente hablando, sin embargo, era algo lógico pero innecesario. La creación de un paquete económico 2020 que se enfocaría a generar riqueza e inversión era prioritario para detener la caída libre de un gobierno que no entiende la debacle económica en la que se encuentra.

Pero no fue así. La #terquedad le ganó a la razón.

“Los programas de protección social revisten importancia para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestros datos revelan que solo en los países con un nivel sustancial de cobertura y de beneficios se logra una reducción importante de la pobreza”, afirmó Michal Rutkowski, director superior de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo. Según los datos del informe titulado State of Social Safety Nets 2018 (Estado de las redes de protección social 2018) revela que las redes de protección social —que comprenden transferencias monetarias y en especie, pensiones sociales, obras públicas y programas de comedores escolares destinados específicamente a los hogares pobres y vulnerables— reducen la desigualdad y la brecha de pobreza en alrededor del 45 %, pero sus beneficiarios no saldrán de la pobreza. Estos efectos positivos de las transferencias de protección social se observan en los países de ingreso tanto bajo como mediano; palabra clave: “Ingreso”.

México se encuentra en un cambio de régimen y es válido que las piezas se coloquen sobre el tablero para la permanencia de una ideología, sin embargo, ante una deficiente cultura fiscal (que hoy quiere forzarse de una forma extraña al pequeño y mediano empresario y al público en general) y con un gasto fuera de contexto en la aplicación de programas sociales, nuestro país se encuentra saltando de placa a placa en una balanza que puede romperse por su incapacidad de pago y que detonaría un descontento social de años y años de rezago y que hoy, en un dogmático pensar, vendió un esquema como la solución cuando dista mucho de serlo.

Y es que todos queremos terminar con la pobreza, pero aunque se duro de leer para los adeptos del oficialismo, la administración se encuentra más preocupada por planchar todo para el 2021 que por generar los recursos necesarios a largo plazo. Las cosas se ven muy complicadas, pues más allá de pobres y ricos, de deudores y fiscalizados; más allá de programas sociales y pobreza extrema, más allá de eso, lo que tiene que cambiar es la pobreza mental de un gobierno que, como la #Bartola, piensa que se puede hacer mucho con dos pesos y eso, es #lamentable.

Pobreza mental


El #Rapidín por Edel López Olán

En #México la política es negocio, y cualquiera que piense lo contrario se encuentra muy lejos de la realidad de un país con dirigentes que se han favorecido de la necesidad para mantenerse en el poder.

Y es que la pobreza cala y en nuestro país la generación de “riqueza” para una persona que trabaja 8 horas para medio trabajar y las otras 8 horas para medio sobrellevar el día es casi imposible. El nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador rebautizó los programas sociales de antaño y los ha puesto sobre la mesa como una salida “fiable” de la pobreza, una herramienta para el progreso y un sustrato para el repunte económico del país, cuando ello, es completamente incorrecto.

El primer año de gobierno fue catastrófico económicamente hablando, sin embargo, era algo lógico pero innecesario. La creación de un paquete económico 2020 que se enfocaría a generar riqueza e inversión era prioritario para detener la caída libre de un gobierno que no entiende la debacle económica en la que se encuentra.

Pero no fue así. La #terquedad le ganó a la razón.

“Los programas de protección social revisten importancia para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestros datos revelan que solo en los países con un nivel sustancial de cobertura y de beneficios se logra una reducción importante de la pobreza”, afirmó Michal Rutkowski, director superior de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo. Según los datos del informe titulado State of Social Safety Nets 2018 (Estado de las redes de protección social 2018) revela que las redes de protección social —que comprenden transferencias monetarias y en especie, pensiones sociales, obras públicas y programas de comedores escolares destinados específicamente a los hogares pobres y vulnerables— reducen la desigualdad y la brecha de pobreza en alrededor del 45 %, pero sus beneficiarios no saldrán de la pobreza. Estos efectos positivos de las transferencias de protección social se observan en los países de ingreso tanto bajo como mediano; palabra clave: “Ingreso”.

