Bukele: ¿Un golpe a la democracia?


Texto original: Roberto Valencia (RT noticias)

Cuatro de cada cinco salvadoreños respalda que el presidente de la República, Nayib Bukele, ingresara el pasado 9 de febrero a rezar en la Asamblea Legislativa, rodeado de militares y policías armados con fusiles de asalto, fotografías que dieron la vuelta al mundo y que la comunidad internacional censuró. Ante la opinión pública de su país, sin embargo, Bukele sale indemne de su golpe autoritario, si no fortalecido.

“Esta encuesta refleja esa frustración y rechazo de la ciudadanía hacia los partidos ARENA (derecha) y FMLN (izquierda). Ese desencanto generalizado sigue favoreciendo al presidente“, dice Óscar Picardo, el director del Centro de Estudios Ciudadanos de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), que este 27 de febrero ha presentado el primer estudio de opinión serio sobre lo ocurrido el 9 de febrero.

Ese día, ante la negativa de la Asamblea –dominada por los partidos ARENA y FMLN– a discutir un préstamo por 109 millones de dólares para financiar sus planes de seguridad, el presidente Bukele congregó a miles de simpatizantes fuera del Congreso, apeló a hacer uso del artículo de la Constitución que avala la insurrección, militarizó el edificio, y tras afirmar que “está muy claro quién tiene el control”, rezó y luego se retiró.

La encuesta de la UFG se realizó entre los días 20 y 24 de febrero, y entrevistó en sus hogares  a 1.475 salvadoreños mayores de edad. Los resultados explicitan un fuerte apoyo al presidente Bukele y a su rol el 9 de febrero.

Casi el 66 % de los encuestados lo califican como “el presidente del pueblo”, frente a un 18,9 % que lo definen como “autoritario”.

El 76 % cree que el préstamo que el presidente Bukele está solicitando agilizar a los diputados sí tiene razón de ser.

Entre el 60 y el 70 % de los encuestados apoya el papel desempeñado el 9 de febrero por los ministros de Defensa y de Seguridad Pública, y por el director de la Policía Nacional Civil.

Y quizá el más sorprendente: ante la pregunta directa de si en términos generales aprueba o desaprueba el actuar del presidente el 9 de febrero, el 50,8 % lo “aprueba totalmente” y el 27,7 % lo “aprueba en parte”, frente a un exiguo 13,4 % que lo “desaprueba totalmente”.

Poco apego por la democracia

Si bien estos datos pueden sorprender fuera de El Salvador, lo cierto es que están en sintonía con lo expresado en el más reciente Latinobarómetro, el publicado en 2018. Los salvadoreños resultaron ser los latinoamericanos que menos apego expresan por la democracia con sistema gobierno, con apenas un 28 %. Una década atrás, en 2009, el respaldo era del 68 %.

“A pesar de que mucha gente apoya a Bukele, el método que ocupó como mecanismo de presión, la forma como se hizo y los elementos simbólicos… creo que sí es para preocuparse“, analiza Picardo.

En el país, las críticas más sonoras hacia el presidente Bukele han provenido de los partidos de oposición, de gremiales empresariales, del periodismo no alineado con el Gobierno, de activistas y de tanques de pensamiento, pero minoritarias. En el ámbito internacional, la incomprensión y la condena han sido más rotundas, incluso desde Estados Unidos.

Me preocupa el ascenso de este tipo peculiar de militarismo articulado en torno a las demandas del presidente. Todo eso genera un caldo de cultivo peligroso

Bukele, de hecho, lanzó una campaña para tratar de contrarrestar el deterioro de su imagen, enviando artículos de opinión al Miami Herald y al The Washington Post. En esas columnas, justifica la presencia de militares fuertemente armados porque “la seguridad de la Asamblea era una preocupación, ya que decenas de miles de salvadoreños estaban fuera pidiendo la remoción total de sus miembros”.

Esta versión ignora que fue el propio Bukele quien desde su cuenta de Twitter convocó a las miles de personas que llegaron a la Asamblea. Y esos artículos, escritos en inglés, no los ha compartido en sus redes sociales.

“La encuesta señala que la gente está aún esperanzada con el Gobierno, pero sobre todo que sigue rechazando todo lo que representa el pasado”, dice Picardo, equiparando pasado al binomio ARENA-FMLN, que gobernó El Salvador entre 1989 y 2019.

El investigador es muy explícito a la hora de señalar la gravedad de los sucesos del 9 de febrero: “Me preocupa el ascenso de este tipo peculiar de militarismo articulado en torno a las demandas del presidente. Todo eso genera un caldo de cultivo peligroso”.

Hablan las oenegés

Distintas oenegés salvadoreñas que trabajan por la consolidación del estado de Derecho cuestionan con dureza al presidente. Nayda Acevedo, directora ejecutiva del Centro para la Promoción de los Derechos Humanos ‘Madeleine Lagadec’, habla de “vicios autoritarios” de Bukele y se muestra sorprendida por el apoyo explicitado en la encuesta: “Sí esperaba cierta reacción de rechazo; me sorprende, en un sentido no grato, saber que hay muchos salvadoreños que respaldan acciones de corte profundamente autoritario”.

Acevedo cree que la salvadoreña aún no es una democracia consolidada, y advierte que es real el riesgo de “retroceder de una democracia imperfecta a un régimen autoritario, porque entre los salvadoreños habita una nostalgia por el autoritarismo”.

Celia Medrano, directora de Programas de Cristosal, una de las oenegés más comprometidas en la defensa de los derechos humanos, se expresa en términos similares: “Es ingenuo creer que la militarización de la Asamblea haya sido un error; su discurso de odio y antisistema ha continuado después sin bajar de tono, buscando no perder adeptos”.

“Muchos seguidores del presidente no conocieron la crudeza del período de represión política previo a la guerra civil ni la propia guerra”, dice Medrano, y reparte culpas de lo que está pasando entre la clase política que gobernó el país durante tres décadas: “El descrédito de los liderazgos políticos tradicionales se acumula a favor de la figura presidencial”.

Pese a estas voces, el presidente Bukele y el partido que ha creado a su medida, Nuevas Ideas, caminan firmes hacia la próxima cita electoral: las elecciones legislativas y municipales de 2021. Esta encuesta de la UFG le otorga más de un 45 % de preferencias, sin que haya otro partido que aglutine siquiera el 5 % de las simpatías.

La cita con las urnas es el 28 de febrero de 2021, y de ahí saldrá la Asamblea que dos meses después sustituirá –presumiblemente– a buena parte de los actuales diputados. Esos son los plazos… si el compromiso del presidente Bukele con la democracia aún es firme.


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