México se encuentra en un cambio de régimen y es válido que las piezas se coloquen sobre el tablero para la permanencia de una ideología, sin embargo, ante una deficiente cultura fiscal (que hoy quiere forzarse de una forma extraña al pequeño y mediano empresario y al público en general) y con un gasto fuera de contexto en la aplicación de programas sociales, nuestro país se encuentra saltando de placa a placa en una balanza que puede romperse por su incapacidad de pago y que detonaría un descontento social de años y años de rezago y que hoy, en un dogmático pensar, vendió un esquema como la solución cuando dista mucho de serlo.

Y es que todos queremos terminar con la pobreza, pero aunque se duro de leer para los adeptos del oficialismo, la administración se encuentra más preocupada por planchar todo para el 2021 que por generar los recursos necesarios a largo plazo. Las cosas se ven muy complicadas, pues más allá de pobres y ricos, de deudores y fiscalizados; más allá de programas sociales y pobreza extrema, más allá de eso, lo que tiene que cambiar es la pobreza mental de un gobierno que, como la #Bartola, piensa que se puede hacer mucho con dos pesos y eso, es #lamentable.

Año Caliente por Raymundo Riva Palacio


El año arrancó con violencia del crimen organizado. Nada nuevo en el paisaje nacional desde hace dos décadas. Los homicidios dolosos siguen al alza, como ha sido cotidiano desde 2014. Iniciar cada año con crónicas de muerte y zozobra, se ha vuelto normal. No va a cambiar por lo que se refiere a combate a los criminales. El anuncio del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de que habría más unidades de la Guardia Nacional en el país, subraya cuál será la estrategia: desplazamiento, desplazamiento, y más desplazamiento. Pero 2020 no parece que estará dentro de lo cotidiano en materia de seguridad, porque hay dos variables que podrán impactar la realidad mexicana, Genaro García Luna y César Duarte, dos altos exfuncionarios bajo proceso en Estados Unidos.

En la Ciudad de México y en Madrid, deberían estar preocupados. El arsenal de información que tienen podría impactar directamente a dos presidencias, la de Andrés Manuel López Obrador y la de Enrique Peña Nieto, pero no escaparán las de Vicente Fox y Felipe Calderón. Durante las dos últimas décadas el crimen organizado se ha entreverado con las instituciones del Estado mexicano, no sólo en el corpus político en todos sus niveles, sino en el Poder Judicial, ONG’s, empresarios, sacerdotes, sindicalistas, periodistas, abogados y notarios, como decenas de declaraciones de narcotraficantes han mostrado en sus declaraciones ministeriales a lo largo de los años, algunas falsas, algunas ciertas.

García Luna se declaró inocente el viernes pasado al presentarse en la Corte Federal de Brooklyn, lo que significa que dará la pelea en su juicio. El presidente López Obrador cree que es culpable de los delitos de los que lo acusan –trabajar para el Cártel de Sinaloa–, y que declarará contra Calderón. Es una probabilidad, pero hay más. Por ejemplo, en algo cercano a Palacio Nacional, en la presidencia de Fox reclutaron los hermanos Beltrán Leyva a un subordinado del actual secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, quien era responsable de comunicación y logística en Los Pinos, y les proporcionaba la agenda presidencial. Su colaborador fue detenido y liberado poco después porque la entonces PGR excluyó extrañamente del expediente sus conversaciones con Héctor Beltrán Leyva.

En el arranque de este milenio, la Ciudad de México se convirtió en un santuario del crimen organizado, controlado por el Cártel de Sinaloa. La información que podría salir en el eventual juicio de García Luna, es qué, quiénes, cómo, cuándo y dónde se estableció el acuerdo de seguridad e impunidad entre funcionarios del gobierno capitalino que encabezaba López Obrador, con esa organización, que fue creciendo desde la capital, primero con el control de la cocaína y más delante de los precursores químicos de las metanfetaminas. Una parte de lo que están planteando los fiscales en Brooklyn está asociado en tiempo y espacio con aquella época, cuya información, de aflorar, involucra a personas vinculadas actualmente a la administración federal y cuyos nombres aún no son conocidos en México, de acuerdo con declaraciones previas de testigos protegidos de la DEA.

La sociedad política y la sociedad civil, incluidos empresarios, religiosos y periodistas, entre muchos otros, podrían verse sacudidas si las cosas, como dice querer el Presidente, comienzan a fluir en Brooklyn. Mucho le ayudaría también a López Obrador conocer a detalle esa información, para que comprenda que la penetración del narcotráfico trasciende su obsesión con Calderón, a quien la gangrena del crimen organizado, que lo amenazaba a él cuando decidió declararle la guerra al narcotráfico, es la misma que pudrirá las entrañas del gobierno actual. Lo que no se sabe en este momento es si tener una información sin filtros, como podría salir si García Luna decide jugar sus cartas llenas de información durante su juicio, le vaya a resultar incómoda para procesar o meta en contradicciones a su gobierno.

A nivel presidencial, sin embargo, el principal problema lo tiene Peña Nieto, porque el exgobernador de Chihuahua, César Duarte, lleva más de un año hablando con fiscales del Departamento de Justicia. Duarte no ha sido extraditado porque los estadounidenses no han querido. Desde diciembre de 2018 estableció contacto Duarte con la DEA, y le respondió el Departamento de Justicia, instancia superior, que ellos hablarían con él. Estaba en El Paso y se trasladó a Miami, sin saberse con precisión dónde se encuentra en la actualidad. Lo que sí está confirmado es que está aportando datos que presuntamente vinculan al expresidente Peña Nieto con Los Zetas.

La información madre que tiene Duarte tiene que ver con la supuesta conexión del expresidente con Juan Manuel Muñoz Luévano, un empresario mexicano detenido en Madrid en 2016, dentro de una investigación en contra del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien más tarde también fue capturado en España. Moreira fue liberado, mientras que Muñoz Luévano, apodado El Mono, fue acusado por fiscales federales en Texas por lavado de dinero. Agentes federales estadounidenses hablaron varias veces con él en Madrid y el año pasado fue extraditado a Estados Unidos, donde aceptó su culpabilidad ante el juez y se convirtió en testigo protegido de “alto valor”.

De acuerdo con la información proporcionada por Duarte a los fiscales en Estados Unidos, cuando Peña Nieto asumió la Presidencia le pidió que la obra pública estatal se la diera a Muñoz Luévano, propietario del Grupo Matamoros, que operaba una red de gasolineras en Coahuila. Aunque falta información sobre esa presunta entrega de obra pública, la Fiscalía estadounidense le ha dado valor, al no haberlo extraditado y al usar parte por sus declaraciones, se puede conjeturar, en el proceso que están armando contra Peña Nieto y Moreira.

Año caliente el que se vecina y, si los pronósticos son correctos, escandaloso, peligroso y altamente comprometedor para la arquitectura política.

México: Tierra y libertad por Edel López Olán


“Sólo el arte penetra lo que el orgullo, la pasión, la inteligencia y la costumbre erigen por todas partes: las realidades aparentes de este mundo. Existe otra realidad, la verdadera, que perdemos de vista. Esa otra realidad siempre nos está enviando señales, que, sin arte, no podemos recibir.” – Samuel Bellow

¡Ahí vamos de nuevo!

#México es un país que tiene como prerrogativa encontrar cada semana un tema como pretexto perfecto para matarnos unos contra otros. Hoy, el motivo de dicho escarnio es una simple pintura. Si. Una pintura que refleja lo que muchos no quieren ver y pone en evidencia que el arte siempre ha sido arbitrario, hermoso, subversivo.

Pero vamos por partes.

En México Emiliano Zapata es uno de los caudillos más importantes de la historia. Su paso por la #RevoluciónMéxicana, su icónico garbo y las interesantes historias que se entretejen alrededor de él, son suficientes para que muchos movimientos en defensa de los campesinos, lo vean como el más importante símbolo de la lucha y la revolución de las ideas.

En el libro El álbum de Amada Díaz, el escritor Ricardo Orozco reveló que en los diarios de la hija de Porfirio Díaz se dejó constancia de la relación entre Ignacio de la Torre y Mier, yerno del expresidente Porfirio Díaz y Emiliano Zapata. Asimismo, la novela #Zapata, de Pedro Ángel Palou, insinúa también relaciones homosexuales, basados en los testimonios de Manuel Palafox, conocido como “El Ave Negra”, secretario personal de Zapata.

Si. Aunque a muchos les cueste trabajo aceptar la realidad, el general Zapata (como muchos hombres y mujeres que se encontraban en guerra) recurrieron a prácticas homosexuales para “sobrevivir” a las noches eternas de manto gris y frías escalas y eso no tiene nada de malo, porque si somos coherentes, Zapata no ha sido ni será el primer personaje que vive y esconde su homosexualidad hasta la tumba.

Ahora. La disyuntiva a esta problemática viene precisamente del criterio personal de cada persona al observar la pintura. Por un lado, en nuestro país existe una innegable necesidad de burlarse de todo y obviamente los símbolos patrios no iban a salvarse de tan extraña costumbre. Como niños, muchos de nosotros vivimos lejos de los nuevos tiempos de conocimiento excesivo, vivimos (algunos para bien, otros para mal) con el “conocimiento” de las aulas y la “ignorancia” de la realidad, pero algo sí se nos inculcó fue un enorme respeto a los símbolos de una historia que importa, la de la lucha, el sacrificio, el honor, la lealtad al pueblo, la importante, no la que muchos pretenden que se perciba en un falso protagonismo. Y sí…¡Ya sé!…muchos dirán que esa no es la “verdadera historia”, pero si queremos que nuestros hijos y jóvenes vivan queriendo a nuestro país con el arraigo que muchos otros países viven, debemos comenzar por inculcarles un respeto (sin crear deidades) a los símbolos que nos dieron patria y libertad, y no ver la sexualidad como algo tan importante.

Por otro lado. Debemos entender a la familia de Zapata y a todas las organizaciones que tiene como símbolo al “Caudillo del sur” que hoy ven denostado a un familiar (su abuelo) en una imagen que a ellos no les parece correcta y que también (como principio de la famosa empatía que se pide a los grupos LGTB) debemos tratar de entenderlo y asimilarlo más como un problema “personal” en contra del autor que en contra de la misma comunidad #gay que hoy, como el #feminismo, se adorna con batallas que ni siquiera le corresponden, porque al fin y al cabo (lo ha dicho en declaraciones el mismo nieto de Zapata) la lucha no en contra de la comunidad gay, sino al artista en sí y al mismo gobierno de la #4T

En fin, la Revolución Mexicana terminó en 1917 y desde ese tiempo aún existen muchas injusticias en contra de la gente del campo, de sus intereses y su historia. Hoy, las organizaciones campesinas tienen cosas más importantes que luchar por un zapata “joto” o no, que paradójicamente, al hacerlo, van en contra de los principios esenciales de la Revolución Mexicana: Un México progresista y visionario.

México debate y eso es bueno, pero más allá de empatía y movimientos sociales, necesita debatir por cosas realmente importantes, no por un arte que explora la realidad alterna de un individuo que puede ser cualquier historia de cualquier persona de este país y algo qué, aunque nos cueste, debemos respetar.

Hasta la próxima.

México: Tierra y libertad por Edel López Olán


“Sólo el arte penetra lo que el orgullo, la pasión, la inteligencia y la costumbre erigen por todas partes: las realidades aparentes de este mundo. Existe otra realidad, la verdadera, que perdemos de vista. Esa otra realidad siempre nos está enviando señales, que, sin arte, no podemos recibir.” – Samuel Bellow

¡Ahí vamos de nuevo!

#México es un país que tiene como prerrogativa encontrar cada semana un tema como pretexto perfecto para matarnos unos contra otros. Hoy, el motivo de dicho escarnio es una simple pintura. Si. Una pintura que refleja lo que muchos no quieren ver y pone en evidencia que el arte siempre ha sido arbitrario, hermoso, subversivo.

Pero vamos por partes.

En México Emiliano Zapata es uno de los caudillos más importantes de la historia. Su paso por la #RevoluciónMéxicana, su icónico garbo y las interesantes historias que se entretejen alrededor de él, son suficientes para que muchos movimientos en defensa de los campesinos, lo vean como el más importante símbolo de la lucha y la revolución de las ideas.

En el libro El álbum de Amada Díaz, el escritor Ricardo Orozco reveló que en los diarios de la hija de Porfirio Díaz se dejó constancia de la relación entre Ignacio de la Torre y Mier, yerno del expresidente Porfirio Díaz y Emiliano Zapata. Asimismo, la novela #Zapata, de Pedro Ángel Palou, insinúa también relaciones homosexuales, basados en los testimonios de Manuel Palafox, conocido como “El Ave Negra”, secretario personal de Zapata.

Si. Aunque a muchos les cueste trabajo aceptar la realidad, el general Zapata (como muchos hombres y mujeres que se encontraban en guerra) recurrieron a prácticas homosexuales para “sobrevivir” a las noches eternas de manto gris y frías escalas y eso no tiene nada de malo, porque si somos coherentes, Zapata no ha sido ni será el primer personaje que vive y esconde su homosexualidad hasta la tumba.

Ahora. La disyuntiva a esta problemática viene precisamente del criterio personal de cada persona al observar la pintura. Por un lado, en nuestro país existe una innegable necesidad de burlarse de todo y obviamente los símbolos patrios no iban a salvarse de tan extraña costumbre. Como niños, muchos de nosotros vivimos lejos de los nuevos tiempos de conocimiento excesivo, vivimos (algunos para bien, otros para mal) con el “conocimiento” de las aulas y la “ignorancia” de la realidad, pero algo sí se nos inculcó fue un enorme respeto a los símbolos de una historia que importa, la de la lucha, el sacrificio, el honor, la lealtad al pueblo, la importante, no la que muchos pretenden que se perciba en un falso protagonismo. Y sí…¡Ya sé!…muchos dirán que esa no es la “verdadera historia”, pero si queremos que nuestros hijos y jóvenes vivan queriendo a nuestro país con el arraigo que muchos otros países viven, debemos comenzar por inculcarles un respeto (sin crear deidades) a los símbolos que nos dieron patria y libertad, y no ver la sexualidad como algo tan importante.

Por otro lado. Debemos entender a la familia de Zapata y a todas las organizaciones que tiene como símbolo al “Caudillo del sur” que hoy ven denostado a un familiar (su abuelo) en una imagen que a ellos no les parece correcta y que también (como principio de la famosa empatía que se pide a los grupos LGTB) debemos tratar de entenderlo y asimilarlo más como un problema “personal” en contra del autor que en contra de la misma comunidad #gay que hoy, como el #feminismo, se adorna con batallas que ni siquiera le corresponden, porque al fin y al cabo (lo ha dicho en declaraciones el mismo nieto de Zapata) la lucha no en contra de la comunidad gay, sino al artista en sí y al mismo gobierno de la #4T

En fin, la Revolución Mexicana terminó en 1917 y desde ese tiempo aún existen muchas injusticias en contra de la gente del campo, de sus intereses y su historia. Hoy, las organizaciones campesinas tienen cosas más importantes que luchar por un zapata “joto” o no, que paradójicamente, al hacerlo, van en contra de los principios esenciales de la Revolución Mexicana: Un México progresista y visionario.

México debate y eso es bueno, pero más allá de empatía y movimientos sociales, necesita debatir por cosas realmente importantes, no por un arte que explora la realidad alterna de un individuo que puede ser cualquier historia de cualquier persona de este país y algo qué, aunque nos cueste, debemos respetar.

Hasta la próxima.

México ya puso sus ‘líneas rojas’


Por Enrique Quintana (El Financiero)

Hay dos noticias respecto al Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Una buena y una mala.

La buena es que ya conocemos con mayor detalle cuáles son los parámetros de la negociación en esta última fase, y adicionalmente hay consenso en lo que debe hacer el gobierno mexicano.

La mala es que la posición de Estados Unidos en algunos casos es inaceptable, lo que podría poner en serio riesgo la ratificación.

El gobierno mexicano, a través de la Cancillería, reiteró ayer que no aceptará bajo ninguna circunstancia la inspección de plantas o instalaciones por parte de personal estadounidense.

Esta exigencia derivó básicamente de la demanda de los sindicatos norteamericanos que no creyeron que la legislación laboral fuera aplicada en nuestro país y demandaron garantías para asegurar su aplicación.

Ha quedado completamente claro que esta propuesta no va a pasar y en contraste, México reiteró el planteamiento de que los reclamos se resuelvan a través de paneles de expertos.

Otro tema crítico del cual ayer se conoció el completo rechazo fue el relativo a los ajustes en las reglas de origen para el sector del automóvil en materia del uso de aluminio y acero.

La intención de que no sólo el 70 por ciento de estos productos utilizados en la industria provenga de Norteamérica sino que, adicionalmente, el proceso de fundición tenga que realizarse en cualquiera de los tres países firmantes, se ha planteado como inaceptable para México, sobre todo en el caso del aluminio.

Por lo que ayer comentó Marcelo Ebrard la respuesta mexicana a las peticiones por parte de los representantes demócratas y del gobierno norteamericano llegará el día de hoy, si es que no llegó ya desde ayer.

Existe el riesgo de que los demócratas consideren demasiado rígida la posición mexicana y por lo tanto rechacen ratificar el Tratado.

Pese a ello, me parece que el punto de vista del gobierno mexicano tendrá un respaldo completo tanto del sector privado como del conjunto de las fuerzas políticas.

Como aquí le hemos comentado, vale la pena correr el riesgo de que el Tratado no se ratifique hasta la próxima administración, pues su afectación a la economía podría ser de décadas. El tratado que tenemos vigente nos da una red de protección. Sabemos que mientras Trump esté en la Casa Blanca, existirá el riesgo de que eventualmente proponga sacar a Estados Unidos del TLCAN.

Sin embargo, las probabilidades de que esto suceda son bajas en virtud de que representaría un elevado costo electoral para el presidente de Estados Unidos.

Tal vez el día de hoy o a más tardar en el curso de esta semana veremos si los demócratas están en disposición de negociar o si asumen el costo de rechazar el acuerdo.

En esta coyuntura, reitero lo que le decía el viernes pasado.

Si en lugar de insistir, sin fundamentos, en un optimismo ramplón a propósito de la certeza de que el T-MEC se ratificaría, se hubiera planteado la importancia de defender el TLCAN, que nos asegura un posicionamiento privilegiado en el mercado de EU, nuestras ventajas en la negociación serían mayores.

Por lo pronto, ya resultó muy positivo que la posición mexicana sea firmeen no aceptar las presiones de EU, donde se pensó que tomaban al gobierno mexicano mal parado y dispuesto a dar lo que se le demandara.

La trampa del discurso


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Un año después, lo que sostiene al gobierno de Andrés Manuel López Obrador es su palabra. Es poderosa y persuasiva, que sin pudor alguno le permite decir mentiras, aceptar que ha incumplido sus promesas de campaña, y actuar igual en muchos aspectos como los gobiernos del pasado que trata con desprecio, y ser peor, en otros aspectos, que todos ellos. Pero la forma como comunica y la maquinaria detrás de su mensaje para machacar el discurso, ha hecho magia para evitar el colapso de su gobierno, que al cumplir un año es un desastre, en función de los resultados. El teatro montado en Palacio Nacional todas las mañanas le ha permitido la gobernanza. No será sexenalmente eterno, pero por ahora, le ha dado el oxígeno suficiente para mediatizar a millones de mexicanos que no alcanzan a ver las contradicciones de su verbo, y permanecen engañados por su eléctrica personalidad.

Lo que para muchos parece una retórica chocante, para la mayoría, a decir de las encuestas de aprobación presidencial, les sigue pareciendo una realidad. Lo más sorprendente es cómo la contradicción más evidente sigue siendo el engaño más notable para los mexicanos. Se trata de su estribillo retórico del neoliberalismo. Ayer se volvió a referir despectivamente a los “gobiernos neoliberales” de los últimos 36 años. Varios funcionarios en su gobierno fueron parte de ese cambio, pero es secundario. Lo relevante es que el sustento del proyecto de López Obrador es tan neoliberal, o más, que los anteriores: el Presupuesto es el más draconiano de este siglo, y el dogma fiscal es el más riguroso. Se ha endeudado como los gobiernos sobre los que vomita todos los días –500 mil millones de pesos este año, mayor para el próximo–, aunque insiste que eso no sucede.

La mentira diaria es parte del estilo para mantener el consenso. López Obrador es políticamente liberal en el discurso, pero profundamente conservador en los hechos. Su política de transferir recursos directamente a la gente es lo más alejado a una visión progresista y de izquierda. Es el ideal de los neoliberales, donde la reducción del papel del gobierno en la vida diaria es fundamental para el modelo. Milton Friedman, premio Nobel de Economía y padre de la Escuela de Chicago, donde la tecnocracia –que critica López Obrador– fue llevada a un nivel superior, propuso en los 50 el “cupón educativo”, donde, como en los programas sociales actuales, se transfería directamente el dinero a los padres para que escogieran las escuelas de sus hijos. La diferencia es que en aquel modelo había supervisión del gasto; en el del Presidente, no la hay, lo que abre las puertas a la corrupción.

La corrupción, precisamente, es la otra trampa del discurso. El mensaje que amartilla su aparato de propaganda es que la falta de crecimiento y desarrollo estaba totalmente asociada con el dinero que se embolsaban en el viejo régimen, que ha demolido, no resuelve la contradicción de por qué sin ese sistema putrefacto, donde todos robaban, el país está hoy peor que hace un año en términos económicos. Si ya no se roban nada, porque López Obrador aseguró hace unos días que la corrupción se había erradicado, por qué se crece a cero por ciento –de más de 2 por ciento el año pasado–, se desplomó la construcción, aumentó el desempleo, hay menos consumo, la producción industrial disminuyó, y la actividad económica en general viene en retroceso. Si la corrupción se acabó debería haber más dinero. ¿Por qué entonces hay menos? Si se cortó la sangría, ¿por qué los recursos no alcanzan? La duda es si es porque la corrupción continúa o porque la incompetencia del gobierno es de epopeya.

Hay un argumento que permite plantear la hipótesis de que no es sólo por incompetencia, sino por corrupción o desvío de dinero para fines electorales, que se puede discutir a partir de otra actitud regresiva que lo caracteriza, la opacidad. La principal herramienta para combatir la corrupción es la transparencia. La mayor urticaria que tiene López Obrador desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México es la transparencia. Hay un asalto y hostigamiento sistemático a los órganos de transparencia y anticorrupción para ser desacreditados, mientras va remplazando a sus titulares por sus empleados. En el discurso, quienes pueden representar un contrapeso o lo critican, son denunciados como corruptos que reaccionan ante la pérdida de privilegios. La maquinaria propagandística de Palacio Nacional trabaja para martillar el adoctrinamiento.

La forma como está transformando un sistema democrático en uno autoritario ha cambiado la visión romántica que se tenía de él en el mundo, y gradualmente está generando dudas en México sobre su honestidad. Aunque se mantiene su aprobación en el rango de 68 por ciento promedio, todas sus políticas públicas han sido reprobadas. Su personalidad, su magia como comunicador, y la propaganda que lo respalda, muestran desgaste.

Un ejemplo fue el mitin que celebró ayer en el Zócalo, donde todo el gobierno presionó a sus burócratas para que acudieran a celebrarlo. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, habló con los legisladores y operadores políticos en la capital para decirles que tenían que llevar contingentes para mostrar músculo, necesario para que López Obrador proyecte fuerza. Pese al esfuerzo inhibitorio para llevar al mayor número de gente, las autoridades capitalinas estimaron en decenas de miles de personas la asistencia.

López Obrador dijo ante ellos que se ha instaurado una nueva forma de hacer política y un cambio de régimen. La realidad es que no hay una nueva forma de hacer política, ni un nuevo régimen, ni es diferente. Es más de lo mismo y en algunas políticas, peor que antes.